09/08/2026
BENI, ANTE EL DILEMA DE PRODUCIR O CONSERVAR
Por: Juan Jonás Cayú Rossel*
Un hermoso par de paraba común (Ara ararauna), que en las mañanas y las tardes se posa en un viejo tallo hueco de palmera que está en una de las esquinas de la plaza principal de Trinidad, la principal urbe del departamento del Beni, nos saca por un momento del ajetreo citadino, nos muestra lo armonioso de la naturaleza y el valor que representa. Se nos detiene el tiempo observando las coloridas y bulliciosas aves; hasta que nos damos cuenta que estamos en pleno centro urbano y tenemos que seguir la vida.
El pasaje nos sirve para hilvanar algunas ideas sobre nuestra realidad mayor. Ligada a la necesidad de producir y, harto, grandes cantidades, para consumir y generar economía y que todos seamos felices con el excedente. Pero también, nos salta la idea de conservar o por lo menos, respetar nuestros espacios naturales, que es la fuente de las bondades que gozamos todavía, desde el canto de las aves, hasta la garantía de agua para la vida y demás recursos que perviven sin actividad antrópica.
En los últimos tiempos, vuelve con fuerza el debate sobre la necesidad de producir en los campos, eliminar algunos bosques y generar economía, para dejar de ser pobres como región. Es una premisa con sentido lógico; nadie quiere vivir sempiternamente pobre, un gran porcentaje rayando la miseria como en el Africa sudsahariana, que en la actualidad es considerada generalmente como la región más empobrecida del planeta, sufriendo las secuelas del colonialismo, el neocolonialismo, los conflictos étnicos e inestabilidad política. En esta región se ubican los países del planeta con menor índice de desarrollo humano.
La élite política y de poder habla de la llegada del tiempo de cambio, dejar la mala costumbre de la desidia y trabajar, bajo el influjo de la nueva visión de desarrollo, que se explica en la denominada “Agenda del Desarrollo del Bicentenario del Beni 2042”, que luego pasará a ser una política de Estado. En esta mirada para los próximos 15 años, se proyecta lograr un crecimiento sustancial del Producto Percápita, hasta la 8 mil dólares, más del doble de la actual media nacional.
El tema en debate, es que ese logro económico, tiene como base central, la expansión de la frontera agrícola, hasta llegar a transformar en cultivos de granos y pasto alrededor de 7 millones de hectáreas de tierra. En los primeros años, ese boom agrícola se situaría en la zona del cerrado en las provincias Mamoré e Iténez y norte de Yacuma.
Este ambicioso plan, se encuentra, con lo que ganaderos y otros, llaman “tranca” al desarrollo; que es la existencia de límites marcados por la propia naturaleza. Se los identifica como los Sitios Ramsar, que es una zonificación reconocida por el Estado boliviano y convenios internacionales, que tiene actualmente, a 6.920.000 hectáreas del territorio beniano, donde se ubica el complejo de humedales más extensos de Bolivia y del mundo (Río Blanco: Este río es conocido por su complejo de humedales, está en la provincia Iténez; Río Yata: Este río también forma parte de los sitios Ramsar en Bolivia y es conocido por su rica biodiversidad; y Los Grandes Lagos Tectónicos de Exaltación son un área protegida municipal en el departamento de Beni. Es conocida por sus lagos naturales más extensos de la cuenca amazónica).
Este complejo de humedales, busca conservar las ecorregiones singulares y únicas de las sabanas del Beni y el cerrado beniano, preservando la diversidad biológica y el patrimonio de las culturas hidráulicas precolombinas. La crisis climática global, está llevando a una peligrosa época de estiaje, convirtiendo en arenales una gran parte de los Grandes Lagos, por ejemplo.
Con ello, es claro que una intervención masiva de los campos circundantes, traerá consigo serias afectaciones al ecosistema y la biodiversidad local.
ENTONCES ¿QUÉ HACEMOS?
Creemos que las dos visiones son valederas y pueden llevarnos al mismo fin, el desarrollo y anhelado bienestar social y económico. Es justo y necesario que los benianos salgamos del estado de pobreza en la que nos debatimos, con cero industria, completa falta de incentivos para la producción e insuficientes servicios sociales en salud y educación.
Entonces, hay que producir y si el diseño nos lleva a la expansión de frontera agrícola, debemos cuidar de aplicar métodos innovadores, con el menor impacto ambiental y, sobre todo, que no vaya más allá de los márgenes apuntados en el nuevo Plan de Uso de Suelos del Beni (PLUS), que hace 10 años se modificó, pero no se aplica hasta la fecha, porque cada año se deforesta y nos consumen los incendios.
Ahora, entendemos que los Sitios Ramsar, implica restricciones, condiciones; pero en ningún momento prohibiciones para la producción. Entonces, habrá que adecuarse al plan de manejo que tiene cada complejo, para cuidarlo y no hacer tabla rasa; porque estaríamos arruinando la proyección de manejo y desarrollo que tiene cada municipio, donde por cierto, la mayoría hace su plan de desarrollo territorial, fijando el desarrollo turístico como su principal potencial e inversión para las futuras generaciones.
Hay que entender la preocupación de sectores, como el ganadero, que alertó sobre una supuesta ampliación de siete millones a 15 millones de hectáreas de áreas protegidas como Sitio Ramsar. Es una situación que habrá que consensuarlo de manera local, porque la decisión, tampoco puede estar al libre albedrío de las no gubernamentales que buscan la manera fácil del encierro, como una forma de compensar lo que ya destruyeron en los llamados países del “primer mundo”.
Estamos ante el dilema de producir o conservar. Nuestra capacidad resiliente, está en saber amalgamar las dos premisas y darnos una oportunidad de construir un destino digno de vida saludable y con platita en el bolsillo, con capacidad de apoyar la economía nacional, para que pasado los 201 años de fundación de la Patria, allá en Los Andes, se den cuenta que en el Beni está el futuro que empieza hoy.
Trinidad, 09 de agosto de 2026.
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*Es Director de “GRAN BENI MEDIOS”