06/09/2026
La inmolación del capitán Lino Echeverría y sus quince soldados — Fortín Avaroa, 5 de septiembre de 1910
En los primeros años del siglo XX, la disputa entre Bolivia y Perú por las tierras del Acre y el Manuripi derivó en un conflicto armado conocido como la Campaña del Manuripi. En ese escenario de selva cerrada y ríos caudalosos, el capitán chuquisaqueño Lino Echeverría, de apenas 26 años, protagonizó uno de los episodios más dramáticos de la historia militar boliviana.
Al mando de solo 15 hombres, Echeverría sostuvo durante dos meses el Fortín Avaroa, un modesto puesto de madera a orillas del río Manuripi, frente a una guarnición peruana de 150 soldados. Cuando estos le exigieron evacuar el fortín y liberar a sus prisioneros bajo amenaza de ataque, respondió sin vacilar: «Puede usted atacarme cuando guste, estoy dispuesto a recibirle».
En la madrugada del 5 de septiembre de 1910, unas veinte canoas desembarcaron a 150 soldados peruanos y 60 flecheros indígenas chama y campa, apoyados por ametralladoras. Durante diez horas, los quince bolivianos resistieron entre disparos, lluvias de flechas y gritos de guerra, hasta agotar la última munición. Gravemente herido, Echeverría fue trasladado a una habitación mientras el enemigo tomaba el fortín por varios flancos; aun moribundo, alcanzó a empuñar su pi***la y abatir al cacique indígena que arriaba la bandera boliviana, antes de caer bajo los machetes de los atacantes.
De sus quince hombres, cuatro murieron junto a él, cinco fueron apresados y cinco lograron escapar hasta el puesto de Dolores. Solo la selva y el río Manuripi fueron testigos de aquel sacrificio, consumado con lealtad absoluta al deber y a la patria. En 1982, en su honor, el Regimiento de Infantería 29 “Cap. Lino Echeverría”, acantonado en Trinidad, adoptó su nombre como homenaje permanente a los quince héroes de Avaroa.