26/08/2026
: una ruta que necesita hacerse realidad.
No basta con conocer la ruta. También necesitamos las condiciones para poder recorrerla.
Por Lic. Priscila Reyes – Psicóloga
Cuando ocurre un suicidio, el dolor no termina con la muerte de la persona. La familia, la pareja, los amigos, compañeros de curso, docentes y otras personas cercanas pueden quedar profundamente afectados.
Por eso, después de un suicidio existe también una responsabilidad de atención y acompañamiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a las personas afectadas por la muerte de alguien por suicidio como sobrevivientes de una pérdida por suicidio. No se trata solamente de familiares. En el caso de un adolescente, pueden ser también sus compañeros de curso, amigos, pareja y otros adultos significativos.
*¿Por qué debemos atender a los sobrevivientes?*
Una persona puede no presentar una crisis ni tener pensamientos suicidas en el momento en que recibe atención. Sin embargo, una pérdida por suicidio puede dejar una huella emocional que reaparezca posteriormente, especialmente cuando esa persona atraviese otra situación difícil.
Esto no significa que todas las personas que pierden a alguien por suicidio desarrollarán una conducta suicida. Significa que algunas pueden quedar emocionalmente más vulnerables y que no debemos esperar a que aparezca una nueva crisis para acercarnos a ellas
La investigación ha encontrado una asociación entre la exposición al suicidio de una persona cercana y un mayor riesgo posterior de conducta suicida en algunas personas. Por eso, acompañar a los sobrevivientes no es solamente atender el dolor del presente: también es una acción preventiva.
Cuando una persona es escuchada, acompañada y orientada, puede llevar consigo algo importante para el futuro: el recuerdo de que no está sola, que pedir ayuda es posible y que existen personas y servicios a los que puede acudir.
*Lo que estamos haciendo en La Grampa*
Tras conocerse el suicidio de un estudiante de la Unidad Educativa 19 de Marzo, de la comunidad de La Grampa, municipio de Yacuiba, se activó un proceso de acompañamiento dirigido a las personas directamente afectadas.
Desde los primeros momentos se trabajó con la familia, compañeros de curso y personas cercanas al adolescente, mediante espacios de escucha, acompañamiento y primeros auxilios psicológicos.
El trabajo continúa. Está previsto también llegar a los docentes y mantener el seguimiento de aquellas personas que puedan requerir mayor apoyo.
Esta intervención responde a una ruta que no debería depender de la improvisación: identificar a las personas afectadas, escuchar, contener, valorar necesidades, orientar, derivar cuando corresponda y mantener seguimiento.
En definitiva, todo este trabajo tiene un propósito muy concreto: que otra persona que hoy está sufriendo pueda encontrar ayuda antes de llegar al suicidio.
*De la teoría a la realidad*
En salud mental existen conocimientos, recomendaciones y rutas de actuación. Pero conocerlas no siempre significa poder aplicarlas.
Para que una respuesta llegue oportunamente se necesitan profesionales preparados, coordinación, tiempo, logística y una gestión institucional que comprenda que estas situaciones no pueden esperar.
En esta oportunidad, la sensibilidad y voluntad del alcalde del Gobierno Autónomo Municipal de Yacuiba, junto con el acompañamiento de la Secretaría de Desarrollo Humano, permitieron generar las condiciones necesarias para activar oportunamente esta respuesta profesional.
Esto merece ser reconocido porque la prevención también necesita inversión institucional: en capacitación, profesionales, tiempo, coordinación y capacidad de respuesta.
Una ruta que existe solamente en un documento no transforma una realidad. La ruta tiene que poder recorrerse.
*Prevenir hoy pensando en mañana*
La realidad del suicidio nos obliga a mirar más allá del momento de la crisis. La Organización Panamericana de la Salud ha advertido sobre la situación del suicidio entre adolescentes y jóvenes en las Américas y sobre la necesidad de fortalecer las acciones de prevención.
Por eso necesitamos trabajar antes de que aparezca una crisis, durante la crisis y también después de una muerte por suicidio.
La postvención mira a quienes quedan, pero también nos recuerda para qué fortalecemos la prevención: para que una persona que hoy está sufriendo pueda recibir ayuda, sentirse acompañada y tener una oportunidad de atravesar ese momento sin llegar a quitarse la vida.
Después de más de 20 años de ejercicio profesional en nuestra región, y desde mi experiencia actual como psicóloga clínica y forense, además de mi labor como psicóloga de prevención de la violencia contra mujeres, niñas y adolescentes y como parte del equipo del Programa No a las Dr**as, de Defensa Social e Igualdad de Oportunidades, considero que este trabajo debe fortalecerse y sostenerse.
No estamos frente a una meta alcanzada. Estamos frente a una tarea que continúa.
El desafío es que esta experiencia permita fortalecer una respuesta permanente, que pueda convertirse en referente para futuras situaciones y que nos ayude a construir comunidades capaces de reconocer el sufrimiento, acompañar a tiempo y proteger la vida.
Porque no basta con conocer la ruta. También necesitamos las condiciones para poder recorrerla.
Y cuando una persona atraviesa una crisis, el mensaje que debemos lograr que llegue antes que cualquier otro es sencillo:
No estás solo. Hay ayuda. Pedirla es posible.
Lic. Priscila Reyes
Psicóloga clínica y forense
Psicóloga de prevención de la violencia contra mujeres, niñas y adolescentes
Equipo del Programa No a las Dr**as – Defensa Social e Igualdad de Oportunidades
Contacto profesional:
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