01/25/2026
La llamada que ningun padre quiere recibir.
Si vieron nuestras historias de ayer, recordarán que Erick y yo íbamos camino a esquiar cuando recibimos una llamada: Mia había chocado.
El corazón se paraliza, y más cuando estás en un país que no es el tuyo, lejos de tu familia que podría auxiliarte.
Hoy solo sentimos gratitud. Por los amigos que Dios puso en nuestro camino, por los paramédicos, bomberos y policías que no solo hicieron su trabajo de forma impecable, sino que también fueron un apoyo emocional enorme para Mia y para mí.
Ella estaba muy asustada, estaba sola, y ellos la calmaron, la acompañaron y no la dejaron hasta que mi amiga llegó. Incluso uno de ellos habló conmigo por teléfono y me tranquilizó mientras nosotros manejábamos a una hora de distancia, con poca visibilidad y mucha nieve.
Después de días “cálidos”, la nieve se derrite y forma una “pista” de hielo en algunos caminos; luego nieva nuevamente y cubre el hielo, causando derrapes repentinos e inesperados. Mia perdió tracción en una rotonda en bajada, derrapó y terminó impactándose contra un puente. Gracias a Dios, logró maniobrar y evitar la vía rápida; de lo contrario, la historia sería otra.
El café que llevaba salió volando y manchó todo el auto… excepto la Biblia que siempre carga con ella. Ni una sola gota. Dios siempre encuentra formas de decirnos: “Estoy aquí”.
Por la tarde regresamos con galletas y pan para agradecer a los paramédicos y bomberos, y ellos nos invitaron a conocer la estación, cargar mangueras, prender las luces, etc. Son increíbles, de verdad.
Sí, traía llantas de invierno. Sí, iba a la velocidad que debía. Pero esto es Canadá. La nieve y el hielo son parte del día a día y, a veces, el Gran Norte Blanco no perdona a nadie. 🤍