10/20/2025
El sábado 18 de octubre de 2025, el teatro Maja Prentice, en Mississauga, respiraba expectativa. Faltaban quince minutos para que se abriera el telón. No literalmente, como pueden ver. Algunos ya estaban sentados; otros apuraban un café caliente, buscaban los baños para un último “por si acaso” o daban instrucciones a los niños antes de entrar, recordándoles con amor didáctico que lo que verían se parecía a un video de YouTube, pero en pantalla real.
Tras bambalinas, el elenco y el equipo técnico estábamos listos. Nos arrojábamos susurros furtivos con recordatorios, buenos deseos y bromas nerviosas. En la cabina, el equipo de sonido e iluminación revisaba los últimos detalles con optimismo. Nuestro camarógrafo esperaba la señal para grabar sin interrumpir. Afuera, boletería, mesas y voluntarios mantenían todo en orden, con una pulcritud única y sonrisas desarmadoras.
Meses de preparación llegaban a su punto culminante. Y entonces, solo quedaba salir al escenario. Jugar. Cantar. Bailar. Actuar.
Pero, al final, ¿no es eso la vida diaria? Salir a escena, poner la mejor cara, interpretar lo que sentimos, seguir el guion que nos toca o improvisar cuando podemos, o cuando debemos.
A veces la música suena fuerte, a veces ni siquiera suena, y a veces se apagan las luces de sopetón… pero igual seguimos ahí, bailándole y declamándole al destino.
Gracias a todos por compartir, y permitirnos compartir, este pedacito de vida.
"Aunque pueda parecer una paradoja –y las paradojas son siempre cosas peligrosas–, no por ello es menos cierto que la Vida imita al arte mucho más de lo que el Arte imita a la vida." (Oscar Wilde)