El Break del Terror

El Break del Terror Para todos los amantes del terror y suspenso, llega El Break del Terror. Elbreakradioonline.com

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05/28/2026

🎙️Bobby no tiene ni idea de lo que le espera🎙️

05/22/2026

💀El invernadero💀

(El Cuentero)

El invernadero llevaba abandonado más de veinte años. Nadie entraba allí desde que la familia Valdemar desapareció una noche de invierno sin dejar rastros, salvo una vieja llave oxidada encontrada colgando del techo de cristal.

Cuando Daniel aceptó restaurar el lugar para vender la propiedad, creyó que las historias eran simples rumores de pueblo. Hasta que comenzó a escuchar pasos suaves detrás de él.

Siempre eran tres.

Tac…

Tac…

Tac…

Como si alguien caminara descalzo sobre vidrio roto.

La primera noche encontró las puertas abiertas. La segunda, descubrió marcas húmedas de pies alrededor de su cama. La tercera, vio a la mujer.

Estaba inmóvil en medio del invernadero, vestida de blanco, sosteniendo un pequeño reloj de bolsillo que parecía latir como un corazón.

No respiraba.

No parpadeaba.

Solo lo observaba.

Daniel intentó huir, pero la puerta desapareció detrás de él. El lugar comenzó a deformarse lentamente; las plantas mu**tas parecían retorcerse como dedos, y el vidrio del techo dejó caer gotas oscuras, espesas… sangre.

Entonces ella habló.

—¿Ya recuerdas lo que hiciste?

La voz no salió de su boca.

Vino de todas partes.

De las paredes.

Del suelo.

De dentro de su cabeza.

Y entonces recordó.

Años atrás, cuando era niño, había jugado allí con una niña llamada Elisa Valdemar. Una noche, durante una discusión, la encerró por accidente dentro del invernadero. Pensó que alguien la encontraría.

Pero nadie volvió por ella.

La encontraron días después, mu**ta de hambre y frío, abrazando aquel reloj que su madre le había regalado.

Daniel cayó de rodillas mientras las luces explotaban una por una. Elisa sonrió por primera vez.

Una sonrisa imposible.

Demasiado amplia.

Demasiado humana… y al mismo tiempo no.

—Yo esperé sola mucho tiempo —susurró ella acercándose lentamente—. Ahora tú vas a esperar conmigo.

A la mañana siguiente, la policía encontró el invernadero vacío otra vez.

Solo había algo nuevo.

Dos relojes latiendo al mismo tiempo en la oscuridad.

05/21/2026

🎙️Viernes 22 de mayo 🎙️20:00🎙️ en ➡️➡️➡️www.bk16radio.com🎙️

05/20/2026

💀Desempolvamos 13 fantasmas💀

05/14/2026

🎬Desempolvamos 13 Fastasmas🎥

05/13/2026

🎬Barco fantasma🎥

05/12/2026

💀Parásito💀

(El Cuentero)

Desde niña, Lena sentía un peso extraño sobre sus hombros, como si alguien estuviera colgado de su espalda observando el mundo a través de sus ojos.

A veces, le decía a sus padres que sentía como si un mosquito le chupara la sangre de su columna vertebral. Sus padres reían al escuchar las ocurrencias de la pequeña.

Sin embargo, Lena insistió y el asunto se volvió realmente incómodo.

Entonces, decidieron llevarla al médico. Le hicieron muchos exámenes, estuvo de un centro médico al otro, pero, los galenos no encontraron nada, absolutamente nada. Su familia asumió que solo era su imaginación.

Intentaron convencerla para que olvidara el asunto, pero, cada noche, antes de dormir, escuchaba una respiración lenta detrás de ella y lo peor, sentía que algo se clavaba en su espina dorsal y le succionaba su misma esencia.

Así creció Lena y poco a poco se fue acostumbrando, aunque, su tortura era una suerte de viacrusis silencioso. No quería molestar a nadie, no quería preocupar más a sus padres.

Fue así como no tuvo más remedio que fingir que no estaba pasando nada.

En algunas oportunidades pensó en mirarse en el espejo, pero, algo en su mente le decía, con todo amenazante, que no lo hiciera o se arrepentiría.

A los 16 años comenzaron las pesadillas. Soñaba con un ser delgado, de piel oscura y ojos blancos, aferrado a su columna vertebral como un parásito. En el sueño, la criatura le susurraba:

—Tienes un sabor exquisito Lena ¡Dame más!

Durante muchos años así fue; no obstante, Lena se repetía una y otra vez que era su imaginación. Cuando cumplió los 21 se independizó y alquiló un apartaestudio cerca del viejo Longueuil.

Una madrugada, Lena despertó sudando y sintiendo un dolor insoportable en la espalda. Sentía como si algo le rasguñara la piel, como si se le hubiese metido una especie de escarabajo y la estuviese rasgando desde adentro.

En medio de su desesperación tomó valor y corrió al baño, olvidó por completo la consigna amenazante de no mirarse en el espejo, se levantó la camiseta de pijama frente al cristal y entonces… lo vio.

Debajo de la piel se marcaba claramente el rostro de algo que no era humano… se movía con furia desde dentro de su espalda. Lena sintió unas espantosas ganas de vomitar. Comenzó a perder sus fuerzas, las piernas le flaquearon.

Luego, un dolor desgarrador le quebró el cuerpo. Puso las manos en la pared, giró su cabeza para ver mejor su espalda y su sorpresa fue abrumadora cuando vio una boca de insecto abrirse paso por entre sus omóplatos.

Luego, escuchó una risotada macabra y una voz carrasposa que decía su nombre con ironía.

Lena intentó gritar, pero, unas tenazas de cangrejo que salían de su espalda le apretaron con fuerza la garganta; rápidamente perdió el aliento y cayó al suelo.

Las luces comenzaron a parpadear. La voz volvió a sonar, ahora más fuerte e irritante:

—Lena, Lena, Lena… ¡Ya no te necesito querida! Tu sabor no es el mismo de antes ¿A caso no te advertí que no pecaras tan rápido?

Un escupitajo negro y mal oliente se estrelló contra la cara de Lena. Luego volvió a escuchar al engendro:

—¡Qué sucia estás Lena! ¡Mírate ahora! Eras tan inocente, tan dulce ¡Me das asco pequeña cerdita!

La espalda de Lena se abrió bruscamente ocasionándole un dolor espantoso y el resto de lo que parecía una cucaracha humanoide terminó de salir. La sangre recorrió el lugar como si fuese la fuga de agua de una llave abierta.

El parásito se arrastró hasta un rincón y luego, entre sangre y una baba espesa, se puso de pie; lentamente se arrancó la piel podrida que le recubría. Lena, tirada en el suelo y sin poder moverse, miraba atónita la metamorfosis.

El parásito se dio la vuelta, solo para que su víctima descubriera que era ella misma.

La nueva Lena, desnuda, hermosamente desnuda, caminó lenta y sensualmente hacia el espejo. Contempló su desnudez con una sonrisa enferma.

Levantó las manos y palpó sus atributos con alevosía. Era humana, perfecta, hermosa, pecaminosa. Pero, sus ojos ensangrentados y bípedos revelaban su verdadera monstruosidad.

El parásito se giró, vio a Lena, aún con vida, se encorvó como si fuese una tarántula y se acercó a la chica petrificada.

La rodeó lentamente con sus movimientos de insecto y se detuvo en la punta de los pies de Lena, quien sin poderse mover, miraba aterrorizada la espantosa escena.

El parásito, con un movimiento ridículo y a la vez salvaje, abrió una enorme boca llena de dientes afilados y se dio su último bocado. Esta vez, con carne y huesos.

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