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Parte 1:¿Dónde estaba Dios cuando Jesús murió? La impactante verdad bíblica revelada.Cuando el notario leyó que la casa ...
05/06/2026

Parte 1:
¿Dónde estaba Dios cuando Jesús murió? La impactante verdad bíblica revelada.

Cuando el notario leyó que la casa familiar de los Robles no sería para ninguno de los hijos, sino para un desconocido llamado Miguel Salvatierra, nadie gritó al principio. El silencio fue peor que cualquier escándalo. En el comedor grande, bajo los retratos ennegrecidos de los abuelos y el olor a cera de Semana Santa que entraba desde la calle, todos se quedaron inmóviles, como si el mu**to hubiera vuelto a sentarse a la cabecera de la mesa para darles una última bofetada.

Lucía Robles sintió que el vaso de agua temblaba entre sus dedos. Acababan de enterrar a su padre aquella misma mañana, a don Esteban Robles, profesor de teología, hombre respetado en Sevilla, defensor de la familia, de la fe y de las buenas formas. Un hombre que jamás levantaba la voz en público, pero que en casa podía convertir una frase en una sentencia. Durante quince años, Lucía había vivido lejos de él, lejos de aquella casa, lejos del recuerdo de su hermano Daniel, mu**to un Viernes Santo en circunstancias que nadie se atrevía a nombrar.

Y ahora, de pronto, el apellido Robles quedaba humillado por una cláusula escrita con la letra firme de su padre.

—Repita ese nombre —dijo Tomás, el hermano menor, con la mandíbula apretada.

El notario tragó saliva.

—Miguel Salvatierra Aguirre. Según el testamento, recibirá la propiedad de la casa de la calle Pureza, la biblioteca privada, el archivo personal de don Esteban y la capilla anexa. La familia conservará las cuentas bancarias, pero la vivienda principal…

—Esa casa es de mi madre —lo interrumpió Tomás.

Carmen, la viuda, no dijo nada. Estaba sentada con las manos cruzadas sobre el regazo, vestida de negro, la cara pálida y dura como una talla antigua. Miraba el mantel, no al notario. Lucía conocía ese gesto. Su madre no estaba sorprendida. Estaba aterrorizada.

—Mamá —susurró Lucía—. ¿Quién es Miguel Salvatierra?

El nombre cayó entre ellos como un cuchillo.

Carmen levantó la vista despacio. Sus ojos, normalmente secos, estaban llenos de una humedad extraña, antigua.

—Tu padre se lo llevó todo a la tumba —dijo—. Pero no pudo llevarse la culpa.

La segunda parte la puedes encontrar en la sección de comentarios 👇

Parte 1:Lo que Dios le dijo a Lucifer antes de su caída: la última conversación impactante entre Dios y Lucifer.Nadie en...
05/06/2026

Parte 1:
Lo que Dios le dijo a Lucifer antes de su caída: la última conversación impactante entre Dios y Lucifer.

Nadie en el Cielo olvidaría jamás aquella mañana, porque no empezó con truenos, ni con fuego, ni con una guerra. Empezó como empiezan las tragedias dentro de una familia: con una silla vacía, una mirada apartada y una frase que nadie se atrevía a repetir.

En el gran salón de la Luz, donde los coros se reunían como hijos alrededor del Padre, todo estaba preparado para la celebración del séptimo canto. Los ángeles habían pulido los arcos de cristal, las columnas respiraban oro, y sobre la mesa eterna —si es que puede llamarse mesa a aquel círculo de claridad viva— ardían lámparas que no necesitaban aceite. Allí se sentaban los más cercanos: Miguel, firme como una montaña; Gabriel, con los ojos llenos de mensajes; Rafael, sereno como agua curativa; Jeremiel, silencioso y atento; y, junto al lugar más próximo al trono, Lucifer.

Pero aquel día, el asiento de Lucifer estaba vacío.

Al principio, nadie quiso darle importancia. La familia celestial era grande, inmensa, y los hijos del Altísimo iban y venían entre misiones, cantos y misterios. Sin embargo, el Padre no empezó la celebración. Permaneció de pie, con las manos abiertas sobre la luz, como si escuchara un sonido que los demás no podían oír. Y entonces Miguel comprendió que algo estaba mal.

—¿Padre? —preguntó Gabriel con cuidado.

Dios no respondió de inmediato. Miró la silla vacía de Lucifer con una tristeza tan profunda que el salón entero pareció oscurecerse un instante.

Fue entonces cuando apareció.

Lucifer entró sin inclinar la cabeza.

Ese gesto, pequeño para cualquier criatura, fue un terremoto para el Cielo. Porque Lucifer siempre había sido el primero en doblar la rodilla, el primero en sonreír, el primero en cantar. Era el hijo brillante, el hermano admirado, el lucero que guiaba a los coros cuando la creación despertaba en melodías. Su cabello caía como oro líquido sobre sus hombros, sus alas parecían hechas con el amanecer, y su rostro conservaba esa belleza imposible que provocaba silencio incluso entre los inmortales.

Pero sus ojos habían cambiado.

Ya no miraban al Padre como un hijo mira a quien le dio la vida. Miraban como mira alguien que ha empezado a compararse. Como mira quien ya no pregunta “¿cuál es mi propósito?”, sino “¿por qué no puedo ocupar un lugar más alto?”.

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Parte 1:Los 4 ángeles que estarán con Jesús en el Día del Juicio Final.El día en que Inés Alarcón volvió a Las Encinas, ...
05/06/2026

Parte 1:
Los 4 ángeles que estarán con Jesús en el Día del Juicio Final.

El día en que Inés Alarcón volvió a Las Encinas, la casa olía a cera vieja, a sopa recalentada y a mentira familiar guardada durante demasiados años. Habían pasado doce desde la última vez que cruzó aquel portón de hierro negro, doce años desde que su madre apareció mu**ta entre las ruinas de la capilla privada, doce años desde que su padre, don Esteban Alarcón, la miró a los ojos y le dijo que Clara, su madre, se había vuelto loca por leer demasiado la Biblia.

Pero aquella noche, mientras la lluvia golpeaba los cristales como si alguien desde fuera pidiera entrar a puñetazos, Inés comprendió que no había regresado a una casa, sino a un juicio.

La mesa del comedor estaba puesta con la misma vajilla de porcelana que su abuela sacaba en Navidad. Doce platos, aunque solo eran seis personas. Las sillas vacías parecían invitados mu**tos. Su hermano Mateo, impecable en su traje azul oscuro, sonreía con esa calma de abogado que nunca decía la verdad completa. Su cuñada Elena evitaba mirarla. La abuela Rosario rezaba el rosario en silencio, moviendo los labios como si ya supiera que aquella cena acabaría en gritos. Y al fondo, en la cabecera, don Esteban estaba sentado con la espalda recta, la piel pálida y los ojos hundidos, como un rey enfermo que aún se negaba a abandonar el trono.

—Firma —dijo Mateo antes de que sirvieran el segundo plato.

Inés dejó el tenedor sobre el mantel.

—Ni siquiera has esperado al café.

—La casa se vende mañana. Ya está todo hablado.

—No conmigo.

Mateo sacó una carpeta negra y la deslizó sobre la mesa. Dentro había documentos, planos, cifras y una fotografía aérea de Las Encinas marcada en rojo. La capilla, el huerto, el pozo, la cripta familiar: todo estaba señalado para ser derribado.

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Parte 1:¿Qué sucedió cuando Jesús ascendió al cielo? | El misterio jamás contado explicado.La tarde en que enterraron a ...
05/06/2026

Parte 1:
¿Qué sucedió cuando Jesús ascendió al cielo? | El misterio jamás contado explicado.

La tarde en que enterraron a don Gabriel Valcárcel, nadie lloró de verdad hasta que apareció la caja de madera.

Habían pasado apenas tres horas desde que el ataúd descendió a la tierra húmeda del cementerio de San Lorenzo, en un pueblo castellano donde las campanas parecían sonar siempre con resentimiento, como si cada mu**to se llevara consigo una deuda que los vivos no terminaban de pagar. En la casa familiar, una casona antigua de piedra gris, ventanas estrechas y olor a cera apagada, los hijos de Gabriel se reunieron alrededor de la mesa grande del comedor, aquella misma mesa donde durante cuarenta años se habían celebrado bautizos, comuniones, cenas de Navidad y discusiones que nadie se atrevía a recordar en voz alta.

Clara, la hija mayor, permanecía de pie junto a la chimenea, todavía vestida de negro, con las manos temblándole dentro de los guantes. Su hermano Tomás se había sentado sin pedir permiso en el sillón del difunto, como si la muerte de su padre hubiese sido una autorización inmediata para ocupar su lugar. Irene, la menor, miraba el suelo con una expresión entre vergüenza y rabia. Y Daniel, el nieto que había vuelto de Madrid solo por obligación, observaba a todos desde una esquina, convencido de que aquella familia era una casa vieja por fuera y una herida abierta por dentro.

—Antes de hablar de recuerdos —dijo Tomás, golpeando la mesa con dos dedos—, hablemos de lo que importa. El testamento.

Clara cerró los ojos, como si le hubieran escupido sobre el luto.

—Acabamos de enterrar a papá.

—Precisamente —respondió Tomás—. Lo enterramos a él, no sus cuentas. No pienso esperar otros diez años para saber qué escondía.
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Parte 1:El ángel que intentó salvar a Lucifer y se enfrentó a la ira de Dios.En la casa del Padre, la primera desgracia ...
05/06/2026

Parte 1:
El ángel que intentó salvar a Lucifer y se enfrentó a la ira de Dios.

En la casa del Padre, la primera desgracia no sonó como una batalla, sino como una familia rompiéndose por dentro.

Había terminado la guerra del cielo. Las espadas de fuego aún temblaban en las manos de los arcángeles, las columnas de luz seguían abiertas como heridas, y en los grandes patios eternos, donde antes todo era música, flotaba un silencio tan pesado que hasta los serafines parecían haber olvidado cómo respirar. Lucifer había caído. No como cae una estrella hermosa en una noche de verano, sino como cae un hijo expulsado de la mesa familiar, condenado a que su nombre no vuelva a pronunciarse delante del Padre.

Y sin embargo, alguien lo pronunció.

—Lucifer…

La palabra escapó de los labios de Jeremiel apenas como un hilo, pero en el cielo no existen los susurros pequeños. Todo se oye. Todo se pesa. Todo revela el corazón.

Miguel, que estaba junto a él con la armadura manchada por el resplandor de la guerra, giró la cabeza de inmediato. Sus ojos, dorados como metal fundido, no mostraban rabia al principio, sino algo peor: decepción de hermano mayor.

—No digas su nombre —ordenó.

Jeremiel no bajó la mirada. Tenía las alas dobladas, el rostro pálido de luz y las manos temblándole como si acabara de sujetar un cuerpo mu**to. No era miedo lo que lo dominaba. Era duelo. Un duelo prohibido.

A su alrededor, los demás ángeles comenzaron a mirarlo. Algunos con lástima, otros con espanto, otros con esa severidad fría de quienes ya han elegido bando y no toleran que nadie mire hacia atrás. La familia celestial acababa de perder a una parte de sí misma, pero todos fingían que aquello era una purificación, no una mutilación.

—Era nuestro hermano —dijo Jeremiel.

La frase cayó sobre el cielo como una copa rota en mitad de una cena solemne.
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Parte 1:Por qué Dios no puede matar a Lucifer: La razón no contada.Cuando Clara Valdés volvió a la casa familiar después...
05/06/2026

Parte 1:
Por qué Dios no puede matar a Lucifer: La razón no contada.

Cuando Clara Valdés volvió a la casa familiar después de quince años, no encontró duelo, sino guerra.

Su padre yacía en el salón principal, dentro de un ataúd de roble oscuro, bajo el retrato antiguo de la Virgen del Carmen y frente a la misma chimenea donde, de niña, había aprendido a rezar. Afuera llovía sobre los tejados de Toledo con una violencia casi bíblica. Los relámpagos abrían el cielo como heridas blancas, y cada trueno parecía golpear los muros centenarios de la casa Valdés con la furia de una sentencia.

Pero lo que heló la sangre de Clara no fue ver el rostro pálido de su padre.

Fue escuchar a su hermano Mateo decir, delante del cadáver:

—No lloréis tanto. Si alguien mató a papá, fue ella.

El murmullo de los primos, tíos y vecinos se apagó de golpe. Hasta las velas parecieron inclinarse ante aquel veneno. Clara, con el abrigo empapado y una maleta en la mano, se quedó inmóvil en el umbral. Su madre, doña Isabel, no se levantó de la silla. Miraba el ataúd con los ojos secos, como si ya hubiera llorado todo lo que una mujer podía llorar en esta vida.

—Mateo —susurró ella—, no hagas esto hoy.

Pero Mateo ya había cruzado la línea invisible que separa el dolor de la crueldad. Se volvió hacia Clara con una sonrisa rota.

—¿Hoy? ¿Y cuándo, mamá? ¿Cuándo podemos decir la verdad? ¿Cuando la entierres también a ella entre mentiras?

Clara sintió que los ojos de todos se clavaban en su espalda. Hacía quince años que había huido de aquella casa. Quince años desde la noche en que su hermana menor, Lucía, apareció mu**ta en el río. Quince años desde que su padre, don Samuel Valdés, pastor, profesor de teología y hombre respetado en toda la ciudad, la miró con una tristeza tan profunda que Clara prefirió marcharse antes que escuchar lo que él nunca llegó a decirle.

—Yo no maté a nadie —dijo Clara, aunque su voz sonó más débil de lo que quería.

Mateo soltó una carcajada seca.

—No, claro. Tú nunca haces nada. Tú solo te vas. Tú solo callas. Tú solo dejas que los demás se hundan.

En ese instante, la anciana tía Remedios, que hasta entonces rezaba el rosario en una esquina, levantó la cabeza y dijo algo que hizo que hasta la lluvia pareciera detenerse:

—Samuel no murió de un infarto.

La madre de Clara cerró los ojos.

—Remedios, por favor.

Pero la anciana siguió, con una voz fina y afilada como una aguja:
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Parte 1:El Día en que Dios Dejó de Hablar a Israel: 400 Años de SilencioDurante un larguísimo arco temporal de cuatrocie...
04/06/2026

Parte 1:
El Día en que Dios Dejó de Hablar a Israel: 400 Años de Silencio

Durante un larguísimo arco temporal de cuatrocientos años, ningún profeta volvió a surgir en el escenario de la historia de Israel. Ninguna nueva revelación fue registrada en los textos sagrados, ninguna instrucción directa descendió de los cielos para guiar el camino de los hombres, ni ningún mandato extraordinario llegó desde las esferas celestiales para sacudir las conciencias.

El sistema religioso, con toda su compleja maquinaria institucional, su burocracia sagrada y su imponente ritualidad, continuó funcionando día tras día sin interrupciones, pero Dios no se manifestó de forma audible, visible ni extraordinaria. Este intervalo temporal específico representa, sin lugar a dudas, uno de los períodos más incómodos, enigmáticos y profundamente complejos de toda la narrativa bíblica. Demuestra de manera categórica una realidad espiritual desconcertante: es perfectamente posible mantener intacta la estructura exterior de una religión, preservar rigurosamente el rito formal y transmitir la tradición de generación en generación, y, al mismo tiempo, perder por completo la voz viva de Dios.

El Escenario Previo: El Ministerio de Malaquías

El silencio no comenzó de forma repentina o inesperada. Antes de que cayera el telón de la comunicación divina, se registró una última intervención clara e inequívoca en el panorama histórico y espiritual del pueblo elegido. El último profeta del Antiguo Testamento en alzar su voz fue Malaquías.

Su ministerio profético se situó en un momento delicado y crucial:

El retorno del exilio: Tras la dramática experiencia del exilio babilónico, el pueblo había regresado a la Tierra Prometida.

La reconstrucción: Jerusalén había sido repoblada y el templo, antaño destruido por Nabucodonosor, fue reconstruido con esfuerzo.

La decepción: Aunque el culto oficial y el altar de los sacrificios funcionaban legalmente, las expectativas del pueblo eran inmensamente mayores. Esperaban una restauración total del reino davídico y un milagro geopolítico, pero solo encontraron una fe cansada, desgastada por la rutina y desilusionada por las dificultades económicas.

Malaquías se dirigió a un pueblo que obedecía los preceptos de la ley por pura fuerza de inercia. Un sistema que funcionaba con precisión cronométrica, pero que había perdido el sentido profundo de la reverencia, el temor sagrado y el asombro ante lo divino.

La Denuncia Profética y el Cierre del Antiguo Testamento

El libro de Malaquías se abre de forma singular con una afirmación solemne del Altísimo: «Yo os he amado». Esta no era una expresión poética, sino una respuesta defensiva frente a un pueblo que cuestionaba abiertamente el cuidado y la fidelidad del Creador.
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Parte 1:El Misterio de la Serpiente y la PalomaEl viento del mar de Galilea soplaba, trayendo consigo un poco de humedad...
04/06/2026

Parte 1:
El Misterio de la Serpiente y la Paloma

El viento del mar de Galilea soplaba, trayendo consigo un poco de humedad, pero no lo suficiente para disipar la atmósfera cargada de tensión. Doce hombres estaban sentados alrededor de Jesús. Acababan de ser llamados por su nombre, investidos de autoridad para expulsar demonios y sanar enfermos. Por un momento, aquellos pescadores, recaudadores de impuestos y hombres anónimos creyeron estar a punto de embarcarse en la gloriosa campaña de un nuevo reino.

Pero entonces, la voz del Maestro se alzó, serena y afilada como una espada que desnuda la realidad: "No lleven oro, ni plata, ni provisiones, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón. Cuídense, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. El hermano entregará a la muerte al hermano... Serán odiados por todos por causa de mi nombre."

Todos guardaron un silencio sepulcral. Doce hombres con las manos vacías, sin dinero, sin armas, sin siquiera un par de zapatos de repuesto, recibían la orden de marchar directamente hacia las fauces del Imperio Romano y de unas autoridades religiosas que hervían con intenciones asesinas. No era un simple viaje; era una misión suicida.

Y justo en ese instante de máximo terror y desconcierto, Jesús los miró a los ojos y les entregó su único manual de supervivencia, comprimido en la frase más extraña que jamás habían escuchado: "Miren, yo los envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sean astutos como las serpientes y sencillos como las palomas."

Una ola de confusión atravesó las miradas de los discípulos. ¿La serpiente? ¿El enemigo jurado desde los tiempos del Edén? ¿El símbolo del mal, el engaño y el veneno? ¿Por qué el Hijo de Dios tomaría a la criatura más detestada de la tierra como modelo a seguir, poniéndola junto a la paloma, el emblema inmaculado del Espíritu Santo?

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Parte 1:Por qué prosperan los malvados: La asombrosa revelación de Jesús a Santa BrígidaHay una pregunta antigua y terri...
04/06/2026

Parte 1:
Por qué prosperan los malvados: La asombrosa revelación de Jesús a Santa Brígida

Hay una pregunta antigua y terrible que arde incesantemente en el corazón de todo creyente, un interrogante profundo que susurramos con angustia en nuestras noches más oscuras. Al mirar el estado actual del mundo, a menudo percibimos un sentido de injusticia tan visceral y aplastante que hace temblar los cimientos de nuestra alma.

Vemos a hombres cínicos construir imperios financieros sobre mentiras, corrupción y la explotación de los más vulnerables. Viven en mansiones, gozan de una salud envidiable y las multitudes los aplauden como héroes. Mientras tanto, una abuela humilde y devota, que ha rezado el rosario cada día de su vida, vive en la miseria absoluta, sin dinero siquiera para calmar los dolores de su cuerpo enfermo.

¿Por qué prospera el camino de los malvados? Este aparente triunfo del mal sobre el bien es el escándalo más doloroso de la historia humana. Es la misma pregunta que el profeta Jeremías gritó hacia un cielo silencioso.

La audacia de una princesa mística

Santa Brígida de Suecia se encontraba en una posición única para llevar esta dramática pregunta directamente al Salvador. Ella no era una monja aislada en un claustro; era una noble de altísimo rango que había caminado por los círculos más exclusivos de la realeza europea.
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Parte 2:Los 6 niveles de intimidad con Dios: pocos llegan al últimoLlega un momento, y quizá tú también lo has sentido, ...
04/06/2026

Parte 2:
Los 6 niveles de intimidad con Dios: pocos llegan al último

Llega un momento, y quizá tú también lo has sentido, en que las oraciones empiezan a parecer vacías. Las palabras salen de tu boca, pero caen al suelo sin fuerza, sin poder. Lees, ayunas, lo intentas con todo lo que hay dentro de ti, pero el cielo permanece dolorosamente en silencio. Es como si estuvieras extendiendo la mano hacia Dios, pero Él no la estuviera extendiendo hacia ti.

Hay algo que muy pocas personas comprenden de verdad: la intimidad con Dios tiene niveles, etapas y profundidades muy concretas. Y la mayoría de los creyentes se detienen en el nivel dos, tal vez en el nivel tres. No porque les falte fe, sino porque nadie les dijo que había más. Pero quienes persisten y siguen avanzando experimentan algo que lo cambia todo. Sus deseos cambian, sus decisiones cambian, incluso su definición del amor cambia.

Pero antes de descubrir el nivel final, ese que transforma toda tu existencia, debes entender dónde se quedan atrapadas las personas y por qué.

El primer nivel es la conciencia de la existencia de Dios, y normalmente comienza en el silencio más profundo. No el silencio santo, sino ese silencio doloroso e incómodo que aprieta el estómago. Una habitación de hospital, un funeral, una ruptura que destroza el corazón, o un momento tranquilo en la oscuridad densa de la noche. Es en ese instante cuando tu alma susurra que debe existir algo más grande que todo esto.

Y entonces ocurre: la primera chispa de conciencia se enciende dentro de ti. No es una voz audible ni una visión celestial, sino una sensación frágil de que Alguien está ahí. Alguien que ve, que escucha, que es mucho más grande que el caos y más profundo que el dolor.

Este es el primer nivel de intimidad con el Creador: la simple conciencia de que Él existe. Y en ese preciso momento, estés de rodillas o simplemente mirando al techo, comprendes que esta vida no trata solo de ti.

Esta etapa es sutil, pero al mismo tiempo sísmica, poderosa como para sacudir los cimientos de tu alma. Algo cambia radicalmente dentro de ti, aunque todavía no tengas un nombre exacto para ello. Aún no lo llamas Jesús. Aún no lo llamas Espíritu Santo. Pero tu espíritu reconoce claramente algo divino.

Tal vez lo sientes en la naturaleza intacta, en la risa genuina de un niño o en un atardecer que te deja inmóvil. Empiezas a hacer preguntas que antes no te importaban, preguntas que solías ignorar. ¿Por qué estoy aquí? ¿Quién creó todo esto? ¿Hay Alguien ahí fuera que se preocupe por mí?

Dios no responde inmediatamente, o al menos no de la forma que esperas. Y, sin embargo, susurra constantemente a través de momentos, personas y pequeños impulsos silenciosos que sujetan tu corazón cuando el ruido del mundo se desvanece.

Piensa en Moisés antes de la zarza ardiente en el desierto. Él no estaba buscando activamente a Dios en ese momento. Simplemente cuidaba ovejas, viviendo una vida tranquila, quizá huyendo de su pasado. Pero entonces apareció aquel fuego milagroso, no para consumir la zarza, sino para llamarlo por su nombre.

Así funciona el primer nivel de intimidad espiritual. Sigues con tu vida ordinaria cuando, sin previo aviso, la atmósfera a tu alrededor cambia. Todavía no tienes una teología estructurada, y no necesitas una doctrina formal para entenderlo. Simplemente sabes, en lo más profundo, que todo esto no es una coincidencia.

Y de esa certeza interior nace hambre de algo más. Pero aquí está el peligro oculto: para muchas personas, la conciencia puede parecer suficiente. Es reconfortante, incluso mágico, creer que existe un ser divino, y por eso muchos se detienen aquí.

Construyen toda una vida alrededor de creer en Dios sin buscar nunca una relación real con Él. La iglesia se convierte en una casilla que marcar en el calendario, y la oración se transforma en un ritual mecánico. Su fe, aunque genuina, permanece en la superficie: segura, intocable, sin discipulado.

Saben que Dios existe, pero no conocen en absoluto Su voz.

Si aquí es donde estás, si este es tu nivel actual, déjame preguntarte algo. ¿Cuándo fue la última vez que sentiste la presencia real de Dios y no solo la idea de Él? ¿Sabes cosas sobre Él, o caminas verdaderamente junto a Él cada día?

Estas preguntas no buscan avergonzarte, sino despertarte. Porque este primer nivel no es el destino final. Es solo la invitación inicial.

El libro de Romanos dice que, desde la creación del mundo, las cualidades invisibles de Dios se han visto claramente. En otras palabras, la conciencia está entretejida en la propia estructura del universo, pero solo es la puerta. Puedes elegir quedarte en el umbral durante años, o puedes decidir dar un paso adelante.

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