El Espejo de Malleco

El Espejo de Malleco Noticiero de Angol y la Provincia de Malleco, Araucanía, Chile

🇨🇱👍🏻⛅Buenos días Angol, Malleco y el mundo….Inicio de jornada con 7º C,94H.A.-Visibilidad: 20km.Tarde: 20°C.Parcial nubo...
07/11/2025

🇨🇱👍🏻⛅Buenos días Angol, Malleco y el mundo….
Inicio de jornada con 7º C,94H.A.-Visibilidad: 20km.
Tarde: 20°C.Parcial nuboso.
Viento: rachas de 21k/H.
Se recuerda a Ernesto.
Y ocurrió un 7 de noviembre:
1886-Cuba se abole la esclavitud.
1941-El buque hospital soviético Armeniya es hundido por aviones alemanes mientras evacuaba a refugiados, militares heridos y personal de varios hospitales de Crimea. Se estima que más de 5.000 personas murieron en el naufragio.
1963-Alemania Occidental: once mineros son rescatados tras catorce días bajo tierra en el llamado milagro de Lengede.
1970-El púgil argentino Carlos Monzón vence por nocaut en el duodécimo asalto a Nino Benvenuti y se consagra campeón mundial de la categoría mediano. La contienda se celebró en Roma.
2005-Chile, el expresidente peruano Alberto Fujimori es detenido (cuando planeaba regresar al Perú) por orden del Poder Judicial chileno, que emitió un auto de detención en su contra.
Un saludo fraterno de El Espejo de Malleco.

07/11/2025
07/11/2025

EL HUACALERO 🇲🇽

El tiempo pasa, pero deja recuerdos, huellas e historias en la memoria de nuestro país.
Hombres valientes que, pese a la pobreza y el cansancio, siguieron adelante con trabajo, coraje y sueños por cumplir.

En muchos rincones de México existieron los huacaleros: comerciantes que, con ayuda de un mecapal, cargaban en la espalda huacales llenos de frutas, semillas, loza, comales de barro, aves y otros productos de primera necesidad.

Recorrían calles y plazas ofreciendo su mercancía, llevando en cada paso el peso del esfuerzo y la dignidad del trabajo honrado.

📸 Huacalero del Estado de México, hacia 1895.

07/11/2025
06/11/2025

Un inmigrante de 37 años murió sin un centavo en 1889...
pero su invento está en cada zapato que has usado alguna vez.

En 1880, un par de zapatos costaba más de lo que una familia ganaba en una semana.
No porque el cuero fuera caro, ni porque los zapateros fueran codiciosos,
sino por un solo paso imposible de mecanizar:
el “moldeado”, unir la parte superior del zapato con la suela.
Durante siglos, solo los artesanos más hábiles podían hacerlo.
Nadie había logrado construir una máquina capaz de reemplazarlos.

Hasta que un joven inmigrante decidió intentarlo.

Su nombre era Jan Ernst Matzeliger.
Nació en Surinam en 1852, hijo de un padre holandés y una madre surinamesa negra.
A los 19 años viajó en barco y llegó a Lynn, Massachusetts, la capital del calzado en Estados Unidos.
Trabajaba largas jornadas en una fábrica… y observó el cuello de botella que limitaba toda la industria.
Nadie creía que un inmigrante negro pudiera resolverlo.

Después de su turno de 10 horas, estudiaba solo: inglés, dibujo técnico, ingeniería.
Durante seis años construyó, probó, falló…
hasta que el 20 de marzo de 1883 obtuvo la Patente N.º 274,207.
Su máquina funcionaba.
Y cambió el mundo.

Donde un zapatero podía hacer 50 pares por día,
la máquina de Matzeliger producía entre 150 y 700.
Rápida, precisa, incansable.
Los precios del calzado cayeron a la mitad.
Por primera vez, los trabajadores podían comprar zapatos duraderos para ellos y sus hijos.

Pero él no vivió para ver el impacto.
Para producir su invento, tuvo que vender la mayoría de sus derechos a inversionistas.
Ellos se hicieron ricos.
Él no.
Siguió perfeccionando su máquina hasta que la tuberculosis lo venció en 1889.
Tenía 37 años.

Durante más de un siglo, su nombre fue olvidado.
Hasta que en 1991 fue incluido en el Salón Nacional de la Fama de Inventores de EE. UU.

Hoy, cada zapato que usas —cada par de zapatillas, botas o sandalias—
lleva dentro los principios que él imaginó hace más de 135 años.

Matzeliger cambió la historia con ingenio, esfuerzo y fe en lo imposible.
Murió pobre, pero su legado camina con todos nosotros.

👞 Jan Ernst Matzeliger (1852–1889) —
el hombre que puso al mundo sobre sus pies.

Buenos días Angol, Malleco y el mundo, en el Día de la Antártica Chilena.Inicio de jornada con 10º C, 92H.A.-Visibilidad...
06/11/2025

Buenos días Angol, Malleco y el mundo, en el Día de la Antártica Chilena.
Inicio de jornada con 10º C, 92H.A.-Visibilidad: 30km.
Tarde: 18°C. Períodos de lluvia débil en la jornada.
Viento: rachas de 28k/H.
Se recuerda a Leonardo.
Y ocurrió un 6 de noviembre:
1900-Nace Juvencio Valle (Gilberto Co**ha Riffo) en Villa Almagro, provincia de Cautín. Premio Nacional de Literatura 1966.
1913-Mahatma Gandhi es arrestado mientras lidera la marcha de mineros indios en Sudáfrica.
1917-Rusia, la lucha entre los bolcheviques insurrectos y las tropas zaristas rusas se extiende a los puntos estratégicos de San Petersburgo. Comienza la Revolución rusa.
1931-Se funda la Sociedad de Escritores de Chile (SECH)
1965-Muere el teniente de Carabineros Hernán Merino Correa en circunstancias que ni la historia ni el tiempo ni nadie aún ha aclarado en forma total y definitiva. Muere en manos de gendarmes argentinos.
Un saludo fraterno de El Espejo de Malleco.

06/11/2025
06/11/2025

Cuando su esposa murió en la primavera de 1878, Thomas Hale se arrodilló junto a su tumba y juró que ninguna otra mujer criaría a sus hijas. Aquel rancho perdido en las afueras de Wichita se volvió más silencioso, más frío, pero él no se rindió.

Aprendió a trenzar cabellos con manos torpes, a coser botones bajo la luz temblorosa de una linterna, a leer cuentos antes de dormir con la voz cansada y el corazón roto. Los vecinos insistían en que debía volver a casarse, pero Thomas siempre respondía lo mismo:
«Nadie más las querrá como yo».

Trabajaba sin descanso, de sol a sol, y cuando el dinero no alcanzaba, se turnaba entre el rancho y los mataderos. Aun así, cada tarde esperaba junto a la cerca, atento a ver a sus hijas regresar del colegio. No tenía riquezas, pero les regaló algo más valioso: una infancia protegida por el amor inquebrantable de un padre.

Años después, cuando una de ellas se convirtió en maestra y la otra en enfermera, el pueblo entero lo felicitó. Thomas solo sonrió, mirando hacia la colina donde descansaba su esposa, y susurró:
«Lo logramos, amor».

Nunca volvió a casarse. Nunca dejó de ser el guardián de su promesa.
Porque hay amores que no terminan con la muerte, sino que se transforman en fuerza, ternura y constancia.
Y en ese rincón de Kansas, el nombre de Thomas Hale aún se recuerda no por su fortuna, sino por su fidelidad.

06/11/2025

En un tranquilo vecindario de Nueva York en 1898 nació William James Sidis, un niño cuya apariencia serena no revelaba la mente extraordinaria que poseía.
A los 18 meses, ya podía leer el New York Times, sorprendiendo a todos a su alrededor.
Con un padre psicólogo y una madre médica, ambos decididos a nutrir su talento, William creció en un ambiente hecho para la genialidad.

A los 8 años, leía y escribía en varios idiomas — latín, griego, francés y ruso — y creó su propio lenguaje, llamado Vendergood, con gramática incluida.
A los 11 años, fue admitido en Harvard University (tras ser rechazado inicialmente por su corta edad).
Allí dio conferencias sobre matemáticas avanzadas, sentado en una silla que apenas alcanzaba con los pies, y cautivó a sus profesores por su mente brillante.

Su inteligencia parecía sin límites; los periódicos de la época decían que podía aprender un idioma nuevo en un solo día y que hablaba más de 40 lenguas, aunque muchos de esos relatos fueron exageraciones de la prensa sensacionalista.
Lo cierto es que su mente era excepcional, pero también cargó con el peso de las expectativas.

Cansado de la fama y del escrutinio público, Sidis se apartó del mundo académico.
Llevó una vida sencilla, trabajando en oficios modestos y escribiendo bajo seudónimos, mientras buscaba la paz que nunca había tenido.
Murió joven, en 1944, a los 46 años, víctima de una hemorragia cerebral.

Su historia perdura como la de uno de los intelectos más asombrosos de la historia moderna — un recordatorio de que no todos los genios buscan la gloria.
Algunos solo desean la tranquilidad de un libro abierto, mientras el mundo insiste en convertirlos en milagros.

06/11/2025

Era un alumno olvidado en un rincón del aula…
hasta que algo cambió el curso de su vida para siempre. 🌱

En una esquina silenciosa de una clase de primaria, se sentaba Teddy, un niño reservado, con la ropa desgastada y las miradas ausentes.
Su maestra, la señora Thompson, decía amar a todos sus alumnos…
pero, en el fondo, Teddy le resultaba molesto.
Le irritaba su desorden, su distracción, sus malas notas.
Disfrutaba marcando con grandes cruces rojas sus errores y escribiendo “fracaso” al final de cada tarea.

Hasta que un día, algo cambió.

A los profesores se les pidió revisar los expedientes escolares de sus alumnos.
Cuando la señora Thompson abrió el de Teddy, el tiempo pareció detenerse.

📘 Primer grado: “Teddy es un niño brillante, cuidadoso y trabajador.”
📗 Segundo grado: “Es muy querido, pero su madre está gravemente enferma.”
📙 Tercer grado: “Su madre ha muerto… Hace lo posible, pero su padre no le presta atención.”
📒 Cuarto grado: “Está retraído, somnoliento, desmotivado. Ha perdido toda esperanza.”

La maestra sintió una punzada de vergüenza y tristeza.
Había juzgado a un niño sin conocer su historia.

Llegó la Navidad.
Los alumnos trajeron regalos envueltos con papeles brillantes y lazos dorados.
El de Teddy era diferente: un pequeño paquete en una bolsa de supermercado arrugada.
Dentro había un collar con piedras faltantes y un frasco de perfume casi vacío.

Los demás niños se rieron.
Pero la señora Thompson los hizo callar con una sonrisa dulce y dijo:

“Es el regalo más hermoso que he recibido hoy.”

Se puso el collar y se roció un poco del perfume.
Teddy se acercó despacio y susurró:

“Hoy… usted huele como mi mamá.”

Las lágrimas le nublaron la vista.
Aquel instante cambió su vida — y la de Teddy — para siempre.

Desde ese día, la maestra transformó su manera de enseñar.
Dejó de impartir clases con la cabeza y empezó a hacerlo con el corazón.
Teddy, poco a poco, volvió a creer en sí mismo.
Estudiaba, preguntaba, se esforzaba.
Al final del curso, le entregó una nota que decía:

“Usted es la mejor maestra que he tenido.”

Ella respondió con ternura:

“Y tú, Teddy, me has enseñado lo que significa realmente ser maestra.”

Los años pasaron.
Un día, la señora Thompson recibió una carta con un sello universitario.
Dentro había una invitación:

“Invitación a la ceremonia de graduación del Dr. Theodore Stoddard.”

Era su alumno.
Teddy se había convertido en uno de los médicos más reconocidos,
fundador del Centro Stoddard, pionero en tratamientos contra el cáncer.

En la ceremonia, la señora Thompson asistió con el mismo collar gastado
y una gota del mismo perfume,
el perfume del amor de una madre… y de la redención de una maestra.

💔 ¿Cuántos “Teddy” se esconden hoy en nuestras aulas,
esperando que alguien vea su dolor antes de juzgar sus errores?

💫 El niño no siempre fracasa por falta de talento,
sino porque nadie ha mirado su alma con compasión.

06/11/2025

Cuando le conté a mi madre que había ganado un millón de libras por una película, me miró atónita, casi incrédula, y solo preguntó:
—«¿Cuánto cuesta?»
No quería que repitiera la cifra.
Quería comprender.

Porque para una mujer como Ellen, que había crecido entre la pobreza del sur de Londres, un millón no era dinero: era un sueño demasiado enorme para concebir.
Le sonreí con ternura y respondí con palabras que marcaron nuestras vidas:
—«Significa, mamá, que ya no tendrás que trabajar. Nunca más.»

Ellen Frances Marie Burchell había pasado su vida limpiando casas ajenas.
Con las manos resecas por el jabón, la espalda vencida, pero la dignidad intacta.
Durante la guerra, mientras Londres ardía bajo las bombas, corría entre refugios y cocinas para alimentar a sus hijos, Michael y Stanley, casi sin nada.
Siempre repetía:
—«Estudien. Salgan de aquí. No me hagan la vida más dura.»
Y yo se lo había prometido.
Y cumplí.

En los años 60, cuando me convertí en una estrella internacional con Zulu, Alfie y The Ipcress File, llevé conmigo la imagen de esa madre agotada y orgullosa que jamás se rindió.
Le compré una casa.
Le llené los días de calma y de libertad.
La llevaba a las premieres, pero ella seguía siendo la misma: sencilla, callada, incapaz de creer del todo el mundo que su hijo había conquistado.

Murió en 1989, en paz.
Ya no más cansada, ya no más pagando renta, ya no más con las manos en agua helada.
Y yo, ahora Sir Michael Caine, nunca dejé de recordarla.
«Todo lo que soy, se lo debo a mi madre», decía siempre.
Nombré mi productora Burchell Productions, en su honor.

Aquella escena —una cocina modesta, un hijo que habla, una madre que pregunta “¿Cuánto cuesta?” y él que responde “Significa que eres libre, mamá”— lo resume todo.
La distancia entre la pobreza y la abundancia.
Entre el hambre y la gratitud.
Ellen jamás entendió cuánto valía un millón de libras.
Pero comprendió el valor de ser libre.

Fui un ícono del cine, sí.
Pero mi papel más grande nunca fue ante una cámara:
fue el de aquel hijo que cumplió la promesa de un niño pobre y le regaló a su madre lo que ningún premio podrá igualar jamás: la dignidad de descansar.

Relato basado en hechos reales, inspirado en fuentes biográficas y testimonios cercanos.

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