09/01/2026
Sabias que.
Jim Morrison tenía un talismán que terminó convirtiéndose en parte de su leyenda: el famoso cinturón de concho plateado. No era solo un accesorio. Era identidad, ritual y actitud Rock en estado puro. Cada vez que Morrison aparecía con él, el Rey Lagarto estaba listo para invocar su magia.
El cinturón de concho es una pieza tradicional de las culturas indígenas del suroeste de Estados Unidos, especialmente de los pueblos Zuni y Diné (Navajo). Hecho a mano en plata esterlina, este tipo de cinturón era usado con fines ceremoniales y tenía un fuerte significado espiritual. El de Jim estaba compuesto por nueve conchos de plata y una hebilla del mismo material: simple, poderoso y absolutamente inolvidable.
A finales de los años 60, cuando The Doors estaban en la cima del mundo, Morrison adquirió este cinturón a Wayne e Irma Bailey, en Albuquerque. La pieza fue creada por el artesano Joe H. Quintana, y se dice que Jim pagó más de mil dólares por él, una fortuna para la época. No era solo una joya: era una de sus posesiones más queridas, hecha a medida de su aura indomable.
Tras la muerte de Morrison, el destino del cinturón se volvió un misterio digno de su propia mitología. Algunos afirman que fue enterrado con él en París; otros aseguran que terminó en manos del diseñador Yves Saint Laurent. Nada ha sido confirmado. El cinturón desapareció… y con ello, nació la leyenda.
El interés de los fans nunca se apagó. Años después, Cippy, hijo de Joe H. Quintana, comenzó a fabricar una edición limitada del “Cinturón Jim Morrison Concho”, utilizando los mismos sellos que usaba su padre, en un intento por mantener viva la esencia del original. Hoy, coleccionistas y seguidores de The Doors siguen buscando réplicas para recrear ese look que parecía hecho exclusivamente para Jim.
Más que un accesorio, el cinturón de concho fue una extensión del alma de Morrison: salvaje, mística y eterna.