01/06/2026
OPINIÓN | Un gimnasio que se llueve no puede ser normal
Cuando una entrenadora dice que en invierno el gimnasio se llueve y ya no se puede ocupar, no está hablando de una molestia menor. Está hablando de seguridad, de dignidad y de niñas, niños y jóvenes que quieren practicar deporte en condiciones mínimas.
Y eso no puede seguir pareciendo normal.
Porque el deporte no es solo competencia. Es formación, disciplina, salud, encuentro, prevención y comunidad. Cada niño que entra a una cancha, cada niña que aprende básquetbol, vóleibol, fútbol, handball, patinaje, cheerleading, hockey, tenis o cualquier otra disciplina, está ocupando su tiempo en algo que construye futuro. Pero cuando la infraestructura no acompaña, el mensaje que reciben es duro: arréglenselas como puedan.
No se trata de desconocer lo que se ha hecho. Los avances deben valorarse. Los talleres deportivos importan. La conservación del Complejo Deportivo Carlos Salinas Altamirano también es positiva. Toda inversión que mejore recintos, recupere espacios y permita practicar deporte es bienvenida.
Pero valorar no significa conformarse.
El gimnasio techado municipal es un espacio distinto al Complejo Carlos Salinas. Y una conservación, por necesaria que sea, no resuelve por sí sola el problema de fondo. Una conservación mantiene. Un proyecto transforma. Y Los Vilos necesita ambas cosas: mejorar lo urgente y, al mismo tiempo, levantar soluciones definitivas.
Porque no se trata solo del gimnasio. La cancha del Estadio Alberto Arriaza, aledaña al recinto e inaugurada hace poco, también quedó sin poder utilizarse por acumulación de agua. Eso muestra que el problema es más amplio y alcanza a canchas urbanas y rurales que faltan, que requieren mejoramiento o que necesitan techumbre. El deporte no puede seguir pensándose solo para salir del paso.
Que un recinto esté abierto no significa que esté a la altura.
Una cancha puede estar disponible y, al mismo tiempo, volverse riesgosa cuando hay humedad. En el caso del gimnasio, además, el problema no aparece solo en invierno. La propia comunidad del básquetbol ha advertido que en verano la condensación también genera humedad en la cancha, dejando el piso resbaladizo y aumentando el riesgo de accidentes. Es decir, no hablamos de una incomodidad estacional. Hablamos de un recinto que requiere una respuesta seria.
También se entiende que los deportistas pregunten por las prioridades. Sin desmerecer otras inversiones ni enfrentar a una organización con otra, cuesta explicar que mientras se destinan recursos importantes a infraestructura deportiva específica, un recinto utilizado por cientos de niñas, niños, jóvenes y adultos siga esperando mejoras urgentes. La pregunta no es si una inversión merece apoyo. La pregunta es si la comuna está ordenando sus prioridades deportivas con una mirada amplia, justa y de largo plazo.
Esa es la discusión que no debiera perderse.
Mantener lo existente es importante, pero no puede ser el techo de la política deportiva comunal. El Complejo Carlos Salinas tiene una hermosa vista al mar, pero también desafíos pendientes: mitigar el viento, ordenar mejor sus espacios, revisar la cercanía de camarines con la cancha, mejorar y proyectar infraestructura para disciplinas que siguen esperando.
Los Vilos tiene historia deportiva. Hace tres décadas, seis jóvenes vileños inscribieron a la comuna en un Récord Guinness jugando vóleibol playa durante 36 horas y 15 minutos. Esa hazaña todavía debiera recordarnos de qué está hecho el deporte local.
Y el talento no quedó en el pasado. Hoy vemos deportistas que siguen llevando el nombre de Los Vilos más lejos. Ahí está Fernanda Herrera, vicecampeona por equipos en el Mundial de Cheerleading. Ahí están niñas, jóvenes y adultos en distintas disciplinas que entrenan, viajan, compiten, se organizan y representan a la comuna con orgullo.
El problema no es la falta de talento.
Faltan condiciones.
Y una comuna que felicita a sus deportistas cuando ganan también debe preguntarse dónde entrenan, cómo entrenan y qué apoyo real reciben antes de llegar a esos logros. Porque el deporte no se desarrolla solo con saludos, diplomas o fotografías. Se desarrolla con planificación, inversión, gestión y escucha.
Por eso, hablar de un nuevo gimnasio polideportivo municipal no es un capricho. Es una necesidad. Un recinto moderno, techado, seguro, con una cancha multipropósito de buen estándar, comodidad para el público y condiciones para el básquetbol, vóleibol, handball, gimnasia, artes marciales, actividades formativas y también eventos deportivos, culturales y comunitarios bajo techo.
Porque Los Vilos tampoco tiene suficientes espacios cerrados, cómodos y seguros para reunir a la comunidad cuando el clima no acompaña. Un polideportivo no es solo una cancha. Es un punto de encuentro. Es infraestructura social. Es un espacio público para el deporte, la cultura, la recreación y la vida comunitaria.
Un polideportivo de ese estándar no cabe donde hoy está el gimnasio actual. Requiere terreno, diseño, financiamiento y decisión. Justamente por eso hay que empezar ahora, no cuando vuelva a lloverse, no cuando otra cancha quede inutilizable, no cuando otra generación de deportistas vuelva a decir que entrenó durante años en condiciones insuficientes.
Todo gran proyecto empieza alguna vez con una decisión.
Primero se define un terreno. Luego se financia un diseño. Después se buscan recursos regionales, sectoriales, municipales o privados. Ahí hay una oportunidad concreta: el diseño de un nuevo gimnasio polideportivo podría financiarse con recursos del royalty, porque es un proyecto con impacto social, deportivo y comunitario. Si ni siquiera se diseña, nunca estará listo para postular a financiamiento mayor.
Los proyectos no aparecen de la nada. Se preparan.
Hace un par de años, varios compartíamos con entusiasmo la idea de avanzar hacia un nuevo gimnasio polideportivo, mejorar el gimnasio existente con una cancha multipropósito de estándar adecuado y crear una Corporación Municipal de Deportes para ordenar la gestión, apoyar a las organizaciones y atraer recursos. Lo menciono porque el debate actual demuestra que esa preocupación era real y sigue vigente.
Los Vilos necesita pasar del parche al proyecto.
Eso no significa abandonar lo urgente. Al contrario. Hay que reparar lo que se deba reparar. Hay que mantener disponibles los espacios que hoy existen, pero en condiciones seguras. Hay que responder a los deportistas que hoy entrenan ahí. Pero, al mismo tiempo, hay que levantar una solución definitiva y mirar el deporte con horizonte de futuro.
Escuchar a los deportistas debiera ser el punto de partida. Ellos saben dónde se resbala la cancha. Saben cuándo gotea. Saben qué disciplinas quedan fuera. Saben qué horarios faltan. Saben cuándo una reparación sirve y cuándo ya no alcanza.
Una comuna deportiva no se construye desde la oficina solamente. Se construye escuchando a quienes usan los recintos.
Por eso, la conversación debe darse con altura. Hay que valorar los talleres, las conservaciones y cada inversión que mejore algo. Pero también hay que decir con claridad que Los Vilos necesita más. Necesita canchas en mejores condiciones, recintos rurales y urbanos dignos, techumbres donde corresponda e infraestructura para entrenar, competir y recibir público. Necesita pensar el deporte con seriedad, desde el básquetbol y el vóleibol hasta el fútbol, el patinaje, el hockey, el cheerleading, el tenis, el atletismo y otras disciplinas.
Un gimnasio que se llueve no puede ser normal.
Una cancha que queda fuera de uso por acumulación de agua no puede ser normal.
Un deporte que forma personas no puede seguir esperando eternamente por infraestructura.
Los Vilos tiene deportistas. Tiene entrenadores. Tiene dirigentes. Tiene familias que acompañan. Tiene niñas, niños y jóvenes que quieren practicar deporte.
Ahora falta que la infraestructura esté a la altura.