21/05/2026
Por Raigan Nawel
Con más de 30 investigadores provenientes de distintas universidades chilenas, una inversión pública superior a los $6 mil millones de pesos y un plazo de ejecución de cinco años, se anunció la creación del primer especializado en suelos de Chile, iniciativa que será liderada por la (UACh) en .
El denominado Centro de Investigación de Suelos y Funciones Ecosistémicas de Chile (CISFECh) surge como una apuesta científica orientada a estudiar la seguridad del suelo, la sostenibilidad y las funciones ecosistémicas vinculadas a la producción de alimentos, agua, biodiversidad y energía.
Sin embargo, pese a que el anuncio ha sido valorado como un avance relevante para el país, también abrió cuestionamientos desde actores territoriales y especialistas locales respecto al modelo bajo el cual históricamente se ha desarrollado la investigación científica en el sur del continente.
La principal crítica apunta a una lógica que, según diversos actores, continúa repitiéndose: los equipos, las decisiones estratégicas, la administración del conocimiento y los negocios asociados a la investigación siguen concentrándose fuera del territorio, mientras la participación local continúa siendo limitada o derechamente inexistente.
En otras palabras, se investiga en Wallmapu, pero las estructuras de poder científico, financiero y político continúan funcionando desde otros centros urbanos y académicos.
CONOCIMIENTO EXTRAIDO, PARTICIPACIÓN AUSENTE
A simple vista, los suelos de Wallmapu han experimentado profundas transformaciones durante las últimas décadas producto de modelos extractivos impulsados desde el exterior del territorio.
Las industrias forestales, energéticas y pesqueras aparecen frecuentemente asociadas a conflictos territoriales y ambientales donde comunidades locales denuncian imposiciones, ausencia de diálogo diplomático, falta de comprensión cultural y decisiones diseñadas sin participación efectiva de quienes habitan el territorio.
Bajo esa lógica, distintas voces sostienen que también existe una forma de extracción menos visible: la captura del conocimiento territorial. Las universidades, históricamente, han funcionado como centros de recopilación de información, prácticas productivas, biodiversidad, genética, materias primas y saberes locales que posteriormente terminan vinculados a redes privadas, investigaciones internacionales o estructuras económicas ajenas al territorio.
Aunque en los últimos años las instituciones académicas han incorporado políticas de vinculación comunitaria y convivencia territorial, las críticas apuntan a que muchas veces esas relaciones continúan siendo superficiales y sin participación efectiva en la toma de decisiones.
CENTRO CIENTÍFICO, RECURSOS INVOLUCRADOS
El CISFECh fue adjudicado por la (ANID), que destinó $6.089.661.545 pesos para su ejecución durante cinco años.
El proyecto es liderado por la Universidad Austral de Chile, encabezado por la Dra. Susana Valle Toledo, e integra investigadores de distintas universidades nacionales e internacionales.
Entre quienes participan se encuentran las doctoras Claudia Ortiz y Carmen Pizarro, académicas de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), además de investigadores de la Universidad de Chile y otras instituciones asociadas.
Según explicó la Dra. Claudia Ortiz durante el lanzamiento del centro, el objetivo es abordar de manera “integral y multidisciplinaria” el concepto de “seguridad del suelo”, entendido como la protección de un recurso estratégico y finito fundamental para la sostenibilidad de largo plazo.
Dentro del CISFECh, Ortiz liderará la línea de investigación denominada “Suelo como filtro de contaminantes”, en conjunto con especialistas de la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica.
La primera sesión del Consejo Directivo del centro se desarrolló el pasado 27 de abril en la Casa Central de la Universidad de Chile, en Santiago, instancia donde participaron representantes universitarios y del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
Y precisamente ahí emerge otra de las observaciones críticas realizadas desde el territorio: mientras la investigación se desarrollará sobre los suelos de Wallmapu, las estructuras administrativas, científicas y políticas continúan operando centralizadamente.
GRASSLAND ANALYSIS DESDE EL TERRITORIO
Uno de los cuestionamientos más directos provino desde Grassland Analysis, startup local especializada en tratamiento de suelos productivos y sistemas regenerativos del sur del país.
La empresa opera sobre más de 3 mil hectáreas asesoradas y ha desarrollado experiencias aplicadas en Chile, Uruguay, Colombia y Francia, integrando tecnologías, software, análisis de datos y sistemas de pastoreo inteligente orientados a recuperar productividad y sostenibilidad.
Su modelo combina estrategias de medición, registros permanentes, monitoreo y planificación territorial basada en datos reales obtenidos directamente desde los predios. Para Hardy Cárdenas Quichillao, CEO de Grassland Analysis y director de Diario El Ranco, el principal problema no es la existencia del centro científico, sino la desconexión histórica entre investigación académica y aplicación territorial.
“La investigación debe entender las funciones ecosistémicas del suelo e integrarlas en sistemas productivos reales, medibles y trazables en el tiempo”, señala. A juicio del especialista, el gran desafío actual consiste en generar líneas base nacionales o marcos conceptuales y en transformar el conocimiento científico en herramientas concretas para quienes toman decisiones diariamente sobre el territorio.
“Hoy el problema ya está ocurriendo. Los suelos están degradados, los sistemas productivos están bajo presión y los productores toman decisiones todos los días muchas veces sin herramientas que conecten causa y efecto”, advierte.
Desde esa perspectiva, plantea que existe el riesgo de avanzar en estructuras científicas y normativas mientras el territorio continúa funcionando sin sistemas capaces de integrar información práctica, histórica y medible en tiempo real.
INTELIGENCIA TERRITORIAL, INVESTIGACIÓN DESCONECTADA
La discusión abre una dimensión más profunda: el choque entre modelos centralizados de investigación y lo que algunos especialistas comienzan a definir como “inteligencia territorial”.
El concepto apunta a la capacidad de aprender desde el dato real generado en el predio, en la historia productiva, en el comportamiento de los sistemas vivos y en el conocimiento acumulado por quienes habitan y trabajan permanentemente el territorio.
Según esta mirada, ninguna línea base nacional puede reemplazar completamente la información que se construye mediante seguimiento permanente, interpretación local y gestión práctica de los sistemas productivos.
Porque el suelo —advierten— no responde únicamente a teorías académicas, gran parte de las decisiones humanas concretas en sus manejos diarios, prácticas de extracción, relaciones económicas se asocian a relaciones culturales y políticas con el territorio.
DESAFÍO PENDIENTE
La creación del CISFECh aparece como un hito científico relevante para Chile. Pero también expone una discusión de fondo respecto a cómo se produce el conocimiento sobre Wallmapu y quiénes participan realmente de ese proceso.
La interrogante que comienza a instalarse es si el país seguirá construyendo estructuras de investigación donde el territorio únicamente provee datos, muestras y recursos, mientras la planificación estratégica, las decisiones y el capital intelectual continúan centralizados fuera de él.
O si, por el contrario, será capaz de construir un modelo donde el conocimiento local, las experiencias territoriales y las capacidades desarrolladas desde Wallmapu sean consideradas parte central de la investigación científica. “Estamos construyendo ciencia para entender el suelo…o para regenerarlo?” termina diciendo el facultativo mapuche Hardy Cardenas Quichillao