Relatos SalViajes

Relatos SalViajes Viajes salvajes, ahora relatados. Sudamérica descrita desde la perspectiva de Mario Peñas. Se

https://www.youtube.com/watch?v=MI19iKuNeHg;)
06/06/2018

https://www.youtube.com/watch?v=MI19iKuNeHg
;)

Videoclip de la cançó ESTIU de ZOO, presentació del nou projecte musical d'aquest col-lectiu de Gandia dirigit per Toni Sánchez a.k.a Panxo. Lletra: Panxo Mú...

Música del Mundo, Arabia a los instrumentos, India con la voz.
23/03/2018

Música del Mundo, Arabia a los instrumentos, India con la voz.

La chanteuse indienne Kiran Ahluwalia est tombée sous le charme des rythmes et des guitares tamashek puisqu'elle a enregistré 1 titre avec Tinariwen et 2 aut...

19/03/2018
10/03/2018

gettt that money brou

Graaaandes sonidos, sonidos grandes del mundo
18/02/2018

Graaaandes sonidos, sonidos grandes del mundo

All rights belong to Fuga Ronto and Phantom Island. Please contact me to have this removed. The audio is 128kbps - don't bother ripping it. SUPPORT THE ARTIS...

READ THIS OR DIE TRYING: https://relatossalviajes.wordpress.com/2017/01/06/el-autoestop-y-la-region-de-aysen-chile/Esta ...
26/01/2018

READ THIS OR DIE TRYING: https://relatossalviajes.wordpress.com/2017/01/06/el-autoestop-y-la-region-de-aysen-chile/

Esta vez os lo dejo aquí en facebook, que lo disfruteis:

7 de Febrero de 2017 Villa Mañihuales. Carretera Austral

Hola compañeros. Menudo borracho el de las páginas anteriores, eh. Cuantos Marios diferentes, eh. Que bien se escribe cuando se está acompañado, eh. Ya me cagaré de miedo y empezaré a llorar cuando se vaya Will. Ya falta menos para separarnos, apenas dos semanas y todavía queda mucho por recorrer. Pero, respecto al tema importante, no sé qué opinas de cuantos Marios hay, aunque algún día (según la profecía), no muy lejano (eso lo he añadido yo), todos esos Marios serán uno. Come find yourself, dicen. El caso es que cada día, al levantarme, me pica una cosa diferente. Supongo que me compraré esas pinzas para calvos. Lo llamaré el gaaaancho. Sí.

Ayer por la noche, llegamos (de rebote) a este pedazo de sitio. Estamos en una playa. Arena fina bañada por un río precioso. Ambas orillas están repletas de árboles invernales, robustos, altos y resistentes. Es un paisaje típico de la nívea Canadá, sabes. No conozco Canadá. Hay puentes colgantes, como prefabricados, a lo largo del río, por donde los lugareños cruzan hacia sus viviendas. En la orilla opuesta a la nuestra está la carretera Austral, repleta de coches deseosos de llevarnos hasta el siguiente punto. Para explicaros como llegamos aquí he de ir atrás en el tiempo: La imagen pierde nitidez, fluctua como el agua y nos trasladamos al día 2 de Febrero:

Nos fuimos a la ruta prontito. Fue un despertar duro (con resaca) y sin haber dormido mucho, nos levantamos con un temporal a punto de hacer efecto sobre el pueblo. Teníamos un vino de litro y medio que habíamos comprado el día anterior, y no hicimos uso de él, estaba intacto. Por la mañana no nos seducía la idea de cargar con él (y menos de bebérnoslo), así que decidimos deshacernos de él a cambio de un paseo en coche. Buscamos un cartón, encontramos tablón de madera y pusimos: “VINITO POR EL PASEITO” y en su costado pusimos la botella.

No parecía que fuésemos a tener suerte, incluso con el vino. La carretera se había convertido en camino y apenas pasaba algún coche. Solo circulaban todoterrenos lo suficientemente potentes para rodar sobre las piedras. También había autoestopistas listos que se pusieron delante de nosotros en la fila. “There ain´t no peace in the ghetto”. Uno de estos tíos era Julius, un alemán que recién había terminado el instituto (tenía 19 años) y ahí andaba viajando por Sudamérica. Nos explicó que el día anterior había conocido a una pareja de chilenos que hoy salían hacia Puerto Tranquilo. La pareja llegó, nosotros pedimos permiso y nos subimos a la camioneta pick-up más potente en la que he estado. Marcelo conducía como alma que lleva el Dakar en las venas. Fue la ruta más espectacular que habíamos visto hasta el momento. Un buen aperitivo de lo que sería la Carretera Austral. Todo un paseo por el Cretácico, bordeando el lago General Carrera. El paisaje era muy virgen. Aguas cristalinas, animales en su territorio y bosques muy frondosos y húmedos. La naturaleza viviendo su vida. El viaje no fue tan agradable para mí debido a mi estado, resacoso. También porque llevaba un tronco de árbol sobre mi cabeza y tenía que hacer florituras para que no romperme el c**o con todos los trastos de ahí atrás.

Llegamos a nuestro destino, Puerto Tranquilo, y nos encontramos con los grandes de Paabs y María. A Paabs le conozco del barrio, de Madrid, un gran tipo. Allí alguien mencionó la palabra MUS. Todos nos quedamos paralizados unos instantes, volvimos a la realidad y partidoken de Mus [Para los latinos del hemisferio sur, el Mus es un juego de cartas, de origen vasco, “parecido al póker” ya que se juega apostando, aunque es bastante más complejo. Solo se puede jugar entre cuatro personas, ni más ni menos, por parejas, de ahí la parálisis. Por eso y porque es el mejor juego de cartas hasta ahora conocido. Fuente: Ego castellano] Estuvimos con ellos, nos contamos la vida y pronto nos fuimos a dormir. Pasamos una tarde muy agradable y calentita bebiendo café y contando historias, refugiados en el camping, ya que no paró de llover en todo momento. Era una cabaña de madera y por sus ventanas podíamos ver los bosques de los que os he hablado. Al parecer al día siguiente se iban a recorrer un glaciar. Pedazo de aventura. Ellos iban hacia abajo y nosotros hacia arriba, así que pronto nos separamos.

Tan pronto como amaneció. Al día siguiente, en la carretera, como siempre los primeros. Otro punto negro en la ruta donde parecía que íbamos a esperar horas. Y así fue, tanto que nos hicimos amigos de una pareja de israelís. Charlando pasaron las horas, hasta que comenzó el conflicto. En el autoestop hay una regla basada en el respeto al madrugador. No es agradable, para este, si tú llegas más tarde y te pones antes de él. El conductor te levantaría a ti primero, ya que serías el primero en ser visto. Si así lo hace, la piedra que se comerían tus piños, sino estuvieses en un coche de un buen tipo, saldría justamente de las manos del que lleva esperando más tiempo.

Si llegas más tarde, te pones detrás del que está esperando, aunque sea un sitio apartado del pueblo. Normalmente detrás de una rotonda o en una cuesta, allí donde los coches no vayan tan rápido y les dé tiempo a reaccionar y decir: “¡Eh! Ese tipo es un cachondo subámosle a bordo”. Si eres buena onda saludas a tu compañero viajero, le das ánimos, le preguntas por su destino y le pides por favor que si algún carro se detiene y no va a donde él quiere, que por favor, te avise. Si crees que el sitio que nuestro errante individuo ha escogido no es el ideal, pues se lo comentas, y ya si no atiende a razones, pues te desentiendes y haces lo que tú quieras. Hay idiotas en todos lados, también hay mucho hippie subnormal. Hay viajeros que se creen los p**os pioneros de todo y tienen la cabeza llena de películas. El ego les dice que serán recordados, tú simplemente le dices: hasta luego. Y adiós con el p**o Sal Paradise de los cojones.
Ahora ya, teniendo estos conceptos claros, podemos continuar. Como he dicho, comenzó el conflicto. Cuatro chilenas llegaron y se plantaron delante de nosotros. Cuando ya llevábamos 2 o 3 horas esperando. Fuimos a hablar con ellas, a cantarles las cuarenta, diez por cabeza, supongo. No atendían a razones, así que nos pusimos delante.

La tarde había llegado al pueblo, salió el Sol por primera vez en el día. Nos pusimos a jugar al hacky. Un perro listo nos lo robó y estuve un buen rato persiguiéndole. En un momento de confusión las chilenas pararon un camión. Nosotros maldiciendo las mirábamos con rabia. El camión, con el remolque descubierto donde iban las susodichas, seguía parado, por lo que fuimos a probar suerte. El dueño nos mandó para arriba, a nosotros, Will, la pareja de israelís y yo. La cara de las chilenas era un poema. Tener que compartir viaje con tu enemigo cuando ya se vislumbraba la victoria… y lo más importante, nuestra derrota. Tuvimos que hacernos amiguitos, aunque todavía se respiraba tensión. El camión arrancó. Más tarde, ya a medio camino, subió una señora colombiana de sesenta años, por lo menos. Viajaba con su carpa y poco más, una vieja muy sabia. Solo nos llevaron 24 kilómetros más adelante, pero por esos caminos de tierra tardamos una hora en recorrerlos. Llegamos a un cruce, una intersección donde solo había un puesto de comida, como de feria, era muy pequeño. En él trabajaban dos chilenas guapas, que nos esperaban como las mujeres de los marineros cuando estos llegan a puerto. Vendían completos (hot dog chileno con aguacate o palta para ellos).

No había mucho que hacer, y seguían sin pasar muchos coches. Alguien tenía una pequeña pelota, nos miramos unos a otros y fue como… arreglemos nuestras diferencias. Echamos un partido de fútbol, cuatro contra cuatro. Ganamos. Fue una dulce y sabrosa venganza. (Ahora es cuando tú y yo amigo lector, nos guiñamos el ojo entre dimensiones). Todos lo pasamos muy bien. Era tarde por lo que decidimos poner la tienda. Preguntamos al dueño de una casa cercana, si podíamos acampar en su terreno. Aceptó y así procedimos.
Al día siguiente estuvimos esperando hasta las cuatro de la tarde. Hicimos de todo, desde tirar piedras a las señales (a ver quién acertaba), hasta conocer a nuevos mochileros que llegaban, veían la situación (una cola de 15 viajeros), y acojonados se iban por donde habían venido.

Me dio tiempo a terminarme “Nacidos para correr” un libro de Christopher McDougall. En él nos dice que nosotros, los Homo Sapiens, estamos hechos para correr, imposible de descifrar con ese título. Al parecer, en el pasado, matábamos a nuestras presas persiguiéndolas hasta que se asfixiaban por el calor. Nosotros, con nuestra potente tecnología llamada regulación de la temperatura corporal, no necesitamos descansar para eliminar el calor de nuestro cuerpo, este sale por nuestros poros en forma de sudor. Los reyes de la resistencia. Los animales miraban hacia atrás como diciendo, “¡Su madre! Que pesados, no se cansan”. Y no digo más porque si no al que van a perseguir es a mí, por spoiler. Mejor volver a nuestra historia.
Las chilenas habían cogido un coche que iba a Bahía Murta el día anterior, el otro destino de la intersección. Y de allí es de donde vino el camión que nos recogió a todos, ellas iban ya en él claro. Las saludamos entre risas y nos subimos. Con nosotros iban unos israelís que buscaban un restaurante que tenía por allí un compatriota suyo. Si no recuerdo mal, se decía que el tío había visto a Dios, y este le había dicho que abriera un restaurante Israelí allí, en el c**o del mundo. Vaya bromas se gasta este Dios. El caso es que llegamos a ser 18 personas en el remolque.

Llegamos a Cerro Castillo, nos despedimos de la pareja con la que viajábamos y nos fuimos al camping. Al día siguiente desayunamos huevos fritos y nos dispusimos a subir el cerro Castillo, imponente montaña (se llaman así el pueblo y la montaña, supongo que estaba antes la montaña que el pueblo). Me sentí súper bien subiendo, muy en forma. Fue espectacular y la vista al final merecía todo esfuerzo. Sabía que estaba hecho para correr.

El cerro Castillo es una montaña impresionante, con forma de piragua, ¿sí? Pues no, con forma de castillo. Con sus cumbres nevadas, las torres del castillo, gobierna las alturas. Arriba hay una laguna. Allí descansamos cuando alcanzamos nuestro objetivo. Will se echó una buena siesta, yo estuve leyendo a Buckowski y su “Máquina de follar”.
Acampamos un poco más alejados de la laguna, donde pudimos cubrirnos por el viento. Dormimos entre glaciares. Nos dimos cuenta de ello al recordarlo por la mañana. Mientras descansábamos, un estruendo nos hizo abrir los ojos. Sonó como si un tremendo bloque de hielo se hubiera desprendido no muy lejos de nosotros. Un bonito recuerdo.
Por la mañana, volvimos a la ruta. Nos llevó una autocaravana. Viajamos muy tranquilamente, leyendo en los sofás. Nos dirigíamos a Coyhaique, la “capital” de la Carretera Austral, la ciudad más grande de por allí. Hicimos unas compras. Por ejemplo, yo me fui a comprar pegamento para cerrar el agujero que se había formado en cada una de mis botas. Se había separado la suela del resto. No sé si me durarán hasta el final del viaje, están teniendo mucho trabajo desde que dejé las deportivas en Valparaíso.

Parecía que íbamos a dormir allí pero nos levantaron dos coches de forma muy seguida. La última fue una madre enfermera muy graciosa que nos trajo hasta aquí. Anoche hicimos un buen fuego, comimos arroz al curry y de postre bocata de chocolate fundido.

Esta mañana, mientras dormíamos, ha pasado un coche por el puente, desde el que alguien ha gritado: “¡Despierten gringos vagos! Ahora dentro de poco nos asearemos en el río, lo contaminaremos con nuestros cuerpos radiactivos y nos iremos a la ruta. Y bueno, solo me falta decir que este espacio ha estado por Tinariwen, es la última moda.

Saludos.

19/01/2018

Dirección

Puerto Aisén

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Relatos SalViajes publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría