10/07/2019
SECTOR PUENTE.
EL BARRIO QUE NACIÓ GRACIAS A LA INDUSTRIA DEL CAÑAMO.
El Siglo XX puede ser definido como el periodo de conquista de los denominados “Derechos Sociales”. Uno de estas reivindicaciones tenía relación con los temas laborales, tanto por los horarios como por las excesivas cargas que debían enfrentar los asalariados, especialmente durante la primera parte de este periodo.
Además, uno de los derechos que comenzó a tomar fuerza fue el de la propiedad. En el caso de los trabajadores, una de las principales reivindicaciones tenía relación con el sueño de conseguir la “casa propia”, algo nuevo en la época y un área en la que el Estado estaba incursionando tímidamente.
Es por eso que las empresas tomaron la “batuta”, entregando las primeras poblaciones para sus empleados. Sin embargo, solo podían ser usadas mientras se desempeñaban al interior de la industria, no siendo propietarios de ellas. En San Felipe, la industria del cañamo era importante. En la comuna habían dos procesadoras: “La Nacional”, que funcionaba donde hoy se encuentra la “Villa 250 años” y Duncan & Fox Company, conocida en la zona como “Duncan Fox”. Esta última fue la primera en crear una conjunto habitacional para sus trabajadores, pero sólo para su uso, sin entregar la propiedad.
Sin embargo, con el paso de los años y los lamentables terremotos que afectan a nuestro país cada cierto tiempo, cambiaron el panorama para cientos de familias sanfelipeñas, muchas de las cuales se desempeñaban en la industria del cañamo.
TERREMOTO DEL 65 Y EL
SUEÑO DE LA CASA PROPIA
El 28 de marzo de 1965, se produjo un gran terremoto en la zona central de Chile. El movimiento telúrico de 7,4 grados tuvo epicentro en la Ligua, pero en el Valle del Aconcagua tuvo devastadores efectos, porque en la época, la mayoría de las viviendas eran de adobe, material que no posee la misma resistencia que los actuales.
En San Felipe, una de las zonas que fue más afectadas fue la llamada, Avenida Puente (actual Manso de Velasco). Manuel Fernández fue uno de los afectados por este terremoto. Él con apenas 16 años, vivía junto a su familia en este sector y vio como esta emergencia fue la oportunidad para que cientos de personas consiguieran el anhelo de la casa propia.
“Yo me crié y casi nací acá en el sector Puente. Me acuerdo que el terremoto del año 1965 dejó muy pocas casas de adobe en pie. Por eso fuimos a hablar a “La Nacional” y le compramos todas las casas que estaban derrumbadas, nos juntamos, eramos 25 socios y limpiamos todo. Formamos la Cooperativa “El Puente”. Costó un mundo y dividimos el terreno para 25 socios, pero al principio eramos más de 25, pero el entusiasmo bajó y se empezaron a ir, porque no creyeron nunca. Incluso tuvimos que rogar a algunos para hacer los 25 socios”.
Con mucho esfuerzo, los pobladores comenzaron a limpiar el terreno, que en ese momento se encontraba con escombros del terremoto y además en la parte posterior existía un frondoso bosque, que llegaba hasta la desaparecidas línea férrea que unía San Felipe con Putaendo. Todos esos terrenos pertenecían a “La Nacional” y al ver los trabajos, muchos empleados de esa industria del cáñamo comenzaron a ver la posibilidad de también iniciar la construcción de casas para ellos.
“Al ver que la fábrica nos vendió el terreno y nosotros comenzamos a trabajar en el lugar, se formó una cooperativa de los trabajadores de “La Nacional” y pidieron a la empresa les diera el resto de terreno que había sobrado y que actualmente es la Población Julián Gumiel. Ese conjunto lleva ese nombre, porque fue ese gerente que les dio todo el apoyo y todas las facilidades a los trabajadores para hacer esta población y en su honor le pusieron su nombre”, señaló Manuel Fernández.
Nicolás Fredes es otro conocido vecino del Barrio Puente, quien agregó que: “El grupo de “La Nacional” eran trabajadores que se desempeñaban en la industria del cáñamo, que fabricaban muchos productos para barcos como cuerdas y arpilleras, también las alpargatas y sacos. La mayoría de la gente que llegó a este sector trabajaba ahí y al ver que se formó la cooperativa Puente, ellos formaron su propia organización y la llamaron “Cooperativa Julián Gumiel”. Como le pasó a “Puente”, ellos partieron como 60, pero quedaron solo 32 al final, debido a que no creyeron y empezaron con problemas, porque en verdad en esa época, muchos de los obreros eran analfabetos”.
Finalmente Julián Gumiel, Gerente de “La Nacional”, dona los terrenos a sus trabajadores, provocando la alegría de los miembros de la cooperativa, quienes hasta ese momento nunca habían tenido su casa propia. Sin embargo el trabajo no iba a ser nada fácil para ellos, debido a lo dificultoso del terreno que habían recibido.
“El terreno era un monte, lleno de zarzamoras y bosques tupidos. También habían acequias y puntos de convergencia del agua. Tuvieron que hacer un gran trabajo, a puro ñeque sacar los árboles, destroncar y limpiar para construir las casas. Esta cooperativa de trabajadores se acogió a las leyes de la época, a la Corvi como se llamaba y se genera todo el tema para que se puedan edificar las casas”, señaló Nicolás Fredes.
Incluso la segunda cooperativa tomó la ventaja y comenzaron antes los trabajos que los de “El Puente”: “Nosotros como “Puente” iniciamos esto, pero la Julián Gumiel salió primero. Ellos tuvieron el gran apoyo de la empresa y del Estado. Nosotros en cambio solo tuvimos que hacer las casas con nuestros recursos y contratamos a un constructor de apellido Bejerano de acá de San Felipe y nos construyó las 25 casas. Y la Corvi, la Julián Gumiel, que eran 32 casas”, contó Manuel Fernández.
Cerca del año 1968 y tras varios años de lucha, los vecinos de la Julián Gumiel y posteriormente los del “Puente” comenzaron a poblar las casas., Recuerdan que las calles eran de tierra, no tenían cierres, ni plazas ni nada parecido a un equipamiento con que vienen las actuales poblaciones entregadas por el Estado.
DUNCAN FOX Y
“LA NACIONAL”
La Fábrica de Cáñamo de San Felipe era una gran industria en los años 50 y 60. La conocida “Duncan Fox” ya había iniciado décadas atrás la construcción de una población para sus trabajadores. Sin embargo, las casas le seguían perteneciendo a la empresa y ellos determinaban quienes las podían usar. Algo muy utilizado en esa época, tal como sucedió por ejemplo en La Calera con la Población Cemento Melón.
La aparición de las fibras sintéticas y la prohibición del uso del cañamo afectaron fuertemente a la industria. Fue por eso que esta empresa quebró, sin embargo, antes de que sus bienes salieran a remate, los dueños de la empresa hicieron algo sorprendente: “Los directivos tomaron la decisión de venderle a los trabajadores las casas que estaban ocupando, pero la cifra no era elevada y muy por debajo de lo que costaban. Lo hicieron para que esas casas no entraran al patrimonio de la industria para el remate”, relató Fernández.
Pese a la creación de estos tres conjuntos habitacionales, igualmente seguía el grave problema de la falta de viviendas. Al ver el surgimiento de estas iniciativas, un grupo de trabajadores de la empresa “La Nacional” y que habían abandonado la primera cooperativa formada por los empleados de esa industria, decidieron formar una nueva cooperativa.
“Estas personas abandonaron las cooperativas y luego quisieron reintegrarse, pero ya no se podía. Muchos de ellos, que eran trabajadores de “La Nacional”, vivían en unas casas de la empresa que eran de adobe y que estaban en Calle Ducó, porque la empresa estaba donde hoy se sitúa la Villa 250 años. Ahí tenían agua y luz, pero no alcantarillado. Por eso ellos pidieron un terreno que estaba al otro lado de la línea del tren, pero que era mucho más chico y las casas también lo fueron. Además como vieron que resultó, el interés por participar fue mayor”, aseguró Nicolás Fredes.
Una de las cosas destacables fue -a juicio de los entrevistados- la gran labor realizada por los dirigentes sociales de la época. “había dirigentes muy esforzados y que pese a tener muy pocos estudios dejaron todo para que se lograra el sueño de tener una casa propia. En el Gobierno Militar la cosa se paró, pero después del 90 se comenzó a reagrupar la gente y se siguieron realizando iniciativas para mejorar el barrio y en eso estamos, con mucho trabajo”, sostuvo Fredes.
Manuel Fernández agregó que: “Nosotros en “Puente” tuvimos un gran dirigente llamado Marco Echeverría, que le decían “Potrito Gómez”, porque andaba en todos lados y gracias a su esfuerzo y el de muchos otros, nosotros ahora podemos tener nuestra casa. También doña Guacolda de Lazcano, quien es la dueña del servicentro que está acá al lado y pese a no tener nada que ver con el tema, ayudó a organizar a la gente, porque era más letrada. Además doña Ana Maldonado, quien aún vive en el barrio”.
Actualmente y con el paso de los años, quedan muy pocos de los primeros habitantes de estos sectores. Sin embargo, los nuevos residentes, muchos de los cuales son hijos o los nietos de los fundadores, siguen trabajando para mantener la identidad del barrio. El sector “Puente” sigue vivo y con ganas de seguir creciendo.
Texto por: Alejandro Pacheco Guzman