29/08/2026
𝗟𝗔 𝗣𝗥𝗘𝗖𝗜𝗢𝗦𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗧𝗜𝗗𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗦𝗔𝗡𝗧𝗢𝗦
Salmo 116:15, “Estimada (preciosa) es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”.
La muerte de los santos no es una tragedia, sino una transición gloriosa hacia la presencia eterna de Dios. Aunque la muerte produce dolor en quienes permanecen, para el creyente representa el cumplimiento de las promesas divinas. La Escritura enseña que es “estimada” (preciosa) para el Señor, porque Él recibe en sus brazos a quienes fueron fieles hasta el final. Pablo afirmó: «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Filipenses 1:21), recordándonos que la muerte no es derrota, sino coronación. Dios no ve la partida del justo como pérdida, sino como regreso a casa. Cada santo que parte entra en la plenitud de la vida celestial, donde no existe aflicción, oscuridad ni pecado, solo el gozo perfecto de estar con Cristo.
Cuando un hijo de Dios deja este mundo, su fe se vuelve vista y su esperanza se convierte en realidad eterna. El Señor promete descanso para los que mueren en Él: «Bienaventurados… (porque) descansarán de sus trabajos» (Apocalipsis 14:13). Las luchas, dolores y lágrimas que marcaron su peregrinaje quedan atrás para siempre. Mientras la familia de la fe llora su ausencia, el cielo celebra su llegada. Nada de lo que vivió el santo en obediencia y amor queda olvidado; Dios honra la fidelidad de aquellos que caminaron con Él. Por eso, aunque duela la separación, sabemos que no ha sido vencido por la muerte, sino recibido en gloria.
La partida de nuestra Hermana Elba Gajardo y de los santos también es un llamado para los vivos: nos recuerda que somos peregrinos y que nuestra ciudadanía real está en los cielos. Cada despedida impulsa a vivir con mayor santidad, fidelidad y esperanza, sabiendo que un día nos reuniremos en la presencia del Señor. La muerte del justo ilumina nuestro camino, recordándonos que la eternidad es real y que Cristo ha preparado un lugar para los suyos.
𝗢𝗿𝗲𝗺𝗼𝘀: Padre Eterno, gracias por la esperanza gloriosa que das a Tus hijos. Consuela nuestros corazones cuando despedimos a los santos y fortalécenos para vivir con la mirada puesta en la eternidad. En el nombre de Jesús, amén.
𝗥𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼́𝗻 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹: La muerte del santo no es el fin, sino el amanecer o despertar eterno en la presencia de Dios.
IGLESIA METODISTA INDEPENDIENTE (CHILE), Meditación Bíblica Devocional SELAH - "Medita en esto"