18/09/2025
🕊️ Reflexión sobre la verdadera santidad
En muchas ocasiones, la santidad ha sido reducida a un conjunto de reglas externas, normas y apariencias. Sin embargo, desde una perspectiva bíblica y vivida en la fe, la santidad es mucho más profunda: es ser apartados para Dios, vivir en comunión con Él y reflejar su carácter en nuestra vida diaria.
Ser santos significa estar “apartados para un uso honroso” (2 Timoteo 2:21). Así como los utensilios del templo eran dedicados exclusivamente para el servicio de Dios, nuestras vidas son consagradas para ser instrumentos en Sus manos. No es solo lo que dejamos de hacer, ni cómo nos vemos por fuera, sino lo que Dios hace en nosotros por dentro.
La verdadera santidad no se trata de restringirnos, sino de transformarnos. No es un uniforme de reglas, es un vestido de pureza interior tejido por el Espíritu Santo. Es vivir de tal manera que, donde estemos, otros puedan ver en nosotros el reflejo de Cristo.
La santidad es un llamado a la entrega total: oración constante, lectura de la Palabra, ayuno, servicio al prójimo y una vida separada del pecado. Esta santidad no es un fin en sí mismo, sino una respuesta de amor y gratitud a Aquel que nos salvó.
Recordemos: Dios no nos pide apariencia, nos pide obediencia y comunión. La santidad es un privilegio que nos acerca a su presencia y nos hace partícipes de su gloria.
“Sed santos, porque Yo soy santo” (1 Pedro 1:16) no es un mandato frío, sino una invitación amorosa a vivir en la plenitud de su gracia.