15/07/2026
: Cómo convertir el agua amarga en dulce
Fue un día de primavera, hace 29 años, cuando un agricultor de Xihaigu —una de las regiones más áridas y pobres del noroeste de China— realizaba con inquietud, pero también con sinceridad, los preparativos para recibir a unos invitados que venían de lejos.
Durante décadas, la familia de Ding Guizhi, al igual que otras de la región, había dependido del agua de lluvia amarga, recogida y almacenada en bodegas, como principal fuente de agua potable. Preocupada por que los visitantes no estuvieran acostumbrados a su sabor desagradable, añadió discretamente una cucharada de azúcar a su té, un pequeño gesto con el que esperaba que su humilde hogar resultara más acogedor.
En aquel momento, Ding no sabía que uno de sus invitados era Xi Jinping, entonces vicesecretario del Partido en la provincia de Fujian, en el este de China, y jefe del grupo líder de Fujian para la ayuda solidaria a la región autónoma de la etnia Hui de Ningxia, en el noroeste.
La visita se convertiría más tarde en una anécdota memorable del viaje inaugural de Xi a Ningxia en el ejercicio de ese cargo. Durante varios días, recorrió extensamente la región para reunirse cara a cara con familias empobrecidas y comprender la realidad de sus condiciones de vida.
La precaria situación de los hogares locales, con paredes desnudas y agua de sabor amargo, conmovió profundamente a Xi, a pesar de que ya había experimentado de primera mano la pobreza rural durante sus primeros años en la vecina provincia de Shaanxi.
«Me impactó profundamente que, tras tantos años de reforma y apertura en China, todavía hubiera lugares tan pobres y en los que fuera tan difícil vivir», recordó más tarde.