26/05/2020
El petróleo, es la materia prima motor de la economía barrameja; por el cual el municipio ha sido nombrado “Capital Petrolera de Colombia”. En consecuencia, se han desencadenado ciertas situaciones que pasan desapercibidas entre la cotidianidad. Barrios como el rosario, o en un inicio el parnaso que fueron fundados como vivienda exclusiva para trabajadores de Ecopetrol, hoy día siguen siendo referentes de superioridad económica frente al resto de habitantes que viven en lugares más alejados de la refinería. Por ejemplo, expresiones como “por ti, iría al arenal con una cadena de oro”, demuestran que los sectores demarcados con una situación económica específica, no son un secreto para los barramejos. No obstante, las diferencias en algunas ocasiones no son tan notorias, debido a la “burbuja” en la que muchos crecen; tanto en las partes más favorecidas, como en las que no tanto.
En esta situación de aislamiento, han ocurrido sucesos en los cuales podemos observar con más profundidad lo mencionado anteriormente. Por lo tanto me tomo la libertad de relatar lo que he vivido en este tiempo, y como llegué a tener la idea de compartirlo. Llevaba dos días en la casa de mis abuelos en el barrio La Floresta, y me encontraba un lunes por la tarde, realizando los deberes que se me habían asignado durante las respectivas clases de ese día; de repente escucho un estruendoso ruido proveniente de la esquina de la cuadra, mi abuela y todos los vecinos salieron a revisar qué pasaba. Era la policía que pedía alguna contribución para la entrega de mercados a quienes se han visto afectados de manera grave durante este tiempo de mínimo movimiento en la economía. Todos ayudaron con frijoles, arroz, atún y demás. Al otro día, a eso de las ocho de la mañana pasó una señora vendiendo dulces para poder alimentar a sus pequeños, a las once pasó un joven quién pedía para el almuerzo “así sean cien pesitos, me sirven muchacha”, y así sucesivamente; todos los días pasan alrededor de seis o siete personas exponiendo sus situaciones con notable desespero, sin embargo, es casi imposible ayudar a absolutamente todo quien necesite una mano. Luego de un mes, vine a visitar a mis padres, quienes viven en el barrio Cristo Rey; para el fin de semana de las madres, me esperaba ver el mismo escenario que hacía unas semanas donde mis abuelos; sin embargo, para mi sorpresa no pasó una sola persona en tres días. Ni siquiera vendiendo arepas, o dulces, nadie pedía nada. Le comenté mi inquietud a mi mamá, a lo cual, ella respondió: “ay mami, es que usted es afortunada y ha vivido en un ambiente en el que a veces es difícil pero nunca le ha faltado la comida, o el techo. Pero en estos barrios, hay vecinos que se acuestan con hambre, y son esos mismos que saludamos en la tienda”. Esas palabras me han retumbado la mente varios días. Pero, lo que más me cuesta creer, es que esta diferencia económica tan grande, se desarrolla en dos barrios que están separados por diez minutos a pie. Así como yo, pienso que hay varios jóvenes que no conocen del todo lo que sucede en Barrancabermeja. Me pareció que compartir mi experiencia ayudaría a que comencemos a preguntarnos: ¿estamos dentro o fuera de la burbuja del petróleo?
Angélica Julio Beltrán 11°