14/03/2026
Algunos de los presidentes, senadores y dirigentes políticos en Colombia han tenido altos niveles de formación académica: maestrías, algunas excepciones doctorados y estudios en prestigiosas universidades del país y del exterior. En teoría, esa formación debería traducirse en mejores decisiones públicas, instituciones más fuertes y mayor bienestar para la sociedad.
Pero la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es inevitable: ¿dónde están los resultados?
¿Dónde se reflejan esos títulos cuando miramos la realidad de millones de colombianos que siguen viviendo en la pobreza, cuando vemos comunidades sin acceso digno a la educación, la salud o el empleo, cuando el campo continúa abandonado y cuando las brechas sociales siguen creciendo?
Con alta formación académica: Desde el año 2000, más de 130 congresistas colombianos han sido condenados por la justicia, y decenas de altos funcionarios del Estado también han terminado procesados o en prisión, lo que evidencia que la corrupción ha sido un problema estructural en la política del país. Andrés Felipe Arias, doctor en economía y exministro de Agricultura, terminó en prisión por el escándalo de Agro Ingreso Seguro. Un recordatorio de que los títulos académicos no siempre garantizan ética ni buen gobierno.
Los títulos académicos son valiosos, pero no garantizan sensibilidad social ni compromiso con el país real. Colombia necesita algo más que hojas de vida llenas de diplomas.
Necesitamos líderes con procesos sociales, personas que conozcan de primera mano las necesidades del pueblo. Líderes que hayan caminado los territorios, que hayan escuchado a las comunidades y que entiendan, desde la experiencia, las dificultades que enfrentan millones de colombianos.
Líderes que sepan lo que significa pasar hambre, lo que es perder a un ser querido en medio de la violencia, lo duro que es trabajar la tierra para sacarla adelante, o lo difícil que puede ser vivir siendo discriminado, excluido o ignorado por el poder.
Colombia necesita líderes que no gobiernen desde la distancia ni desde la comodidad del privilegio, sino desde la comprensión profunda de las realidades del país. Líderes que conviertan el poder en una herramienta para transformar la vida de la gente, reducir las desigualdades y construir un país más justo.
Porque gobernar no debería ser solo un ejercicio de conocimiento académico, sino sobre todo un acto de compromiso con la dignidad y el bienestar del pueblo.
Sigame para más reflexiones y análisis político Aristóbulo M.