09/01/2026
Cuando los incas llegaron al altiplano andino, Pumapunku ya estaba en ruinas. No lo reclamaron como propio ni intentaron reconstruirlo. Por el contrario, afirmaban que esa construcción pertenecía a “los antiguos”. Esta idea no nace de teorías modernas ni de internet. fue registrada por cronistas españoles del siglo XVI, quienes dejaron constancia de que los pueblos locales decían no haberlo construido y no conocer su verdadero origen.
Lo verdaderamente inquietante es que Pumapunku no parece una obra primitiva ni simbólica. Los bloques más complejos están hechos de andesita, una roca ígnea con una dureza cercana a 7 en la escala de Mohs. Para ponerlo en contexto, es una dureza comparable al cuarzo. Golpear una roca así con un cincel de cobre o piedra no la corta, la fractura de forma irregular o directamente despedaza la herramienta. Incluso hoy, trabajar ese material exige discos diamantados, máquinas de alta presión, medición constante y sistemas de enfriamiento para evitar errores o microfracturas.
Y aun así, en Pumapunku encontramos cortes rectos sin margen de error, ángulos perfectamente definidos, superficies planas que encajan entre sí con precisión milimétrica y canales internos simétricos que parecen haber sido diseñados con planos previos. No hay señales de ensayo y error. No hay improvisación. Todo sugiere control absoluto del proceso.
Las famosas piezas en forma de “H” refuerzan esta incómoda conclusión. No son únicas ni decorativas. Son prácticamente idénticas entre sí, siguen un patrón estandarizado y parecen haber sido diseñadas como parte de un sistema modular. Algunas incluso están unidas mediante grapas metálicas vertidas en estado líquido dentro de ranuras talladas con exactitud. Esto implica conocimiento metalúrgico, planificación previa y una comprensión avanzada de materiales. No es el trabajo de una cultura descubriendo cómo construir, es el de alguien que ya sabe exactamente lo que está haciendo.
¿cómo se desplazaron estos bloques colosales? Algunos pesan varias toneladas y fueron transportados desde canteras ubicadas a kilómetros de distancia, atravesando terreno irregular y a más de 3.800 metros de altitud. La explicación oficial habla de fuerza humana, cuerdas y rodillos. Pero esa respuesta evita el problema real, mover piedra es una cosa; moverla con esa precisión, sin romperla y encajándola como si fuera un rompecabezas tridimensional, es otra muy distinta.
La versión aceptada atribuye Pumapunku a la cultura Tiwanaku, activa entre los siglos V y XI. Sin embargo, incluso dentro de la arqueología se reconoce que este sector no encaja del todo con el resto del complejo. Parece haber sido desmantelado o destruido intencionalmente, y no existe una explicación completa de cómo se organizó su construcción ni por qué quedó inconcluso. No hay pruebas definitivas de que Tiwanaku lo haya iniciado desde cero, solo de que lo ocupó, lo reutilizó o lo heredó.
Este patrón se repite en otras partes del mundo. En Egipto, Mesopotamia y Asia se ha demostrado que civilizaciones posteriores construyeron sobre estructuras más antiguas, utilizando conocimientos cuyo origen ya se había perdido. Pumapunku podría no ser una excepción, sino otra evidencia de que las civilizaciones antiguas guardaban un conocimiento profundo que no encaja con la línea oficial de progreso lento y primitivo.
Y quizá por eso, Pumapunku sigue ahí, demostrando que la historia, no es como nos la cuentan.