09/03/2026
Salí a la calle sin saber exactamente a quién iba a encontrar, pero sí sabía que quería celebrar este día con una mujer real. Y así llegué hasta Isabel.
Isabel dejó su país, cruzó fronteras y con sus propias manos construyó algo desde cero. Hoy tiene su puesto de frutas, y cada día madruga a sostener su vida con dignidad y con fuerza.
Regalarle ese momento fue un escape en medio de su cotidianidad, y verla sonreír… aunque tratara de esconderla… fue el regalo más grande que me pude llevar yo.
Me fui de ahí con el corazón lleno y con una certeza: la sororidad no necesita grandes gestos. Necesita presencia, mirada y genuinas ganas de decirle a otra mujer: te veo, eres suficiente, eres hermosa.
Que este día nos recuerde que juntas brillamos más. 💜