21/01/2026
✍️🔴 En nuestro editorial del dia , hoy hablamos de trayectorias largas y resultados cortos en la carrera por la Cámara.
El primero es Ciro Rodríguez Pinzón, quien nació el 16 de febrero de 1966 en San Calixto, municipio de la provincia de Ocaña, y desde allí construyó una carrera política larga, sostenida en el conservatismo tradicional de la región. En 2006 llegó a la Cámara de Representantes con más de 34 mil votos, disputando la curul dentro del mismo espectro político y consolidando a Ocaña como su principal fortín electoral.
En 2010 logró la reelección con poco más de 35 mil votos, nuevamente gracias al respaldo de una ciudad históricamente conservadora. Para 2014 alcanzó su mejor resultado: más de 49 mil votos, apalancado no solo en los sufragios ocañeros sino también en alianzas con el poder departamental de la época, incluido el entonces gobernador Édgar Díaz y sectores cercanos al hoy gobernador William Villamizar.
Las cifras muestran continuidad, pero el problema nunca ha sido electoral. El verdadero cuestionamiento está en la gestión. Tras varios periodos en el Congreso, el balance para Norte de Santander es, siendo generosos, discreto. No hay proyectos emblemáticos, ni grandes apuestas legislativas que hayan impactado de forma visible al departamento. Su nombre no se asocia a obras, ni a transformaciones, ni a luchas concretas por la región.
Para muchos, Ciro Rodríguez se convirtió en un político intermitente: aparece en campaña, pide votos, recuerda sus viejas cifras y luego vuelve al silencio. Cuatro años pasan rápido cuando no hay resultados que mostrar. Y eso se refleja hoy en el desgaste evidente de su respaldo político, muy lejos del que tuvo en sus mejores momentos.
La carrera está escrita, los años en el Congreso son innegables. Pero en política no basta con permanecer. La pregunta que cada vez suena más fuerte en Norte de Santander es simple y directa: ¿qué le dejó realmente Ciro Rodríguez al departamento después de tantos años de representación?
✅Por otro lado está José Luis Duarte
La baraja de nombres que buscan llegar al Congreso se suma ahora José Luis Duarte, exalcalde de Chinácota y aspirante a la Cámara de Representantes por el conservador. Su nombre no es nuevo en la política regional; al contrario, ha estado metido en ella desde hace años, siempre orbitando cargos y campañas. El problema, como ocurre con otros casos, no es la experiencia, sino el balance.
Su paso por la Alcaldía de Chinácota dejó más dudas que aplausos. No fue una administración que marcara un antes y un después en el municipio, ni por obras, ni por gestión, ni por liderazgo. Y en política, los cargos locales suelen ser el termómetro más claro: quien no logra mostrar resultados gobernando un municipio pequeño difícilmente convence cuando aspira a representar a todo un departamento. Ese historial, inevitablemente, le pasará factura en las urnas.
El panorama, entonces, empieza a repetirse. Candidatos con trayectorias largas, con hojas de vida llenas de cargos, pero con saldos pobres para mostrarle a la gente. Figuras que han vivido de la política, pero que no logran explicar con claridad qué transformaron, qué defendieron o qué dejaron.
En un Norte de Santander golpeado por el abandono estatal, la crisis económica y la falta de oportunidades, el electorado empieza a mirar con más desconfianza a quienes aparecen cada cuatro años con el mismo libreto. La política regional parece atrapada en un bucle: nombres conocidos, promesas recicladas y resultados que nunca llegan. Y esta vez, el desgaste podría cobrarse a más de uno en las elecciones.
Tomado de Noticias populares colombia