15/10/2025
La historia cuenta que una gallina llegó a la orilla de un río…
Miró cómo las demás cruzaban con pasos firmes, sin dudar, como si ya supieran que al otro lado había algo mejor. Ella, en cambio, se quedó ahí, parada, con miedo… mirando cómo la corriente avanzaba, mientras su corazón temblaba entre el deseo de avanzar y el miedo de caer.
Una parte de ella le decía: “Quédate, aquí estás segura, no arriesgues nada”.
Pero otra voz, más profunda, le susurraba: “Si no cruzas, te quedarás viendo cómo otros logran lo que tú solo sueñas”. Y así pasan los minutos, y luego las oportunidades. Las demás gallinas ya estaban al otro lado, picoteando nuevos caminos… y ella seguía en la misma orilla.
La reflexión es sencilla pero poderosa: muchas veces no es la falta de capacidad la que nos detiene, sino el miedo a dar el primer paso. No se trata de que el río sea menos peligroso para unos y más para otros. Es que algunos deciden confiar, avanzar y descubrir… mientras otros se quedan imaginando “qué hubiera pasado si”.
En la vida, quedarse en la orilla también es una decisión… pero una que te roba posibilidades.
Porque aunque cruzar implique riesgo, quedarse quieto también tiene un precio: el de no crecer. Y la verdad es que los sueños no se alcanzan desde la orilla, se alcanzan caminando sobre el miedo.
Así como esa gallina, muchas personas pasan la vida observando a otros avanzar… esperando “el momento perfecto” para saltar. Pero ese momento no llega solo. Hay que dar el paso con fe, con temblores si es necesario… pero darlo. Porque si no cruzas tú, nadie lo hará por ti. 🕊️✨
¿Y tú?… ¿te vas a quedar mirando el río… o vas a cruzarlo?