08/06/2026
¿Puede mirar las estrellas reducir la ansiedad?
Esto dicen expertos y aficionados a la astronomía.
La observadora Pamela López explica que ver el universo es una manera de utilizar todos nuestros sentidos.
"Ver el cielo no solo permite relajar nuestra vista, sino también nuestros pensamientos. Sentarse y tomarse un tiempo para nosotros mismos y meditar sobre lo que hay y podría existir nos ayuda a salir de la caja y concentrarnos en soluciones", agrega.
Observar el cielo en familia fortalece los vínculos, porque podemos discutir sobre lo que vemos, investigar juntos y, sobre todo, soñar juntos, dice la también madre.
Al preguntarle a López qué recomienda para volver a observar el cielo, responde que apaguen sus luces por lo menos una vez al mes y que todos reduzcamos la contaminación lumínica.
"Así, ese cielo seguramente nos impresionará cada vez más, como lo hizo con nuestros ancestros, los mayas, precursores de la astronomía", menciona.
Por su parte, Edgar Castro expresa que "observar el cielo nos ayuda a dimensionar mejor nuestros problemas. Cuando contemplamos esa gran inmensidad que nos rodea, entendemos que nuestras preocupaciones tal vez no son tan graves como pensamos. Por ejemplo, perder un examen es frustrante, pero no es el fin del mundo; no vale la pena perder el sueño día y noche, sino buscar una solución y actuar".
Castro es director del Instituto de Astronomía de la Universidad Galileo y miembro de la Unión Astronómica Internacional. Para él, si observamos nuestros problemas a escala del universo, nos damos cuenta de que somos seres del tamaño de un microbio en un punto de polvo en el espacio. Esto no significa restar importancia a nuestras responsabilidades, sino darles su justa dimensión. Al verlos así, uno se siente más tranquilo, reduce la ansiedad y puede encontrar con mayor claridad un camino de acción.
Existe una nueva generación de adolescentes interesada en el cielo. Se caracteriza por el uso constante de la tecnología. Están viendo el celular a cada minuto, y es a través de esa pantalla donde deben poder aprender.
Actualmente existen programas de astronomía y aplicaciones con las que, solo al apuntar el teléfono hacia el cielo, es posible identificar constelaciones. Al seleccionar una estrella, la aplicación proporciona abundante información; mucha más de la que teníamos hace 40 años, dice Castro.
"Nos hemos desconectado del cielo. Hoy en día, si usted va a un restaurante, observa una clase o habla con un adolescente, nota que siempre están viendo el celular. Ya no se fijan por dónde sale el sol; no les interesa. Yo me he preguntado por qué, y la respuesta es porque ya no lo necesitan: el celular les proporciona toda la información, dice Castro. "Si quieren, le preguntan a la inteligencia artificial a qué hora salió el sol hoy, cuál es su declinación, etcétera. Todo eso se lo da el teléfono en segundos. Sin embargo, el hecho de sentarse a contemplar las estrellas no tiene comparación. No hay pantalla que permita experimentar la sensación de ver la inmensidad y quedarse reflexionando: ¿quiénes somos?, ¿por qué estamos aquí?, ¿habrá más como nosotros?, ¿hasta dónde llega el universo? Todas las grandes preguntas de la humanidad surgen precisamente cuando uno mira hacia el cielo", agrega el experto.
Preparar una actividad en familia
Sí, la astronomía tiene un enorme potencial como actividad familiar, pero requiere involucrar a los niños desde muy pequeños, comenta Castro. Lo que un niño aprende a los tres, cuatro o cinco años al mirar el cielo —ya sea identificando estrellas, la Nebulosa de Orión o la Osa Mayor— lo acompaña toda la vida. En cambio, si esperamos hasta la adolescencia para mostrarles este mundo, resulta más complejo despertar su interés, pues ya están absorbidos por la rutina y sus propias prioridades, dice Castro.
Convertir la astronomía en un hábito familiar puede comenzar con una acampada para observar el cielo y compartir datos sencillos sobre cometas, meteoros y planetas. Esas experiencias desarrollan el pensamiento científico.
Como ejemplo, varios de los principales exponentes de la astronomía guatemalteca relatan que su fascinación nació gracias a que sus abuelos les enseñaban las constelaciones cuando eran niños, impulsándolos a seguir el camino de la ciencia.
Castro agrega que no se requiere un telescopio ni conocimientos profundos para conectar con el cielo nocturno. El simple acto de salir a observar ya constituye una experiencia imponente.
Se puede comenzar con nociones básicas y entretenidas, como identificar constelaciones. Las tres estrellas del cinturón de Orión son un excelente punto de partida por lo fáciles que resultan de localizar, al igual que la Osa Mayor, conocida en Guatemala por su forma de barrilete y visible durante todo el año.
Compartir datos simples, como que el movimiento aparente de las estrellas es en realidad el reflejo de la rotación de la Tierra, o hablar sobre la naturaleza de los cometas, resulta fascinante.
Un ejemplo de que la astronomía es accesible son las lluvias de meteoros: basta con colocar una manta sobre el césped, acostarse y observar cómo el cielo se llena de estelas luminosas. Es un espectáculo maravilloso que puede disfrutarse a simple vista.
El exceso de luz artificial reduce la cantidad de estrellas visibles y, en casos extremos, dificulta incluso la observación de los planetas más brillantes. Lo ideal es encontrar lugares despejados, alejados de la contaminación lumínica y que sean seguros.
"Los observadores del cielo necesitamos oscuridad, no luces artificiales. Algunos terrenos alejados de la ciudad, con permiso de los propietarios; alguna finca o una casa con un jardín amplio donde puedan apagarse todas las luces; o parques nacionales y privados donde exista seguridad y oscuridad"