15/01/2026
El Consejo Nacional Electoral (CNE) emitió un comunicado y decidió inhabilitar al congresista Miguel Polo Polo, una figura controvertida que accedió al Congreso de la República mediante una curul especial destinada a la representación de las comunidades afrocolombianas. Sin embargo, según diversas opiniones, nunca cumplió con esa representación de manera auténtica y efectiva. A lo largo de su tiempo en el Legislativo, las negritudes —la etnia afrocolombiana que se suponía debía representar— no fueron reflejadas en su trabajo político. No hubo proyectos, iniciativas ni acuerdos que evidenciaran una gestión orientada a la defensa de los derechos, necesidades o reivindicaciones históricas de estas comunidades. Por el contrario, su actuación parlamentaria estuvo marcada por una agenda centrada en la confrontación política y en la oposición más dura al Gobierno de turno, dejando de lado la razón misma por la cual ocupaba esa curul especial. Diversas voces dentro de las comunidades afro señalaron que Polo Polo no solo se distanció de las causas étnicas, sino que en múltiples ocasiones pareció negar esa identidad, sin asumirse ni actuar como un hombre afrocolombiano con compromiso social y político hacia su propia gente. Para muchos, su paso por el Congreso no fue más que un ejercicio de espectáculo mediático, de show constante, pero carente del trabajo serio y estructural que exige la representación de una comunidad históricamente excluida. La decisión del CNE llega en un momento clave, cuando las curules especiales están siendo objeto de un análisis profundo por parte de las autoridades y de la sociedad. El debate es claro: quienes accedan a estos escaños deben hacerlo para trabajar por las comunidades que dicen representar, no para utilizarlos como plataformas personales o ideológicas ajenas a esas realidades. El caso de Polo Polo se convierte así en un precedente y en una advertencia. Las curules afro no pueden seguir siendo escenarios de protagonismo político sin resultados concretos. Son espacios conquistados por la lucha de las comunidades y deben ser honrados con gestión, proyectos y acciones reales, no con discursos vacíos ni con una representación que nunca llegó a serlo.