Educación al Tablero

Educación al Tablero Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Educación al Tablero, Emisora de radio, Carrera 16 # 37/11, Bogotá.

Educación al Tablero nace como un programa de radio en las emisoras comunitarias de Colombia donde la pedagogía y la comunicación son los temas centrales; nuestro interés esta en fortalecer a toda la comunidad educativa, bienvenidos a escucharnos...

24/08/2026
20/08/2026

MEMORIAS EN MOVIMIENTO, CUERPO Y PRÁCTICAS DE CUIDADO
Invitadas:
- Pilar Cuevas Marín
- Diana Beltrán Rodríguez
Conducción:
- Camilo Acosta
Realización:
- Édgar Rodríguez Cruz

PONER EL MUNDO AL REVÉSTe invitamos a una nueva edición de "Poner El Mundo al Revés", un producción conjunta entre la Un...
06/08/2026

PONER EL MUNDO AL REVÉS
Te invitamos a una nueva edición de "Poner El Mundo al Revés", un producción conjunta entre la Universidad de la Tierra, Educación al Tablero y Quira Medios, donde conversaremos sobre la papel de las radios educativas y comunitarias como marcos para la paz.
¡Conéctate y sé parte de esta conversación!
https://www.youtube.com/watch?v=Ix7WHun6oXA

PONER EL MUNDO AL REVÉS Un producción de Educación al Tablero, Universidad de la Tierra y Quira Medios quienes compartir...
06/08/2026

PONER EL MUNDO AL REVÉS
Un producción de Educación al Tablero, Universidad de la Tierra y Quira Medios quienes compartirán la:
SITUACIÓN AMBIENTAL EN JERICÓ
En nuestro programa de hoy conversaremos sobre la situación del Suroeste de Antioquia. Una región caracterizada por biodiversidad, riqueza hídrica y desarrollo agrícola, campesino, social y cultural, la cual, desde hace 15 años comenzó a verse afectada por proyectos de megaminería.
Miércoles 29 de julio, 7pm
https://www.youtube.com/watch?v=Uwb7nMuHlOs

*Ciénaga, donde el mar reza y la cultura baila*Hay pueblos que se conocen por sus calles, otros por sus monumentos. Pero...
28/07/2026

*Ciénaga, donde el mar reza y la cultura baila*

Hay pueblos que se conocen por sus calles, otros por sus monumentos. Pero Ciénaga se conoce por el corazón. Late con el mismo compás del tambor, respira al ritmo del Caribe y, cuando llega julio, parece que hasta el viento se arrodillara para acompañar la fiesta de la Virgen del Carmen.

La mañana despierta con un sol que no alumbra: abraza. Las fachadas blancas del centro histórico parecen recién lavadas por la luz y la iglesia levanta su torre como un faro de fe que guía tanto a creyentes como a viajeros. En la plaza, las palomas dibujan círculos sobre el cielo mientras la ciudad despierta entre campanas, murmullos y el aroma inconfundible del café recién colado.

Pero en Ciénaga la devoción no permanece encerrada entre los muros de un templo. Sale a caminar por las calles. Se viste de flores rojas y blancas, de velas encendidas y de manos unidas en oración. Allí, la Virgen del Carmen no es únicamente una imagen sobre un altar; es la memoria viva de las familias, el refugio silencioso de los pescadores, la esperanza de quienes parten al mar y el abrazo invisible de quienes regresan.

El altar florece como un jardín suspendido entre la tierra y el cielo. Las rosas parecen incendios de amor, los lirios elevan plegarias blancas y cada vela encendida es una pequeña estrella que decidió bajar para acompañar la celebración. El corazón de flores que rodea a la Virgen parece decir que la fe, cuando florece, también perfuma la vida.

Sin embargo, basta cruzar unas cuadras para descubrir que la espiritualidad conversa de la mano con la alegría. La ciudad cambia de tono como cambia el mar con la luz del día. Entonces aparecen los colores que bailan.

Las polleras se convierten en mariposas gigantes que baten sus alas al ritmo de la cumbia. Los tambores no se escuchan: dialogan con la sangre. Las gaitas cuentan historias antiguas y las flautas parecen enseñarle al viento una melodía que solo el Caribe conoce. Cada bailarín es una página viva de la historia, cada paso un verso que no necesita escribirse porque se memoriza con los pies.

Los rostros sonríen con la misma naturalidad con la que florecen las buganvilias sobre los balcones. Un sombrero vueltiao deja de ser un accesorio para convertirse en bandera cultural. Los vestidos blancos reflejan la luz como si el propio Caribe hubiera decidido vestirse de fiesta. Allí nadie parece ser espectador; todos terminan perteneciendo a la escena.

Cuando cae la tarde, el horizonte comienza a escribir poesía. El mar cambia de azul a dorado mientras la Sierra Nevada se recuesta sobre el fondo del paisaje como una madre que protege a sus hijos. El sol no desaparece: se derrite lentamente sobre las olas hasta convertirse en un espejo líquido donde el cielo ensaya sus últimos colores.

Las playas de Ciénaga tienen una manera particular de guardar silencio. Ese silencio no está vacío; está lleno del rumor constante del agua, de las bicicletas que descansan sobre la arena, de los pescadores que conversan con el océano sin pronunciar una sola palabra. Las olas llegan como cartas antiguas que el Caribe insiste en entregar una y otra vez, mientras una piedra solitaria permanece inmóvil sobre la arena, recordándonos que incluso la quietud tiene algo que contar.

Cuando llega la noche, la luna aparece tímida entre los arcos coloniales como una lámpara colgada del universo. Desde la plaza, una pantalla gigante proyecta imágenes del territorio. No es solo un espectáculo audiovisual; es un espejo donde el pueblo vuelve a encontrarse consigo mismo. Cada fotografía, cada paisaje y cada rostro proyectado recuerdan que la cultura también puede contarse con luz.

Y, como toda buena historia caribeña, el viaje termina alrededor de una mesa.

Porque en Ciénaga la gastronomía también tiene acento. El arroz cargado reúne el sabor del océano con la generosidad de la tierra. El cangrejo parece traer consigo el lenguaje secreto de los manglares. El patacón cruje como una ovación antes del primer bocado y el aguacate suaviza el encuentro entre el mar y el fogón. Más tarde aparece el caldo de costilla acompañado de arepa asada, capaz de reunir madrugadas, conversaciones y recuerdos en un mismo plato. Y cuando el día exige una pausa, la carne en salsa con arroz blanco, tajadas maduras y ensalada demuestra que la cocina cienaguera no alimenta solamente el cuerpo: también alimenta la memoria.

Hasta las pequeñas panaderías escondidas entre las calles antiguas parecen custodiar un patrimonio invisible del frito. Detrás de un sencillo mostrador se cocinan empanadas, carimañolas y pasteles que llevan el sabor de generaciones enteras claro esta acompañado del eterno Boli. Allí la tradición cabe en una servilleta de papel y el afecto se sirve caliente.

Ciénaga es una ciudad donde la fe florece, la música camina, el mar escribe y la comida abraza. Es un territorio donde las campanas conversan con los tambores, donde el atardecer parece una acuarela pintada por el Caribe y donde cada sonrisa confirma que la cultura no habita únicamente en los museos ni en los libros: vive en la plaza, en la playa, en la cocina, en el baile y en la mirada de su gente.

Quizá por eso, cuando uno se despide de Ciénaga, descubre que no abandona un destino. Deja atrás una melodía que sigue sonando mucho después de haber partido; una ciudad que, como el mar que la acompaña, nunca termina de decir adiós, porque siempre encuentra una ola, un tambor o una oración para invitar al viajero a regresar.

*Día de mercado campesino*Ayer, en la plaza de Bolívar, el mercado campesino no fue solo una feria de verduras, gastrono...
06/06/2026

*Día de mercado campesino*

Ayer, en la plaza de Bolívar, el mercado campesino no fue solo una feria de verduras, gastronomía y memorias sembradas en tierra fría. Fue, sobre todo, una fiesta de resistencia alegre.

Porque mientras algunos van al estadio o al centro comercial en busca de un rato de esparcimiento, allí, entre puestos de aguacates, ahí, camu camu y arepas recién hechas, la alegría llegó de otro modo: con el redoble insistente de las batucadas y el asombro volador del circo.

Las batucadas no avisaron, simplemente estallaron. Un ritmo de tambores que nace del suelo y sube por los pies, que hace que los asistentes que compra hierbas suelte la canasta y las bolsas un momento para mover los hombros, que el niño que ayudaba a su papá a cargar el mercado suelte una carcajada y se ponga a saltar al son de la percusión y el repique.

No hay pantalla que brille más que unos tambores bien templados bajo el sol de la bella capital. Y el circo, con sus malabares y zancos, con sus artistas de nariz roja que caminan entre la gente regalando acrobacias y pelotas de colores, convirtió la plaza en un escenario donde cualquiera podía ser espectador y actor a la vez.

Esa mezcla, tan sencilla y tan poderosa, logró algo hermoso: que mucha gente —la que no puede pagar una boleta de teatro, la que vive lejos de los parques con shows, la que ha olvidado que reír sin motivo también es un derecho— tuviera acceso a la diversión sana. Esa que no necesita licor para florecer, ni pantallas para atrapar, ni lujos para justificarse. Solo ganas de compartir, un ritmo que nos junta y un payaso que se cae a propósito para que todos recordemos que lo humano también es eso: reír juntos, en medio de las papas y las flores, con el corazón hecho batucada.

El momento de seguir creyendo:Tomó el tarjetón con manos encallecidas por el tiempo y el trabajo duro. Esas manos nos re...
31/05/2026

El momento de seguir creyendo:

Tomó el tarjetón con manos encallecidas por el tiempo y el trabajo duro. Esas manos nos recuerdan que a muchas mujeres adultas mayores les ha tocado una vida de arduos oficios, de batallas calladas y días sin tregua. Lo firmó con vehemencia, salió del cubículo, se arrodilló y, con voz suave pero esperanzadora, murmuró:
—Dios mío, que sigan las políticas sociales de Petro.

Se levantó, limpió sus rodillas cubiertas por una falda oscura con enaguas negras y depositó su voto. Luego, camino a la salida, se fue ella —con la fe intacta en la democracia.

🗳️ Voto en Engativá
📘 Educación al Tablero

Se viene el primer ciclo de Duanga en la Casa de La Paz (carrera 13  # 36-7). Un cine foro para conmemorar los 50 años d...
08/04/2026

Se viene el primer ciclo de Duanga en la Casa de La Paz (carrera 13 # 36-7). Un cine foro para conmemorar los 50 años del inicio de la dictadura argentina, con encuentros los 15, 21 y 29 de abril de 5:30 p.m. a 7:00 p.m. Compartiremos la palabra al lado de sabedoras y sabedores del tema. La entrada es totalmente gratis. ¡Quedan todas y todos invitados! 🕊️

Compartimos con todos y todas que Mauricio Esquivia representante de Duanga lanzó el primer episodio de su podcast:“Cine...
08/04/2026

Compartimos con todos y todas que Mauricio Esquivia representante de Duanga lanzó el primer episodio de su podcast:

“Cine para reparar la historia afrodescendiente”

Una reflexión que nace del cine, pero también de preguntas profundas sobre el racismo, la memoria y lo que necesitamos desaprender como sociedad.

No es solo para escuchar… es para pensar distinto.

🎧 Escuchá el episodio acá:

https://open.spotify.com/episode/5PouvDVLF3t4UBRFrycF8H?si=v8LfygK2Rgm3Go2hQX2BlA

Es una invitación abierta para que lo escuchan y nos dejen sus comentarios, le encantaría saber qué les hizo sentir o pensar 🙌🏾

Agradece el tiempo de cada persona que se sume a esta conversación.

Cine para Desaprender el Racismo · Episode

Dirección

Carrera 16 # 37/11
Bogotá

Horario de Apertura

Lunes 9am - 5pm
Martes 9am - 5pm
Miércoles 9am - 5pm
Jueves 9am - 5pm
Sábado 9am - 5pm

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