01/09/2026
Llevo un tiempo pensando qué escribir aquí. Una parte de mi piensa: “escribe una frase genérica y ya”; y otra parte considera insensato encerrar en “una frase genérica” todo lo que han sido estas semanas para mí.
Voy a intentar explicarlo, aunque ni yo misma me entienda bien.
He tenido un dolor de cuello, casi paralizante, que me ha estado impidiendo disfrutar la vida. Al inicio era “solo un dolor en la espalda alta”. Antiinflamatorios, analgésicos, masajes. Eso me calmaba el dolor, pero no sanaba de raíz.
He ido aprendiendo que estaba llevando la vida a un ritmo acelerado. Con un afán de “llegar” y no sé ni siquiera a dónde.
Me estaba cargando con el peso de la vida y del tiempo.
De un momento a otro, me puse todas mis heridas en los hombros.
He entendido que mi cuerpo lo siente todo: la tensión en el cuello; mi sistema nervioso gritando de miedo.
¿Miedo de qué? ¿Acaso qué estoy perdiendo?
Son preguntas que sigo intentando responder.
A veces pienso en lo difícil que es pensar desde mi cabeza. Habitar mi propia piel se torna tan insoportable por momentos, que se irradia en mis músculos, hasta endurecerlos y que me ardan.
Leo y me observo y me doy cuenta de lo más revelador de todo: no soy “rara”. Soy humana.
Siento.
Y mucho.
Hay fibras que siguen quebradas. Otras rotas por completo.
Mis emociones no son “locas”, ni “buenas”, ni “malas”. Son información, que si uso con inteligencia e intención puede atormentarme menos lo que el alma grita. Aunque ese sea un proceso que no termina nunca.
Eso solía perturbarme. Ahora me calma, porque igual, ¿qué sería de la vida si tuviera todo resuelto?
Tal vez, justamente lo que necesita mi cuello para volver a su forma normal es que yo entienda que no tengo que resolverlo todo ahora.
Que, lo único que me exige la vida es que la viva. En el hoy. Sin el afán, que no es más que miedo a perder algo, cuando viviendo así estoy corriendo el riesgo de perder lo único esencial: a mí.
🤍 momentos de una Fabi que está aprendiendo a vivir más en el hoy.