Nos gusta pensar que ni lo uno ni lo otro es fácil de hacer y estamos seguros de que ambas cosas son fundamentales. Explicar es fundamental porque es la conexión entre ideas lo que le da sentido a todo lo que nos rodea. Comunicar con gracia, a su vez, es fundamental porque hay muchísimas ideas dentro de nuestro panorama cultural y todas compiten por nuestra atención. Las decisiones que hemos tomado para llegar al servicio que ofrecemos son el resultado de tres criterios: forma, contenido y costos. Hacemos videos porque no es ningún secreto que se trata de un medio particularmente efectivo. Dibujamos sobre un tablero porque es un formato económico que nos permite explorar problemas creativos sin renunciar al dinamismo y el poder de las imágenes. Explicamos porque nos gusta y porque sabemos que muchas ideas no tienen el impacto que deberían ya que no se entienden. Ese problema, presente en todo tipo de contextos, es el que nos interesa ayudar a resolver.
¿Qué tipo de cosas explicamos? Las que sea. Una opción obvia son los productos y servicios de instituciones. Otra opción, también común, son las ideas que motivan el trabajo de fundaciones, políticos o empresas. Una tercera son planes o proyectos. Pero estos son sólo ejemplos de casos frecuentes, casos en los que es evidente que vale la pena invertir en un video para que un mensaje se entienda. El hecho, sin embargo, es que explicar es una necesidad que se les presenta a todas las personas y estamos dispuestos a asumir cualquier reto con tal de que implique una explicación. Por supuesto, eso no quiere decir que somos expertos en todos los temas. Más bien, aceptamos retos diversos porque sabemos investigar y somos buenos al momento de identificar la estructura de una idea compleja.