24/09/2026
| El Flojazo que nunca tuvo flojera de hacer reír.
Por: Gustavo Manga
Hoy me levanté con una flojera de siete pisos. No quería saber nada del portal, ni escribir, ni averiguar nada. Pero tenía un hormigueo en el alma que no me dejaba tranquilo.
Hace unos días murió Luis Bertel Arrieta, conocido en redes sociales como “El Flojazo”, un joven de San Juan Nepomuceno, Bolívar, que nunca conocí personalmente, pero que terminé conociendo a través de sus videos.
Desde que supe de la noticia pensé: tengo que ir a San Juan, conocer a su familia, hablar con quienes lo conocieron, entender un poco más quién era ese personaje. Pero, siendo consecuente con su propia creación, me dio flojera. Y así fueron pasando los días.
Sin embargo, seguía con la piquiña de escribir sobre él.
Porque había algo que siempre me llamó la atención: ¿qué pretendía Luis con ese personaje? ¿De verdad era tan flojo como se mostraba en sus videos? ¿O simplemente había descubierto que la mejor manera de hacer reír a la gente era exagerando un defecto y convirtiéndolo en personaje?
En sus contenidos, “El Flojazo” conseguía trabajos, pero terminaba quedando mal por su supuesta pereza. Hasta llegó a aparecer, según sus propias historias, trabajando para la Alcaldía del pueblo. Y, claro, siendo “El Flojazo”, tampoco podía faltar la embarrada.
Pero pensándolo bien, había una contradicción muy grande: un verdadero flojo no se levanta todos los días a grabar videos, buscar ideas, editar, publicar y salir a buscar una sonrisa.
Ahí está, quizás, la verdadera historia de Luis.
Mientras nosotros veíamos a “El Flojazo”, él estaba trabajando. A su manera, con las herramientas que tenía, con humor y con ese lenguaje sencillo que conecta con la gente de nuestros pueblos.
Tal vez nunca imaginó hasta dónde podía llegar aquel personaje. Tal vez solo quería hacer reír a sus amigos, a sus vecinos, a la gente de San Juan Nepomuceno. Y terminó consiguiendo algo que muchos persiguen durante años: que su nombre trascendiera su propio pueblo.
Hoy su muerte ha hecho que muchos medios hablen de él y que miles de personas recuerden sus videos. Hasta los grandes medios le dedicaron espacio. Y eso demuestra que aquel muchacho que parecía no querer hacer nada, en realidad estaba haciendo algo muy importante: estaba construyendo su propia historia.
Quizás ese sea el mensaje que deja “El Flojazo”: uno no siempre tiene las mejores oportunidades, ni los mejores recursos, ni el camino despejado. Pero a veces hay que mirar lo que uno tiene, incluso los propios defectos, y convertirlos en una oportunidad.
Si Luis era flojo de verdad, supo sacarle provecho. Y si no lo era, fue todavía más inteligente: creó un personaje que terminó siendo reconocido por mucha gente.
Y hay una ironía que hoy duele.
En su último día, Luis madrugó. Salió temprano. Se levantó cuando seguramente “El Flojazo” habría pedido cinco minutos más de sueño. Pero aquella mañana no hubo personaje. Hubo un joven buscando su camino, como tantos otros jóvenes de nuestros pueblos que salen temprano con la esperanza de regresar a casa.
La vida le tenía preparado otro destino.
Hoy queda su familia, quedan sus amigos, quedan sus videos y queda ese personaje que hizo reír a tanta gente.
Quizás “El Flojazo” nunca fue tan flojo.
Porque para hacer reír todos los días también hay que tener ganas de trabajar.
Que Dios lo reciba y les dé fortaleza a sus familiares. Y que su historia sirva para recordar que, a veces, hasta aquello que parece un defecto puede convertirse en una forma de salir adelante.
Descansa en paz, Luis. El pueblo que te vio nacer seguramente seguirá contando tus historias.