30/09/2025
Hubo una época en que el cine no llegaba por streaming, sino en CDs Princo de 600 pesos. Los conseguíamos en las esquinas, los cambiábamos, los alquilábamos. A veces la película venía torcida, grabada desde el fondo de una sala, con cabezas cruzando frente a la pantalla y murmullos flotando en el audio.
Lo pirata también era una forma de ver cine, de compartirlo, con el error siempre presente como posibilidad.
Hoy, plataformas como Netflix han estandarizado hasta la textura misma de lo que vemos. Ya no hay cabezas, ni sombras, ni errores. La textura de la industrialización es lo limpio, lo perfecto, lo igual.
Rebelde, con todos sus defectos entrañables, fue un hito de la generación dosmilera. Su remake, pulido y más parecido a Élite que a aquella novela desprolija que nos marcó, no fue más que un ejemplo desangelado de nuestro tiempo.