13/06/2026
MI REFLEXION:
La polarización en Colombia ha llegado a niveles preocupantes. Tanto, que está deteriorando amistades, relaciones de pareja y hasta familias enteras. Hoy, expresar una opinión diferente parece convertirse en una ofensa personal, aun cuando vivimos en un país donde la libertad de expresión debería ser un derecho fundamental.
Lo más preocupante es que muchas personas han caído en el fanatismo político, olvidando que pensar diferente no convierte a nadie en enemigo. En política, gane quien gane, la mayoría de nosotros seguiremos enfrentando las mismas responsabilidades: trabajar, luchar por nuestras familias y buscar el sustento diario.
Mientras tanto, quienes ocupan el poder continúan moviendo sus fichas en un tablero donde el pueblo suele ser tratado como los peones de una partida de ajedrez. En las crisis, son los ciudadanos comunes quienes sienten el peso de la inseguridad, la falta de oportunidades y el aumento del costo de vida. Los dirigentes conocen las necesidades del pueblo, pero rara vez las padecen en carne propia.
Por eso, amigo y amiga, valoro más nuestra amistad que cualquier diferencia política. No quiero caer en el juego de dividirnos entre unos y otros. Ya nuestra historia nos mostró las consecuencias de ese odio partidista que llevó a colombianos a enfrentarse y hasta a quitarse la vida por defender un color o una ideología.
Estamos en pleno siglo XXI, una época en la que cada persona tiene derecho a pensar, expresarse y opinar libremente. Nadie debería ser señalado, excluido o silenciado por tener una visión distinta. La diversidad de pensamiento no es una amenaza; es una riqueza que fortalece la democracia y la convivencia.
Practiquemos la tolerancia, pero también la madurez de reconocer que cada ser humano es un mundo diferente. Estamos llamados a vivir en comunidad, a respetarnos y a construir juntos, no a destruirnos entre nosotros.
Y recuerda algo muy importante: si mañana gana el candidato de tu preferencia, sea quien sea, al día siguiente tendremos que madrugar a trabajar, a cumplir nuestras responsabilidades y a luchar por nuestros sueños. Ningún político tocará tu puerta para llevarte el mercado, pagar tus cuentas o asumir tus obligaciones. Esas responsabilidades seguirán siendo tuyas, como padre, madre, hijo, hermano o ciudadano.
Que las diferencias políticas nunca valgan más que los afectos, el respeto y la dignidad humana.
Feliz y bendecido día para todos. Ojalá reflexionemos sobre ello.
Alveiro Gutiérrez