Dear Cami

Dear Cami ¡Bienvenido al caos divertido de mis historias! Soy Dearcami escritora de fanfics de fantasía random.

Durante el torneo de Ashford, lo que debía ser una justa más, terminó convirtiéndose en un escándalo imposible de ignora...
27/04/2026

Durante el torneo de Ashford, lo que debía ser una justa más, terminó convirtiéndose en un escándalo imposible de ignorar.

Duncan el Alto, un caballero sin linaje ni nombre, desató un revuelo entre nobles y príncipes al enfrentarse con una violencia inesperada contra el príncipe Aerion.

Lo que comenzó como un conflicto por el honor terminó en un combate brutal y fuera de toda elegancia caballeresca y noble, donde el acero y las normas dejaron de importar.

El resultado fue irreversible.

Un golpe, seco y devastador, dejó al príncipe reducido al suelo… y en la oscuridad. Ahora incapacitado, privado de aquello que sostenía su orgullo y su lugar en la corte, el príncipe Aerion se convirtió en una figura incómoda, casi olvidada, la cual ningún lord toleraba realmente, nadie quiere cargar con lo que quedó del dragón. Decían.

Ni siquiera su propia sangre tuvo muestra de compasión.

Los príncipes Maekar y Baelor, aún irritados por los constantes excesos de su hijo, vieron en la desgracia una oportunidad para resolver más de un problema.

Fue una decisión rápida; Duncan deberá casarse con él.

Y así fue nombrado caballero y obligado a responder por su acto, ahora su deber no solo será vivir con las consecuencias de aquel golpe, sino hacerse cargo del príncipe que destruyó.

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Nueva idea jsjsjsjsjsj

18/04/2026

Aemond Targaryen (?)

Que princesa más hermosa, debería estar rodeada de amor y lujos.
16/04/2026

Que princesa más hermosa, debería estar rodeada de amor y lujos.

La confianza termina donde la ambición inicia. temporada 3.

Hace parte de la historia de AegonxAerion _________•La música llenaba los salones de la Fortaleza Roja, acompañada por r...
12/04/2026

Hace parte de la historia de AegonxAerion

_________•

La música llenaba los salones de la Fortaleza Roja, acompañada por risas, copas que chocaban y conversaciones cuidadosamente medidas entre los lores de la corte.

En medio de todo aquello, Aerion se movía con la seguridad de quien sabía que estaba siendo observado y su postura era impecable, su sonrisa calculada, y cada palabra que pronunciaba parecía tener la intención de reafirmar lo que él ya creía: que estaba por encima de todos los presentes.

—Mi príncipe, su opinión siempre es esclarecedora —dijo un lord de edad avanzada, inclinando levemente la cabeza, mirando todo de aquel príncipe.

Aerion sostuvo la mirada apenas un segundo más de lo necesario, disgustado del recorrido de los ojos del lord sobre el, momento antes de responder con un leve gesto de desdén disfrazado de cortesía.

—Lo sé.

Sin embargo, incluso él tenía límites para soportar la farsa y en un descuido de los presentes, dejó su copa sobre una bandeja y se retiró sin anunciarse.

El aire nocturno lo recibió como un alivio pues los jardines estaban en calma, apenas iluminados por la luz plateada de la luna.

Aerion avanzó sin prisa, levantando la vista hacia el cielo, aquello era una de las pocas cosas que disfrutaba sin reservas: las estrellas, silenciosas y lejanas, aveces tan parecidas a él.

—Al menos ustedes saben mantenerse en su lugar —murmuró.

Continuó caminando hasta que una voz interrumpió la quietud, no era clara, pero sí tensa. Se detuvo, pues había alguien más en los jardines.

Frunció el ceño y avanzando con cautela, a medida que se acercaba, el tono confirmaba lo que había pensado: era una discusión. No distinguía palabras, pero sí la urgencia en ellas y dio un paso más, dispuesto a escuchar mejor… pero el sonido cesó y todo volvió al silencio de la noche.

Aerion se quedó inmóvil, mirando a su alrededor y no había nadie.

—Qué extraño…

—¿Buscas fantasmas, primo?

La voz detrás de él lo hizo sobresaltarse y giró de inmediato, encontrándose con la sonrisa ladeada de Valarr.

—No hagas eso —replicó Aerion, recuperando la compostura con rapidez, aunque el leve rubor en su rostro lo traicionó—. Algunos necesitamos escondernos para divertirnos.

Valarr soltó una risa baja, claramente entretenido.

—Y yo que pensaba que los dragones no se asustaban.

Aerion lo miró con cierta altivez, aunque esta vez no protestó y en cambio apoyó la espalda contra la pared de piedra más cercana, cruzando las manos detrás de sí en un gesto que pretendía parecer relajado.

—¿No deberías estar dentro? —preguntó—. Fingiendo ser el príncipe perfecto para impresionar a los viejos de la corte.

Valarr se acercó un poco más, acortando la distancia entre ambos con una naturalidad que descolocaba al menor.

—Tal vez me aburrí —respondió, encogiéndose de hombros—. O tal vez encontré algo más interesante aquí fuera.

Aerion sostuvo su mirada, intentando no mostrar cuánto le afectaba esa cercanía, Valarr por su parte, alzó la mano y con un gesto apartó un mechón del cabello plateado de Aerion, colocándolo detrás de su oreja.

El contacto fue breve, pero suficiente.

—Tienes el cabello desordenado —comentó, como si nada.

Aerion sintió el calor subirle al rostro, algo que odiaba no poder controlar. Estaba a punto de decir algo, cualquier cosa que le devolviera el control de la situación, cuando Valarr volvió a acercarse, esta vez sin dejar espacio entre ellos.

—¿Qué…? —alcanzó a empezar.

No terminó la frase.

Valarr lo besó.

Fue un gesto directo tomando a Aerion por la cintura para mantenerlo en su sitio. No hubo duda en el movimiento, ni vacilación.

Aerion, sorprendido tardó apenas un instante en corresponder, aferrándose a ese momento con una inocencia que no encajaba con la imagen que proyectaba ante los demás.

Entonces, un carraspeo les cortó el aire.

Ambos se separaron de inmediato.

A unos pasos de distancia con los brazos cruzados y una expresión claramente desaprobatoria, estaba Daeron.

—Los están buscando —dijo, bueno en realidad mintió, sin ocultar el tono seco—. Sería conveniente que recordaran dónde deben estar.

Su mirada se detuvo un segundo más en Aerion, cargada de juicio antes de girarse.

Valarr no dijo nada y se apartó con rapidez, siguiendo a Daeron sin mirar atrás.

Aerion permaneció en su lugar unos segundos más, inmóvil, para luego lentamente, llevar una mano a sus labios.

Sonrió.

No era una sonrisa arrogante, ni calculada, era algo distinto, algo que hacía su estómago revolverse de emoción.

Y fue en ese instante, bajo la luz de la luna, donde comenzó todo.

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Déjame saber qué te parece y si quieres más partes 🥺🫶🏼

  AegonxAerion En la Fortaleza Roja, pocos se atrevían a contradecir a Aerion Targaryen, a sus dieciséis años el príncip...
06/04/2026

AegonxAerion

En la Fortaleza Roja, pocos se atrevían a contradecir a Aerion Targaryen, a sus dieciséis años el príncipe estaba convencido de que su destino era ser alguien grande y en medio de esa certeza, había decidido también a quién debía amar.

Valarr Targaryen era en su mente, la única persona digna de su atención. “A él gustan los hombres decididos”, decía Aerion con seguridad, repitiendo gestos, palabras y actitudes que creía irresistibles para su primo.

Pero lo que él pensaba que eran señales, no eran más que piezas de un juego que no alcanzaba a entender.

—No sabes nada de él —le dijo una vez su hermano—. Solo ves lo que quieres ver.

Aerion desestimó el comentario con una sonrisa arrogante, para él todo era cuestión de insistencia… hasta que Valarr lo acorraló en un pasillo solitario y lo besó.

Aquello bastó para afianzar su ilusión y sin embargo, la verdad no tardó en revelarse: Valarr mantenía un romance secreto con Daeron su hermano, a quien Aerion despreciaba abiertamente.

El beso no había sido más que un intento patético de provocar celos en el hermano mayor del príncipe, y la confirmación llegó con el anuncio de su compromiso, aquella noche mientras los festejos llenaban el castillo, Aerion comprendió que solo había sido utilizado.

Ojalá todo hubiera terminó allí.

Durante la celebración nupcial meses después del anuncio, el joven príncipe, abatido y sin rumbo, terminó en compañía de Duncan, quien, entre copas de más y una cercanía malinterpretada, compartió con él una intimidad que Aerion confundió con un nuevo comienzo, pensando que su destino estaría con ese caballero errante quien a pesar de todo no era un mal partido.

Y a la mañana siguiente, la realidad fue más fría de lo que esperaba.

—Es… hermoso, príncipe —admitió Duncan con incomodidad—, pero no puedo darle lo que busca.

—Ya lo hiciste —respondió Aerion, con una mezcla de esperanza y una sonrisa asustada.

—No —replicó el caballero, negando con firmeza—. Y no voy a mentirle para que lo crea, yo no deseo casarme usted…y lamento mucho tomar su doncellez, pero no puedo hacerlo mi esposo.

El rechazo fue más profundo que cualquier burla u herida recibida, herido Aerion llevó el asunto ante su muña Maekar, esperando reparación, esperando que hicieran que es caballero respondiera por sus actos, pero ni la presión de la familia ni la intervención de Baelor lograron doblegar la voluntad de Duncan.

El escándalo se apagó con rapidez pero las consecuencias permanecieron, Aerion fue apartado, ya había sido estúpido muchas veces, ahora controlado y forzado a seguir una rutina que con el tiempo apagó su carácter de dragón.

Los años transformaron al príncipe, ya no hablaba de dragones ni de grandeza y prefería el silencio de la biblioteca a los salones, y su nombre dejó de provocar temor para generar…nada.

Intentaron comprometerlo, pues era joven y uno de los príncipes más bellos, pero rechazó cada propuesta con una calma que desconcertaba incluso a su familia.

Su relación con Valarr terminó por romperse cuando este, tiempo después de su matrimonio intentó reanudar lo que nunca había sido real.

—No vuelvas a entrar aquí —le dijo Aerion, sin levantar la voz—. No vuelvas a ofenderme con esas propuestas, eres el esposo de mi hermano…

Mientras tanto su hermano menor, Aegon crecía lejos de la corte, forjándose junto a Duncan, para cuando regresó, encontró a alguien distinto.

El Aerion que recordaba ya no estaba y en su lugar había un chico callado y difícil de leer, despertando en él una inquietud que con el tiempo se convirtió en algo más complejo.

—No deberías estar solo —le dijo una tarde, observándolo en la ventana.

—Estoy acostumbrado —respondió Aerion sin mirarlo.

La propuesta de enviarlo a Lys llegó como una solución conveniente para la familia, pues era un destino lejano y discreto, donde su presencia no causara problemas a la familia.

Pero Aegon no lo aceptó y tras una conversación con sus padres, tomó una decisión que sorprendió a todos.

—Me casaré con él —declaró con firmeza—. No será enviado a ninguna parte, él será mi esposo…

El silencio que siguió fue denso, casi irrespirable, nadie entendía del todo sus motivos, pero Aegon no se retractó pues para él, no se trataba solo de deber, ni de un desafío, pues al observar durante años a un hermano que parecía condenado a no ser elegido nunca, él sería quien ahora lo elegiría y lo amaría.

Ahora todo dependería de la respuesta del príncipe Aerion…El dragón que nunca fue elegido…

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Que feo tener la vida amorosa de Aerion.
Esto se da años después cuando egg es mayor y maduro…

👀👀👀

Les interesa esta pareja?

 La espuma del mar lamía las botas de cuero de Lucerys, borrando sus huellas en la arena  mientras el viento agitaba su ...
26/03/2026



La espuma del mar lamía las botas de cuero de Lucerys, borrando sus huellas en la arena mientras el viento agitaba su cabello castaño.

—¿Tienes que irte? —susurró Aemond con sus dedos enterrándose con fuerza en la capa de Luke, reacios a soltarlo.

El viento de Marcaderiva jugueteaba con las sedas del vestido de Aemond, haciendo que la tela se pegara a su figura como una caricia constante. Aemond, con la mirada fija en el horizonte gris, sentía una opresión en el pecho que no lograba disipar. Arrax, el dragón de Lucerys, soltaba bufidos inquietos a unos metros de distancia, batiendo las alas como si él también presintiera que el cielo guardaba secretos.

— Incluso Arrax está inquieto y no quiere ir, Luke —susurró Aemond, girándose para encontrar la mirada de su esposo—. Ni siquiera él quiere que te vayas. El mar es caprichoso...por favor no te vayas…

Lucerys sonrió, con esa sonrisa que siempre lograba desarmar las defensas de Aemond y se acercó con paso firme y rodeó la cintura del príncipe, sintiendo la suavidad de las telas vaporosas bajo sus palmas.

Sus pulgares comenzaron a trazar círculos insistentes sobre la cadera de Aemond, un movimiento rítmico que buscaba anclarlo al presente, al calor de sus cuerpos casi piel con piel.

—Todo va a estar bien, mi amor —murmuró Lucerys, inclinándose para hablarle al oído, dejando que su aliento rozara la mejilla de Aemond—. Deja de escuchar al mar y escúchame a mí.

Aemond cerró los ojos, dejando que la fuerza de los brazos de Lucerys borrara por un momento sus preocupaciones, el agarre de Luke se volvió más posesivo, sus dedos presionando con insistencia.

—Cuando vuelva —le susurró Lucerys con voz ronca, vibración que Aemond sintió hasta en los huesos—, te voy a tomar todos los días, voy a compensar cada hora, cada minuto, cada segundo que pasé lejos de ti, no vas a tener tiempo de extrañarme porque no te dejaré salir de nuestra cama, quizás esta ves si ponga un bebé en tu vientre.

Aemond soltó un suspiro entrecortado, aferrándose a los hombros de su marido.

Lucerys notó que, pese a sus palabras, la sombra de la angustia seguía nublando los hermosos ojos de Aemond y sin previo aviso, lo atrapó en un beso salvaje y hambriento.

Las manos de Luke bajaron con atrevimiento, sujetando los muslos de su esposo y levantando las finas telas del vestido va****so, revelando la piel pálida de Aemond al aire salino.

—Podría tomarte aquí mismo, ahora —le susurró contra la boca, con la respiración errática—, rápido, sobre la arena, antes de que las velas se pierdan en el horizonte.

Aemond soltó una carcajada genuina, la primera en toda la mañana, y lo apartó con un empujón firme pero juguetón.

—¡Eres un sucio, Lucerys! —reprochó con las mejillas encendidas, acomodándose la ropa con rapidez—. Tus hombres están ahí mismo, des tras de ti, vete ya, antes de que pierdas el juicio por completo.

Lucerys retrocedió un paso, satisfecho al ver el brillo en el rostro de su marido.

—Vaya, y yo que pensaba que no querías que me fuera —bromeó con una inclinación de cabeza.

—Vete antes de que cambie de opinión y te encadene en la torre más alta del castillo—replicó Aemond, aunque sus ojos lo devoraban con cariño.

Con un último despliegue de audacia, Luke se acercó para robarle un beso casto que terminó en una palmada sonora en el trasero de Aemond, haciendo que el príncipe soltara un respingo indignado y se sonrojara hasta las orejas.

Lucerys rió con ganas mientras caminaba hacia el barco, deteniéndose solo para lanzarle una última mirada cargada de devoción.

—Ao sagon mēro lēkia, sōna sýz —le soltó en un alto valyrio fluido, un cumplido que hizo que Aemond bajara la mirada—. Avy jōmōtan, lēkia. Kesan rāntan aōha ānogar. (—Eres mi único amor, mi dulce nieve. Te amo. Volveré a tus abrazos.)

Pero bien lo había dicho el príncipe, el mar es caprichoso…el mar aveces da y aveces quita…

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Han escuchado en el muelle de San Blas ?

19/03/2026

Lamento tanto no estar actualizando, tengo muchas cosas escritas pero aún son ideas, estoy saturada de pendientes, de la uni y el trabajo 😭😭

 Anterior • https://www.facebook.com/share/p/182rzFHkDa/?mibextid=wwXIfrLa lluvia se había vuelto más suave, las gotas c...
08/03/2026



Anterior • https://www.facebook.com/share/p/182rzFHkDa/?mibextid=wwXIfr

La lluvia se había vuelto más suave, las gotas caían lentamente desde los aleros de la taberna y golpeaban el barro del suelo con un sonido apagado con el aire aún oliendo a tierra mojada y vino derramado.

Aerion seguía sentado en el suelo.

La capa de Duncan le cubría los hombros y parte del cuerpo rasgado de su vestido, sus manos temblaban mientras intentaba sostener la tela cerrada sobre su pecho.

Duncan se acercó con cautela.

Los hombres que habían intentado atacarlo yacían inconscientes cerca de la pared y el caballero ni siquiera los miró pues su atención estaba en el príncipe.

—Alteza… —dijo con voz baja.

Extendió una mano para ayudarlo a levantarse, pero apenas sus dedos estuvieron cerca de tocarlo, Aerion reaccionó como si lo hubieran quemado.

—¡No me toques!

Su voz salió quebrada y furiosa al mismo tiempo, Duncan se detuvo de inmediato, Aerion levantó la mirada hacia él con los ojos rojos por el llanto y la humillación.

—¡No me toques! —repitió, retrocediendo.

Duncan dio un paso atrás y luego levantó ambas manos, mostrando las palmas en señal de paz.

—Está bien, alteza— No había reproche en su voz, solo calma.

Aerion se puso de pie con dificultad, tambaleándose ligeramente y ajustó la capa con torpeza para cubrirse mejor, evitando mirar al caballero y sin decir una palabra más, comenzó a caminar.

Duncan lo observó alejarse unos pasos.

El príncipe caminaba hacia el camino principal, hacia el castillo supuso.

El caballero suspiró con resignación y luego lo siguió a una distancia prudente.

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Aerion caminaba con los ojos clavados en el suelo, con el frío comenzando a atravesar la capa húmeda, pero el apenas y lo sentía, su mente estaba en otra parte.

Qué estúpido fui.

Las palabras resonaban una y otra vez en su cabeza.

Pensar que Valarr…
¿Cómo pude creer algo tan ridículo?

Recordó cómo se había vestido esa noche.

La seda, los bordados, el tiempo que se tomó frente al espejo.

Parecía un id**ta.

Un omega desesperado buscando atención, Valarr jamás lo vería de esa forma, nunca.

Eres como mi hermanito.

Las palabras volvieron a su mente como un cuchillo, Aerion tragó saliva con dificultad, pensando y pensando…

Ridículo.
Patético.

Ni siquiera vio la piedra en el camino y su pie tropezó y cayo,el barro salpicó la capa.

Durante unos segundos no se movió… y como si algo dentro de él finalmente se rompiera…Comenzó a llorar otra vez, más fuerte y más desesperado.

Se quedó allí, en el camino embarrado, con las manos sobre el rostro mientras los sollozos sacudían su cuerpo.

Duncan se detuvo unos pasos atrás y lo observó en silencio.

Le dio un momento, contó hasta cinco, pero cuando los sollozos del príncipe no cesaron…Se acercó.

Aerion apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando dos brazos fuertes lo levantaron del suelo.

—¡Suéltame!

Pero Duncan ya lo había alzado por la cintura, Aerion intentó empujarlo y pataleó incluso, pero el caballero era demasiado fuerte y con un solo movimiento lo subió al caballo.

—¡Te dije que me soltaras!

Duncan tomó las riendas del animal.

—Mi deber como caballero —dijo con voz tranquila— es cuidar de los príncipes.

No agregó nada más, simplemente comenzó a caminar guiando al caballo.

El resto del camino transcurrió en silencio, Aerion dejó de llorar después de un rato y se limitó a mirar la espalda ancha del caballero mientras este avanzaba por el sendero húmedo.

La lluvia finalmente había cesado y la luna comenzaba a aparecer entre las nubes.

Aerion frunció ligeramente el ceño, recordaba vagamente a ese caballero.

Su hermano menor Aegon, había desaparecido durante meses, cuando finalmente regresó… volvió calvo y acompañado por un enorme pordiosero.

Ese mismo pordiosero, Duncan.

Por alguna razón incomprensible, Aegon había insistido hasta el cansancio para que lo nombraran caballero.

Un capricho del pequeño alfa revoltoso.

Aerion siempre había pensado que era ridículo.

Ahora observaba al mismo hombre caminando bajo la luna, guiando el caballo con paciencia.

Rápidamente quitó esos pensamientos de su cabeza y concentró su mirada en la luna, la hermosa luna sobre ellos.

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Las torres de la Fortaleza Roja finalmente aparecieron en el horizonte con las antorchas ardiendo en las murallas.

Los guardias patrullaban las puertas y cuando vieron acercarse el príncipe, el alboroto fue inmediato.

—¡El príncipe Aerion!

Las puertas se abrieron rápidamente, Duncan ayudó al príncipe a bajar del caballo, Aerion apenas y había tocado el suelo cuando una figura se acercó corriendo.

—¡Aerion!— Su padre, el príncipe Maekar lo abrazó con fuerza, sujetándolo por los hombros mientras lo examinaba con angustia.

—¿Qué te pasó? —preguntó con voz grave— ¿Por qué estás así?

Aerion bajó la mirada y más figuras se acercaban, el rey Baelor, Daeron y Valarr, todos observándolo.

Maekar habló de nuevo.

—Suspendimos la celebración…Nos dijeron que tú y un caballero habían salido del castillo…Pensé que algo terrible había ocurrido.

Duncan dio un paso adelante con intensiones de hablar, pero Aerion lo interrumpió.

—Solo… salí a tomar aire, solo me caí del caballo y mi ropa se arruinó…

Su voz estaba más fría ahora.

Miró brevemente a su padre, luego a su hermano y finalmente a Valarr con su expresión endureciéndose un poco.

—Sir Duncan me ayudó mucho.

No explicó más puesto que no quería hacerlo y no frente a ellos, especialmente no frente a Valarr.

Aerion se ajustó la capa sobre su cuerpo y se despidió con un suave —Quiero descansar.

Y comenzó a caminar hacia el interior del castillo, antes de irse, se detuvo frente al caballero y durante un segundo que pareció dudar.

Murmuró un apenas audible —Gracias.

El caballero inclinó la cabeza y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Duncan también estaba listo para retirarse, pero dos voces lo detuvieron.

—Sir Duncan.

El rey Baelor y Maekar lo detuvieron, ambos lo observaban con atención.

—Explique —ordenó Maekar— qué ocurrió exactamente.

El estómago de Duncan se tensó.

Dioses…

No estaba preparado para esto pero se aclaró la garganta.

—Yo… —comenzó— vi al príncipe salir del castillo sin escolta.

Los hombres escuchaban en silencio.

—Pensé que no iría lejos —continuó— pero cuando seguí el camino encontré su caballo… regresando solo.

El ceño de Maekar se frunció.

—Entonces fui a buscarlo —dijo Duncan rápidamente— y lo encontré… con problemas —Se detuvo un segundo —Unos alfas lo estaban atacando.

El silencio se volvió pesado.

—Pero no pasó a mayores —añadió enseguida— llegué a tiempo.

Los ojos del rey se suavizaron un poco al igual que los de Maekar.

—El príncipe estaba muy agobiado…— Miró brevemente hacia el pasillo por donde Aerion había desaparecido —Creo que sería mejor que lo dejaran descansar.

Baelor asintió lentamente.

—Ha hecho bien, caballero.

Maekar también.

—Le debemos gratitud.

Duncan hizo una reverencia profunda.

—Solo cumplí con mi deber.

—Puede retirarse —dijo el rey.

Duncan se dio la vuelta.

Mientras caminaba por los pasillos del castillo una imagen regresó a su mente…Los ojos del príncipe.

Rojos.

Llenos de lágrimas.

Y una tristeza que Duncan no había sabido cómo consolar, pero que estaba más que dispuesto a llenar.

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Son los únicos dos capítulos que tengo listos, espero les guste…

  El castillo brillaba esa noche como si el mismo fuego de los dragones ardiera en cada una de sus torres, las antorchas...
08/03/2026



El castillo brillaba esa noche como si el mismo fuego de los dragones ardiera en cada una de sus torres, las antorchas iluminaban los pasillos de piedra y la música comenzaba a llenar el gran salón mientras sirvientes corrían de un lado a otro preparando el banquete, pues una noticia se había extendido por toda la corte desde la mañana:

El rey tenía un anuncio importante.

Aerion Targaryen permanecía frente al espejo de su habitación observando su reflejo con una mezcla de nerviosismo y esperanza, su cabello plateado caía como una cascada brillante sobre sus hombros, recién cepillado y había elegido un vestido de color negro bordado con hilos rojos y dorados que recordaban las llamas de la casa Targaryen, el cuello alto realzaba la delicadeza de su rostro y la fina cadena de oro descansaba sobre su pecho.

Nunca se había vestido con tanto cuidado.

—¿No es demasiado? —murmuró nervioso, alisando la tela por décima vez.

La doncella negó con una reverencia dejando escapar una sonrisa mal disimulada.

—Su alteza se ve magnífico.

Aerion bajó la mirada, incapaz de ocultar la sonrisa que comenzaba a formarse en sus labios, pues durante los últimos días, Valarr había estado buscándolo con frecuencia, sacándole conversaciones casuales en los jardines y dando paseos inesperados por los pasillos con preguntas extrañas.

Sobre el matrimonio.

Sobre las parejas jóvenes.

Sobre la vida en la corte después de un enlace.

Cada palabra había alimentado una ilusión que Aerion había guardado con celo en su pecho desde que era solo un niño..Porque en su mente, todo tenía sentido.

Valarr era su primo… pero en la casa Targaryen eso nunca había sido un obstáculo, pues los matrimonios entre parientes eran costumbre y casi una tradición.

Y él era un omega, un omega hermoso y de sangre valyria.

El corazón de Aerion latía con fuerza, pues no podía estar más contento.

—Esta noche… —susurró para sí mismo— me convertiré en el consorte del heredero…

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El gran salón estaba lleno cuando Aerion llegó robándose una que otra mirada de caballeros y lores que no le interesaban.

Nobles, caballeros y damas ocupaban largas mesas iluminadas por candelabros de plata y el aroma de carnes asadas y vino especiado flotaba en el aire mientras músicos tocaban melodías alegres.

Pero Aerion apenas veía algo de eso, sus ojos buscaban con desespero a una sola persona.

Y lo encontró.

Valarr estaba cerca del trono, vestido con una capa carmesí bordada con dragones negros, luciendo alto, elegante y con el cabello muy bien arreglado.

Aerion sintió calor en el pecho cuando Valarr se volvió en ese momento… y sus miradas se encontraron, el príncipe mayor le dedicó una sonrisa breve.

Aerion sintió que el corazón se le detenía.

Era una señal, tenía que serlo.

La música cesó de repente cuando el rey se levantó de su trono y el murmullo del salón desapareció.

—Mis lores y damas —anunció con voz firme— Esta noche celebramos una unión que fortalecerá nuestra casa y el futuro del reino.

Aerion juntó las manos con fuerza cuando sintió que la respiración se le volvió superficial.

El rey continuó:

—Mi hijo, el príncipe Valarr Targaryen ha elegido a su futuro consorte.

Los ojos de Aerion se llenaron de luz, antes de escuchar las palabras que rompieron su corazón.

—El príncipe Daeron Targaryen se unirá al príncipe Valarr en dos lunas más, hay que celebrar esta unión…

El silencio duró apenas un segundo y luego el salón estalló en aplausos.

Pero para Aerion… el ruido desapareció, todo se volvió lejano…Irreal.

Su mirada se movió lentamente hacia el lugar donde estaba su hermano mayor.

Daeron.

Daeron, que ahora estaba siendo felicitado por nobles y damas, Daeron… que sonreía con elegancia mientras Valarr tomaba su mano y dejaba un casto beso en ella.

Aerion sintió que algo dentro de él se rompía.

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Pasó el resto del anuncio como un fantasma, apenas y recordaba cómo había salido del salón, solo sabía que necesitaba hablar con Valarr, necesitaba entender.

Lo encontró finalmente en un corredor lateral, lejos de la música y las celebraciones.

—Valarr, primo…

El príncipe se volvió q verlo con una sonrisa.

—Aerion, te estaba buscando.

—¿Por qué?— El golpe de palabras salió antes de que pudiera detenerlas.

—¿Por qué qué?— Valarr frunció el ceño sin comprender q que se refería el príncipe.

Aerion dio un paso adelante, con sus ojos brillando de lágrimas que se negaban a caer.

—Creí que… —su voz tembló— creí que ibas a pedírmelo a mí.

Valarr parpadeó, sorprendido, casi soltando una risa.

—Aerion…

—¡También soy un omega! —exclamó el príncipe, con su voz quebrándose— ¡Sería incluso un mejor consorte que Daeron! ¡Siempre he estado a tu lado!

El silencio se volvió pesado cuando Valarr suspiró lentamente y cuando habló, su voz fue suave… pero firme.

—Aerion… nunca pensé que interpretaras mis palabras y mis intensiones de esa manera.

El corazón del príncipe plateado se encogió.

—Para mí —continuó Valarr— siempre has sido como mi hermanito — Cada palabra fue como una cuchilla para Aerion —Te quiero —dijo— pero no de esa forma.

Aerion sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—Además —agregó Valarr— pronto Daeron será mi esposo… y cuando seamos coronados será tu reina y por eso debes respetarlo, respetar este compromiso…

Eso fue lo que lo rompió, Aerion lo empujó con ambas manos, no fue fuerte pero si lo suficiente para apartarlo.

—¡No necesito que me digas a quién respetar! ¡Tu no eres mi rey!

Y antes de que Valarr pudiera responder…Aerion salió corriendo.

sin saber que un par de ojos lo siguieron desde el extremo del pasillo, un caballero alto apoyado contra la pared había observado toda la escena en silencio.

El joven príncipe pasó frente a él sin verlo.

Pero el caballero sí vio algo, pues las lágrimas que corrían por su rostro precioso eran imposibles de no notarlas.

____________________•••______________________

Aerion atravesó los jardines como una tormenta, los guardias apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando saltó sobre uno de los caballos del establo.

—¡Príncipe!

Pero Aerion ya estaba cabalgando con el viento golpeando su rostro mientras las lágrimas se mezclaban con la lluvia que comenzaba a caer.

No sabía a dónde iba, solo quería escapar…escapar del castillo, de Valarr…De esa humillación.

Un trueno estalló en el cielo, haciendo que el caballo se asustara violentamente.

—¡No!— Gritó Aerion cuando el caballo se alzó en dos patas dejándolo caer.

Golpeó el suelo con fuerza y rodó entre el barro, pero cuando levantó la vista, aturdido, vio al caballo huir por el camino.

—¡Regresa!— Le gritó, pero el animal ya desaparecía entre la lluvia.

Se abrazó así mismo intentando acomodar la capa vieja que llevaba, empezando q caminar sin rumbo.

La taberna apareció como una sombra al borde del camino, Aerion se cubrió con la capa y entró, el olor a vino, sudor y humo lo golpeó de inmediato.

Nadie prestó demasiada atención a la figura cubierta que se sentó en la barra, pero quizás su olor ya lo había delatado.

—Vino —murmuró, luego fue otro y otro.

La noche comenzó a volverse borrosa, por primera vez en su vida…Aerion se emborrachado de verdad.

Cuando finalmente se levantó para irse, apenas podía caminar recto, la lluvia había empeorado afuera pero aún así salió.

No vio las sombras que se movían hasta que fue demasiado tarde…Cuatro hombres, todos alfas.

Uno de ellos lo empujó contra una pared húmeda intimidando al borracho príncipe.

—¿Qué tenemos aquí?

Otro tiró de su capa, cuando la tela cayó el silencio que siguió fue diferente y uno de ellos sonrió.

—Miren eso…— Dijo, con los ojos recorrieron el cabello plateado —Un príncipe.

—Déjenme —gruñó Aerion, intentando empujarlos, pues el miedo atravesó la niebla del alcohol.

Pero eran más fuertes, uno lo sujetó contra la pared mientras otro rasgaba su vestido, la tela se abrió dejando descubierta la piel de sus hombros y el pecho del príncipe.

Aerion luchó, arañó, golpeó, pataleó y gritó, pero poco a poco lo fueron sometiendo.

El frío de la noche tocó su piel expuesta y por primera vez…Tuvo miedo de verdad.

—Por favor— Dijo entre lágrimas, entonces se escuchó un golpe, gritos y luego muchos más…

Los hombres soltaron maldiciones mientras alguien más entraba en la pelea, puños, impactos y cuerpos contra la pared, todo ocurrió demasiado rápido.

Cuando el silencio volvió, Aerion estaba temblando en el suelo.

Intentó cubrir su desnudez con los restos de su ropa y levantó la vista lentamente, una figura enorme estaba de pie entre los hombres inconscientes.

Empapado por la lluvia, respirando con fuerza.

El caballero se volvió hacia él y la luz de la taberna iluminó su rostro.

Aerion parpadeó, intentando enfocar.

El caballero lo observó en silencio, luego se quitó su capa y la colocó suavemente sobre los hombros del príncipe.

—¿…Ser Duncan?

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Es mi primer historia de esta pareja, se amable y déjame saber qué te parece 🥺🫶🏼

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