12/04/2026
⭕ #𝗖𝗼𝗹𝘂𝗺𝗻𝗮𝗗𝗲𝗢𝗽𝗶𝗻𝗶𝗼𝗻¡
𝗗𝗶𝗽𝘂𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗙𝗲𝗹𝗶𝗽𝗲 𝗙𝗲𝗿𝗿𝗼¡
El carnaval de la impunidad: de Itagüí a la Casa de Nariño
Hay imágenes que resumen a la perfección la esencia y el fracaso de un gobierno, y la reciente fiesta de los capos del crimen organizado en la cárcel de Itagüí es, sin duda, el retrato hablado del petrismo. Mientras el ciudadano de a pie, el comerciante y el trabajador madrugan con miedo a la extorsión y al sicariato, los cabecillas de las peores bandas criminales cobijados bajo la farsa de la "paz urbana" celebran con excesos y total desvergüenza frente a las narices del Estado. Ya no hay autoridad, hay una claudicación absoluta. Bajo la mirada cómplice del Gobierno, las cárceles en Colombia dejaron de ser centros de reclusión para convertirse en clubes sociales privados, financiados con la sangre de las víctimas y avalados por el Alto Comisionado para la Paz.
Pero el festín de la impunidad no se limita a los patios carcelarios; se extiende como una plaga por nuestros campos. Mientras en Medellín los delincuentes arman parrandas, en la ruralidad terroristas como alias "Calarcá", cabecilla de las disidencias de las FARC, siguen consolidando sus imperios mafiosos. Bajo el escudo protector de la mal llamada "Paz Total" y amparado en ceses al fuego que solo han servido para maniatar a nuestra Fuerza Pública, este delincuente sigue extorsionando, traficando y paseándose libremente. El Gobierno Petro decidió otorgarle estatus político a un sanguinario, demostrando que en esta administración el crimen no se combate, se premia y se legitima.
Y si a los criminales que empuñan el fusil les va bien, a los delincuentes de cuello blanco del círculo íntimo del Presidente les va mucho mejor. En la Colombia del Pacto Histórico, la justicia parece operar a dos velocidades: implacable contra la oposición y vergonzosamente paralizada para los amigos del régimen. Resulta indignante ver cómo el exministro de Hacienda Ricardo Bonilla, salpicado hasta el cuello en el asqueroso saqueo a la UNGRD, pasea libre e intocable mientras el país exige respuestas. A esta burla monumental se le suma el escandaloso retiro de la circular roja de Interpol a José Ramón González prófugo de la justicia escondido bajo el amparo de la dictadura de Ortega en Nicaragua. Han puesto el aparato estatal al servicio del lavado de prontuarios, confirmando que, en este gobierno, ser criminal paga siempre que se sea leal a la Casa de Nariño.
La mal llamada "Paz Total" fracasó porque nunca fue una política para pacificar a Colombia; fue, desde el día uno, un salvoconducto para la criminalidad. Gustavo Petro humilló a nuestras Fuerzas Militares mientras se sentaba a negociar la soberanía con los peores verdugos de la sociedad.
Afortunadamente, este carnaval del cinismo tiene los días contados. En pocas semanas, las urnas nos darán la oportunidad de recuperar la dignidad nacional votando por la fórmula de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. Con la firmeza de Paloma, se les acabará la fiesta a los narcos en las cárceles, a los terroristas en las montañas y a los corruptos en Bogotá. Colombia tocó fondo, pero estamos listos para recuperar el orden, la ley y la libertad.