15/05/2026
DOCENTES DE LA FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES — FACIEN Y GRADUADOS FACIEN QUE EJERCEN LA DOCENCIA
Desde la Asociación de Egresados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales —LA FACIEN—, me permito enviar un saludo profundamente respetuoso, humano y lleno de gratitud a todos los docentes de nuestra Facultad, así como a los graduados FACIEN que hoy ejercen esa noble, exigente y casi heroica misión de enseñar.
Ser docente en ciencias exactas y naturales no es simplemente explicar una fórmula, desarrollar un laboratorio, resolver una ecuación, orientar una práctica o calificar un parcial. Ser docente es mucho más que eso. Es llegar al aula con la paciencia en modo infinito, el café haciendo milagros cardiovasculares, la voz resistiendo como función continua y la esperanza intacta de que, algún día, un estudiante mire una integral, una derivada, una célula, una partícula, una distribución estadística, una ecuación diferencial o un fenómeno natural y no diga únicamente: “profe, ¿eso para qué sirve?”, sino que pueda expresar con brillo en los ojos: “profe, ahora entiendo un pedacito de la vida”.
Enseñar en FACIEN es demostrar, todos los días, que incluso cuando la realidad parece no tener solución, siempre se puede intentar por sustitución, por partes, por inducción, por contradicción o, en el peor de los casos, por pura dignidad académica. Es comprender que la docencia no siempre ofrece caminos rectos, pero sí permite formar seres humanos capaces de construirlos.
A ustedes, docentes, les ha correspondido formar generaciones en medio de fotocopias borrosas, computadores que a veces se congelan como si estuvieran en paro indefinido, plataformas que fallan justo cuando más se necesitan, estudiantes que descubren el parcial cinco minutos antes de presentarlo, presupuestos que tienden peligrosamente a cero y reuniones que, por alguna razón misteriosa, suelen durar más que una demostración completa del teorema central del límite.
Y aun así siguen.
Siguen explicando.
Siguen corrigiendo.
Siguen creyendo.
Siguen insistiendo.
Siguen orientando.
Siguen abriendo caminos donde otros solo ven limitaciones, cansancio o falta de recursos.
Eso, en términos matemáticos, no es una función cualquiera. Es una función de resistencia, definida sobre el dominio de la vocación, con rango en la transformación social y con una derivada positiva cada vez que un estudiante comprende, avanza, se supera y descubre que el conocimiento también puede ser una forma de libertad.
A los graduados FACIEN que hoy ejercen la docencia, quiero decirles que ustedes son prueba viva de que esta Facultad no solo entrega títulos: entrega carácter, disciplina, sensibilidad y capacidad de servicio. Ustedes llevan consigo la marca de quienes pasaron por aulas donde se aprendía no solo a resolver problemas, sino a no rendirse ante ellos. Cada clase que dictan, cada estudiante que orientan, cada explicación que repiten con paciencia después de haberla explicado tres veces, constituye una forma silenciosa, pero poderosa, de devolverle a la sociedad lo que la universidad pública sembró en ustedes.
La docencia tiene algo de humor negro, y quienes enseñan lo saben bien: uno entrega la vida formando cerebros ajenos mientras el propio sobrevive con café, evaluaciones, informes, correos institucionales, reuniones, plataformas académicas y la fe inexplicable de que el próximo semestre sí será más tranquilo. Mentira piadosa. El próximo semestre llega con más grupos, más compromisos, más informes, más correos y más estudiantes preguntando con absoluta serenidad si todavía hay plazo para entregar lo que era para ayer.
Pero la docencia también tiene algo sagrado. Nadie que haya enseñado con amor se va completamente de este mundo. El verdadero maestro queda repartido en la memoria de sus estudiantes, en sus decisiones, en sus trabajos, en sus investigaciones, en sus familias, en sus comunidades y en cada acto profesional donde aparece, sin que se note, una frase, un consejo, una exigencia o una explicación que alguna vez recibió en el aula.
Un verdadero docente no desaparece: se convierte en constante universal en la vida de otros.
Por eso, en este día, desde LA FACIEN queremos reconocer que su labor no pasa inadvertida. Cada clase que ustedes preparan sostiene una parte invisible de la Universidad. Cada palabra de ánimo puede salvar una vocación. Cada exigencia justa puede formar disciplina. Cada corrección honesta puede cambiar una vida. Cada docente que no se rinde mantiene encendida la llama de una Facultad que merece crecer, fortalecerse y ser reconocida por la grandeza de su gente.
Sigan enseñando, aunque a veces duela.
Sigan formando, aunque a veces canse.
Sigan sembrando, aunque no siempre vean la cosecha.
Sigan creyendo, aunque el sistema muchas veces parezca diseñado por alguien que jamás conoció la belleza de una buena clase de matemáticas.
Porque mientras exista un docente FACIEN explicando con pasión, un graduado enseñando con orgullo y un estudiante descubriendo que pensar también es una forma de emanciparse, esta Facultad seguirá teniendo futuro.
A todos ustedes, maestros de las ciencias, de la paciencia, de la resistencia y de la esperanza: gracias por hacer de la docencia una ecuación profundamente humana, donde el conocimiento suma, la ignorancia resta, la vocación multiplica y el amor por enseñar jamás se divide.
Con admiración, gratitud y respeto,
ASOCIACIÓN DE EGRESADOS FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES UNIVERSIDAD Universidad Surcolombiana "LA FACIEN"