13/12/2025
En esta navidad muchos niños recibirán un celular como si fuera un juguete más, sin que sus padres puedan medir lo que eso implica.
A simple vista el "celu" parece inofensivo: los hijos se entretienen, se quedan quietos, “no molestan”. Pero detrás de la pantalla se están formando hábitos que pueden traer consecuencias serias.
Un niño no tiene la madurez emocional para manejar el exceso de estímulos, la comparación constante, los contenidos que no siempre son adecuados ni la dependencia que se crea poco a poco. El celular puede afectar su atención, su forma de relacionarse, su paciencia y hasta su capacidad de aburrirse, que es clave para la creatividad.
Además, se pierde algo irremplazable: el juego real, la conversación, el tiempo en familia, el aprender a resolver conflictos cara a cara. Un niño con un celular en la mano muchas veces está callado, pero no necesariamente está bien.
La tecnología no es el enemigo, el problema es usarla sin límites y sin acompañamiento. Un celular no debería reemplazar la crianza, el afecto ni la presencia de los adultos. Porque lo que hoy parece una solución rápida, mañana puede convertirse en un problema difícil de corregir.