11/01/2026
MAGDALENA TELEVISIÓN INVESTIGA
EDITORIAL – DENUNCIA
Encuestas para engañar: cuando el titular se vuelve propaganda
No es una medición. Es una maniobra. La encuesta difundida por Revista Semana y atribuida a AtlasIntel no informa: empuja. No describe la realidad electoral: intenta fabricarla. En un país cansado de encuestas fallidas, este episodio vuelve a encender una alarma conocida: la del uso político del sondeo como arma de percepción.
El titular pretende coronar a Abelardo de la Espriella como líder presidencial. Pero al revisar los datos sin maquillaje, el cuadro es otro: Iván Cepeda aparece con 26,5 % de intención de voto, creciendo sin maquinaria mediática, sin pauta agresiva y sin el respaldo de grandes conglomerados. Ese dato —incómodo— es el que el titular intenta sepultar bajo un ruido cuidadosamente amplificado.
La sospecha se vuelve evidencia contextual cuando se observa el resto del cuadro: figuras con reconocimiento nacional y trayectorias políticas consolidadas —Claudia López, Vicky Dávila, Enrique Peñalosa, Daniel Quintero y Mauricio Cárdenas— no superan el 3 %. En contraste, un candidato sin estructura territorial ni campaña formal aparece súbitamente inflado. ¿Medición o inflación inducida?
El problema no es la opinión, es la verosimilitud. Se intenta vender liderazgo donde no hay base social visible; fuerza electoral donde no existe organización; opción real donde apenas hay exposición mediática. A esto se suma un historial público de controversias: declaraciones que han generado rechazo, burlas a símbolos institucionales y vínculos con episodios ampliamente cuestionados en la memoria colectiva, como el caso DMG. Demasiadas inconsistencias para una encuesta que se presenta como “fotografía” del país.
La opacidad metodológica termina de cerrar el círculo: poca claridad sobre la muestra, la segmentación y la representatividad; un momento político conveniente; y un titular diseñado para correr más rápido que las preguntas. No se midió para entender: se publicó para instalar.
En definitiva
Aquí está el punto que incomoda: cuando las encuestas dejan de medir y empiezan a mandar, la democracia retrocede. El titular no eligió; intentó empujar. Y aun así, el dato que persiste —y que no logran borrar— es el crecimiento silencioso de quien no necesita maquillaje. Porque en política, como en la verdad, lo que se infla estalla; lo que crece, permanece.