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MAGDALENA TELEVISIÓN INVESTIGAEDITORIAL – DENUNCIAEncuestas para engañar: cuando el titular se vuelve propagandaNo es un...
11/01/2026

MAGDALENA TELEVISIÓN INVESTIGA

EDITORIAL – DENUNCIA

Encuestas para engañar: cuando el titular se vuelve propaganda

No es una medición. Es una maniobra. La encuesta difundida por Revista Semana y atribuida a AtlasIntel no informa: empuja. No describe la realidad electoral: intenta fabricarla. En un país cansado de encuestas fallidas, este episodio vuelve a encender una alarma conocida: la del uso político del sondeo como arma de percepción.

El titular pretende coronar a Abelardo de la Espriella como líder presidencial. Pero al revisar los datos sin maquillaje, el cuadro es otro: Iván Cepeda aparece con 26,5 % de intención de voto, creciendo sin maquinaria mediática, sin pauta agresiva y sin el respaldo de grandes conglomerados. Ese dato —incómodo— es el que el titular intenta sepultar bajo un ruido cuidadosamente amplificado.

La sospecha se vuelve evidencia contextual cuando se observa el resto del cuadro: figuras con reconocimiento nacional y trayectorias políticas consolidadas —Claudia López, Vicky Dávila, Enrique Peñalosa, Daniel Quintero y Mauricio Cárdenas— no superan el 3 %. En contraste, un candidato sin estructura territorial ni campaña formal aparece súbitamente inflado. ¿Medición o inflación inducida?

El problema no es la opinión, es la verosimilitud. Se intenta vender liderazgo donde no hay base social visible; fuerza electoral donde no existe organización; opción real donde apenas hay exposición mediática. A esto se suma un historial público de controversias: declaraciones que han generado rechazo, burlas a símbolos institucionales y vínculos con episodios ampliamente cuestionados en la memoria colectiva, como el caso DMG. Demasiadas inconsistencias para una encuesta que se presenta como “fotografía” del país.

La opacidad metodológica termina de cerrar el círculo: poca claridad sobre la muestra, la segmentación y la representatividad; un momento político conveniente; y un titular diseñado para correr más rápido que las preguntas. No se midió para entender: se publicó para instalar.

En definitiva

Aquí está el punto que incomoda: cuando las encuestas dejan de medir y empiezan a mandar, la democracia retrocede. El titular no eligió; intentó empujar. Y aun así, el dato que persiste —y que no logran borrar— es el crecimiento silencioso de quien no necesita maquillaje. Porque en política, como en la verdad, lo que se infla estalla; lo que crece, permanece.

11/01/2026

¿Por qué Sonsón es el municipio paisa que más avanza?

Sonsón continúa consolidándose como uno de los municipios con mayor progreso del Oriente antioqueño. Con una inversión cercana a los $2.700 millones, la administración municipal puso en funcionamiento nueva maquinaria amarilla y abrió un nuevo frente de trabajo, alcanzando cuatro frentes activos para el mejoramiento de las vías urbanas y rurales.

Estas acciones permiten fortalecer la conectividad entre veredas y el casco urbano, mejorar la movilidad de campesinos, transportadores y habitantes en general, y aumentar la productividad del territorio, impactando directamente la calidad de vida de las comunidades.

La nueva maquinaria representa un avance clave en la capacidad operativa del municipio, garantizando una atención más eficiente al mantenimiento vial, especialmente en zonas rurales y en temporadas de lluvias.

El alcalde de Sonsón, reconocido como el mejor del Oriente antioqueño, no busca quedarse únicamente con el reconocimiento. Está decidido a refrendar ese liderazgo en 2026, trabajando de la mano de su comunidad, con el respaldo de la Gobernación de Antioquia y el apoyo de la empresa privada, apostándole a un modelo de desarrollo basado en obras, gestión y resultados.

Con hechos concretos y frentes de obra en marcha, Sonsón sigue avanzando y se posiciona como referente de progreso en el departamento.

11/01/2026

¿Por qué Sonsón es el municipio paisa que más avanza?

Sonsón continúa consolidándose como uno de los municipios con mayor progreso del Oriente antioqueño. Con una inversión cercana a los $2.700 millones, la administración municipal puso en funcionamiento nueva maquinaria amarilla y abrió un nuevo frente de trabajo, alcanzando cuatro frentes activos para el mejoramiento de las vías urbanas y rurales.

Estas acciones permiten fortalecer la conectividad entre veredas y el casco urbano, mejorar la movilidad de campesinos, transportadores y habitantes en general, y aumentar la productividad del territorio, impactando directamente la calidad de vida de las comunidades.

La nueva maquinaria representa un avance clave en la capacidad operativa del municipio, garantizando una atención más eficiente al mantenimiento vial, especialmente en zonas rurales y en temporadas de lluvias.

El alcalde de Sonsón, reconocido como el mejor del Oriente antioqueño, no busca quedarse únicamente con el reconocimiento. Está decidido a refrendar ese liderazgo en 2026, trabajando de la mano de su comunidad, con el respaldo de la Gobernación de Antioquia y el apoyo de la empresa privada, apostándole a un modelo de desarrollo basado en obras, gestión y resultados.

Con hechos concretos y frentes de obra en marcha, Sonsón sigue avanzando y se posiciona como referente de progreso en el departamento.

11/01/2026

¿Por qué Sonsón es el municipio paisa que más avanza?

Sonsón continúa consolidándose como uno de los municipios con mayor progreso del Oriente antioqueño. Con una inversión cercana a los $2.700 millones, la administración municipal puso en funcionamiento nueva maquinaria amarilla y abrió un nuevo frente de trabajo, alcanzando cuatro frentes activos para el mejoramiento de las vías urbanas y rurales.

Estas acciones permiten fortalecer la conectividad entre veredas y el casco urbano, mejorar la movilidad de campesinos, transportadores y habitantes en general, y aumentar la productividad del territorio, impactando directamente la calidad de vida de las comunidades.

La nueva maquinaria representa un avance clave en la capacidad operativa del municipio, garantizando una atención más eficiente al mantenimiento vial, especialmente en zonas rurales y en temporadas de lluvias.

El alcalde de Sonsón, reconocido como el mejor del Oriente antioqueño, no busca quedarse únicamente con el reconocimiento. Está decidido a refrendar ese liderazgo en 2026, trabajando de la mano de su comunidad, con el respaldo de la Gobernación de Antioquia y el apoyo de la empresa privada, apostándole a un modelo de desarrollo basado en obras, gestión y resultados.

Con hechos concretos y frentes de obra en marcha, Sonsón sigue avanzando y se posiciona como referente de progreso en el departamento.

Leamos en domingoEDITORIALAntioquia no perdió recursos: perdió el control
10/01/2026

Leamos en domingo

EDITORIAL

Antioquia no perdió recursos: perdió el control

Leamos en Domingo

EDITORIAL

Antioquia no perdió recursos: perdió el control

Introducción

Cuando el poder regional levanta la voz para hablar de persecución, conviene mirar primero las cifras. En Antioquia, el ruido político no nació de la ausencia de recursos del Gobierno Nacional, sino del fin de una práctica largamente tolerada: el manejo discrecional del dinero público. No hubo castigo. Hubo control. Y eso, para algunos, resulta insoportable.

Las cifras que desmontan el relato

En 2025, la principal ayuda social del Gobierno Nacional para los antioqueños se concentró en la expansión del programa Colombia Mayor, que elevó el subsidio mensual a $230.000 para los adultos mayores. Una decisión con impacto directo en miles de hogares que durante décadas fueron invisibles para la política regional.

A este esfuerzo se sumaron programas como Renta Ciudadana, además de mayores asignaciones presupuestales para servicios básicos, educación y salud en los municipios del departamento.

En el sector salud, los números son irrefutables: cerca de $600.000 millones de pesos adicionales llegaron a Antioquia, por fuera de las transferencias regulares. Estos recursos se tradujeron en ambulancias, personal médico para zonas rurales, inversión en infraestructura hospitalaria y apoyo financiero para evitar la quiebra de hospitales públicos. Medio billón de pesos no es abandono; es presencia del Estado.

La educación también recibió respaldo. Más de $165.000 millones de pesos fueron destinados a infraestructura educativa, junto con procesos de fortalecimiento institucional a través de la ESAP. La Universidad de Antioquia, referente nacional de la educación pública, recibió apoyo constante del Gobierno Nacional. Solo a comienzos de 2026, la Nación giró $70.000 millones para su funcionamiento. Insuficientes para cerrar su déficit estructural, sí; inexistentes, no.

En infraestructura, los proyectos avanzaron pese al ruido político: el segundo Túnel de Oriente, inversiones viales estratégicas y reconstrucción de sedes educativas continuaron su marcha. Las obras no se detuvieron; simplemente dejaron de ser banderas electorales.

El verdadero punto de quiebre

La molestia no estuvo en la inversión, sino en el método. El Gobierno Nacional decidió redirigir los recursos por canales técnicos y con mayor trazabilidad, evitando la intermediación política regional. No fue una retaliación: fue una decisión fiscal y ética. Antioquia no fue castigada; fue sacada del circuito del desorden administrativo.

Final

Aquí está la verdad que incomoda: cuando el dinero deja de ser botín, el poder se siente perseguido. Las cifras no hacen discursos ni conceden entrevistas, pero dicen algo devastador: Antioquia no perdió recursos. Perdió el control sobre ellos. Y para quienes confundieron gobernar con administrar chequeras, esa pérdida se siente como una derrota histórica.

Leamos en  Domingo EDITORIALAntioquia no perdió recursos: perdió el controlIntroducciónCuando el poder regional levanta ...
10/01/2026

Leamos en Domingo

EDITORIAL

Antioquia no perdió recursos: perdió el control

Introducción

Cuando el poder regional levanta la voz para hablar de persecución, conviene mirar primero las cifras. En Antioquia, el ruido político no nació de la ausencia de recursos del Gobierno Nacional, sino del fin de una práctica largamente tolerada: el manejo discrecional del dinero público. No hubo castigo. Hubo control. Y eso, para algunos, resulta insoportable.

Las cifras que desmontan el relato

En 2025, la principal ayuda social del Gobierno Nacional para los antioqueños se concentró en la expansión del programa Colombia Mayor, que elevó el subsidio mensual a $230.000 para los adultos mayores. Una decisión con impacto directo en miles de hogares que durante décadas fueron invisibles para la política regional.

A este esfuerzo se sumaron programas como Renta Ciudadana, además de mayores asignaciones presupuestales para servicios básicos, educación y salud en los municipios del departamento.

En el sector salud, los números son irrefutables: cerca de $600.000 millones de pesos adicionales llegaron a Antioquia, por fuera de las transferencias regulares. Estos recursos se tradujeron en ambulancias, personal médico para zonas rurales, inversión en infraestructura hospitalaria y apoyo financiero para evitar la quiebra de hospitales públicos. Medio billón de pesos no es abandono; es presencia del Estado.

La educación también recibió respaldo. Más de $165.000 millones de pesos fueron destinados a infraestructura educativa, junto con procesos de fortalecimiento institucional a través de la ESAP. La Universidad de Antioquia, referente nacional de la educación pública, recibió apoyo constante del Gobierno Nacional. Solo a comienzos de 2026, la Nación giró $70.000 millones para su funcionamiento. Insuficientes para cerrar su déficit estructural, sí; inexistentes, no.

En infraestructura, los proyectos avanzaron pese al ruido político: el segundo Túnel de Oriente, inversiones viales estratégicas y reconstrucción de sedes educativas continuaron su marcha. Las obras no se detuvieron; simplemente dejaron de ser banderas electorales.

El verdadero punto de quiebre

La molestia no estuvo en la inversión, sino en el método. El Gobierno Nacional decidió redirigir los recursos por canales técnicos y con mayor trazabilidad, evitando la intermediación política regional. No fue una retaliación: fue una decisión fiscal y ética. Antioquia no fue castigada; fue sacada del circuito del desorden administrativo.

Final

Aquí está la verdad que incomoda: cuando el dinero deja de ser botín, el poder se siente perseguido. Las cifras no hacen discursos ni conceden entrevistas, pero dicen algo devastador: Antioquia no perdió recursos. Perdió el control sobre ellos. Y para quienes confundieron gobernar con administrar chequeras, esa pérdida se siente como una derrota histórica.

EDITORIAL | Magdalena Televisión InvestigaLa coca, el espejo retrovisor y la mentira que no resistió las cifras
09/01/2026

EDITORIAL | Magdalena Televisión Investiga

La coca, el espejo retrovisor y la mentira que no resistió las cifras

EDITORIAL | Magdalena Televisión Investiga

La coca, el espejo retrovisor y la mentira que no resistió las cifras

En Colombia, la discusión sobre los cultivos de coca nunca ha sido solo un asunto técnico. Es, sobre todo, una disputa por el relato, por la memoria y por la responsabilidad política. Y cuando las cifras contradicen al poder, lo que suele activarse no es la autocrítica, sino el ruido.

El reciente cruce entre el presidente Gustavo Petro y el expresidente Iván Duque volvió a desnudar una verdad incómoda que algunos sectores han intentado borrar a punta de titulares selectivos y acusaciones ideológicas: el mayor crecimiento de cultivos de coca en la historia del país ocurrió antes de 2022, durante el gobierno que hoy intenta presentarse como víctima del “desorden actual”.



Una guerra repetida, un fracaso anunciado

Durante más de cuatro décadas, Colombia ha sido laboratorio de la llamada “guerra contra las drogas”. Erradicación forzada, militarización del territorio, persecución al campesino pobre y aplausos internacionales. El libreto se repitió gobierno tras gobierno, con una constante: el negocio nunca se tocó.

El gobierno de Iván Duque (2018–2022) profundizó ese modelo. Se debilitó la sustitución voluntaria de cultivos contemplada en el Acuerdo de Paz y se volvió a vender la idea de que arrancar matas era sinónimo de derrotar al narcotráfico. Los resultados fueron exactamente los contrarios a los prometidos.



Las cifras que desmontan el discurso

Los datos oficiales, esos que no dependen de ideología sino de hectáreas medidas, son claros:
• En 2021, los cultivos de coca crecieron 43 %.
• En 2022, cuando Gustavo Petro aún no había asumido la Presidencia, crecieron 13 %, lo que equivale a 68.000 hectáreas adicionales.
• El balance final fue demoledor: 230.000 hectáreas de coca, la cifra más alta registrada en toda la historia de Colombia, alcanzada en el último año del gobierno Duque.

No es una interpretación política. Es un récord histórico.



Medios, silencios y el chivo expiatorio

Aquí aparece un actor que rara vez entra al banquillo: los grandes medios de comunicación tradicionales. Muchos de ellos, propiedad o aliados de los mismos sectores políticos y económicos que respaldaron sin fisuras al gobierno Duque.

Desde allí se intentó tapar verdades incómodas, minimizar el crecimiento récord de la coca y construir una narrativa conveniente: culpar al Gobierno actual de un problema heredado.
Se necesitaba un chivo expiatorio, y Petro cumplía el perfil perfecto.

Pero la jugada fue torpe. Las cifras ya estaban publicadas. Y cuando se contrastan los discursos con los datos, la mentira se cae por su propio peso.



El giro que incomoda: atacar el negocio, no al campesino

El gobierno de Gustavo Petro ha planteado algo que incomoda a muchos intereses: que el problema no es la mata, sino el negocio; que erradicar sin alternativas solo desplaza el cultivo; y que la verdadera lucha está en perseguir las finanzas del narcotráfico, no en criminalizar al campesino.

Ese cambio de enfoque no explica el récord histórico de coca. Lo explica el fracaso del modelo anterior. Por eso el debate no es técnico. Es político. Y por eso se responde con insultos cuando los números no favorecen.



Cierre editorial

En Colombia, la coca no creció por discursos progresistas ni por falta de erradicación.
Creció bajo gobiernos que prometieron mano dura y entregaron cifras récord.

Hoy, mientras algunos levantan la voz para no responder por su legado, los números siguen ahí, tercos, inamovibles.
En Magdalena Televisión Investiga lo decimos sin rodeos:

la historia no se borra con titulares,
la verdad no se erradica con propaganda,
y el récord de coca tiene responsables, no excusas.





EDITORIAL | Magdalena Televisión InvestigaLa coca, el espejo retrovisor y la mentira que no resistió las cifrasEn Colomb...
09/01/2026

EDITORIAL | Magdalena Televisión Investiga

La coca, el espejo retrovisor y la mentira que no resistió las cifras

En Colombia, la discusión sobre los cultivos de coca nunca ha sido solo un asunto técnico. Es, sobre todo, una disputa por el relato, por la memoria y por la responsabilidad política. Y cuando las cifras contradicen al poder, lo que suele activarse no es la autocrítica, sino el ruido.

El reciente cruce entre el presidente Gustavo Petro y el expresidente Iván Duque volvió a desnudar una verdad incómoda que algunos sectores han intentado borrar a punta de titulares selectivos y acusaciones ideológicas: el mayor crecimiento de cultivos de coca en la historia del país ocurrió antes de 2022, durante el gobierno que hoy intenta presentarse como víctima del “desorden actual”.



Una guerra repetida, un fracaso anunciado

Durante más de cuatro décadas, Colombia ha sido laboratorio de la llamada “guerra contra las drogas”. Erradicación forzada, militarización del territorio, persecución al campesino pobre y aplausos internacionales. El libreto se repitió gobierno tras gobierno, con una constante: el negocio nunca se tocó.

El gobierno de Iván Duque (2018–2022) profundizó ese modelo. Se debilitó la sustitución voluntaria de cultivos contemplada en el Acuerdo de Paz y se volvió a vender la idea de que arrancar matas era sinónimo de derrotar al narcotráfico. Los resultados fueron exactamente los contrarios a los prometidos.



Las cifras que desmontan el discurso

Los datos oficiales, esos que no dependen de ideología sino de hectáreas medidas, son claros:
• En 2021, los cultivos de coca crecieron 43 %.
• En 2022, cuando Gustavo Petro aún no había asumido la Presidencia, crecieron 13 %, lo que equivale a 68.000 hectáreas adicionales.
• El balance final fue demoledor: 230.000 hectáreas de coca, la cifra más alta registrada en toda la historia de Colombia, alcanzada en el último año del gobierno Duque.

No es una interpretación política. Es un récord histórico.



Medios, silencios y el chivo expiatorio

Aquí aparece un actor que rara vez entra al banquillo: los grandes medios de comunicación tradicionales. Muchos de ellos, propiedad o aliados de los mismos sectores políticos y económicos que respaldaron sin fisuras al gobierno Duque.

Desde allí se intentó tapar verdades incómodas, minimizar el crecimiento récord de la coca y construir una narrativa conveniente: culpar al Gobierno actual de un problema heredado.
Se necesitaba un chivo expiatorio, y Petro cumplía el perfil perfecto.

Pero la jugada fue torpe. Las cifras ya estaban publicadas. Y cuando se contrastan los discursos con los datos, la mentira se cae por su propio peso.



El giro que incomoda: atacar el negocio, no al campesino

El gobierno de Gustavo Petro ha planteado algo que incomoda a muchos intereses: que el problema no es la mata, sino el negocio; que erradicar sin alternativas solo desplaza el cultivo; y que la verdadera lucha está en perseguir las finanzas del narcotráfico, no en criminalizar al campesino.

Ese cambio de enfoque no explica el récord histórico de coca. Lo explica el fracaso del modelo anterior. Por eso el debate no es técnico. Es político. Y por eso se responde con insultos cuando los números no favorecen.



Cierre editorial

En Colombia, la coca no creció por discursos progresistas ni por falta de erradicación.
Creció bajo gobiernos que prometieron mano dura y entregaron cifras récord.

Hoy, mientras algunos levantan la voz para no responder por su legado, los números siguen ahí, tercos, inamovibles.
En Magdalena Televisión Investiga lo decimos sin rodeos:

la historia no se borra con titulares,
la verdad no se erradica con propaganda,
y el récord de coca tiene responsables, no excusas.





🟥 EDITORIAL | MAGDALENA TELEVISIÓN INVESTIGACuando el teléfono pesa más que la mentiraDurante semanas, la relación entre...
08/01/2026

🟥 EDITORIAL | MAGDALENA TELEVISIÓN INVESTIGA
Cuando el teléfono pesa más que la mentira

Durante semanas, la relación entre Colombia y Estados Unidos transitó por el borde del abismo. Declaraciones irresponsables, versiones malintencionadas y una diplomacia contaminada por el rumor construyeron un escenario peligroso, capaz de incendiar la región. Bastó, sin embargo, una llamada directa entre presidentes para desnudar una verdad incómoda: la crisis no era inevitable, era inducida.

La conversación entre Gustavo Petro y Donald Trump no solo desescaló una tensión de alto riesgo. Dejó al descubierto el papel de una oposición política colombiana que, lejos de defender al país, prefirió exportar chismes, distorsiones y odio, incluso a costa de la soberanía nacional. Congresistas, expresidentes, gobernadores, alcaldes y opinadores profesionales viajaron a Washington no a defender a Colombia, sino a construir un enemigo interno útil para intereses externos.

Trump lo entendió tarde, pero lo entendió. Y lo dijo sin rodeos:
no encajaba en la lógica que el presidente que más golpes ha dado al narcotráfico fuera, al mismo tiempo, el jefe de ese negocio. La mentira se cayó por su propio peso cuando se enfrentó a los hechos.

Este episodio confirma algo que en Magdalena Televisión Investiga hemos sostenido durante años: la desinformación no es un error, es una estrategia. Y cuando fracasa, deja expuestos a quienes la promovieron. La llamada presidencial no solo frenó una tormenta diplomática, desnudó una campaña sistemática de descrédito contra el jefe de Estado colombiano.

Pero el fondo del asunto es aún más delicado. No es lo mismo negociar entre iguales que dialogar entre un país pobre y uno poderoso. En ese escenario, cada palabra cuenta, cada gesto pesa y cada mentira puede costar vidas. Por eso resulta aún más grave que sectores de la oposición colombiana prefieran para su propio presidente la suerte de Maduro, sin medir las consecuencias internas, sin pensar en el país real, sin escuchar al pueblo.

Porque los pueblos no son fichas.
Y Colombia no es un experimento geopolítico.

Aquí cabe una advertencia que trasciende la coyuntura política y se adentra en lo moral y lo histórico. Tal vez estemos viviendo aquello que advierte 2 Timoteo 3:3, tiempos en los que se pierde el afecto natural, se traiciona la verdad y se celebra la destrucción del otro. Y más aún cuando se buscan acuerdos entre un país pobre y otro poderoso, mientras desde adentro se sabotea cualquier posibilidad de entendimiento.

La oposición parece olvidar algo esencial: los pueblos despiertan. Y cuando lo hacen, ya no aceptan vivir con la cabeza sometida. Miran al cielo, miran el vasto universo y entienden que su dignidad no es negociable.

La llamada entre Petro y Trump dejó una lección que incomoda a muchos:
cuando los presidentes hablan, las mentiras tiemblan.
Y cuando un pueblo decide no agachar más la cabeza, ningún relato impuesto logra contenerlo.

Noticia positiva para Colombia 🇨🇴🚧 Siete peajes menos en la Costa Caribe: alivio y esperanza para comunidades y transpor...
06/01/2026

Noticia positiva para Colombia 🇨🇴

🚧 Siete peajes menos en la Costa Caribe: alivio y esperanza para comunidades y transportadores

Una de las decisiones más esperadas por comunidades, transportadores y comerciantes del Caribe colombiano ya es una realidad. El Gobierno nacional acordó la terminación anticipada de la concesión de la Ruta Caribe, corredor vial que conecta a los departamentos de Atlántico y Bolívar y que durante más de dos décadas estuvo bajo administración privada.

El anuncio fue confirmado por el director de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Óscar Torres, quien explicó que el proceso de reversión iniciará el 2 de enero de 2026.

“A partir del 2 de enero de 2026 iniciamos el proceso de reversión, el cual esperamos que esté listo con todos los trámites a junio de 2026 para que esto quede en manos de Invías”, señaló el funcionario.

Con esta decisión, el Instituto Nacional de Vías (Invías) asumirá directamente la operación y el mantenimiento del corredor, garantizando una gestión pública de esta vía estratégica para la región Caribe.

La medida implica el cierre anticipado del contrato de concesión del tramo Cartagena–Barranquilla, conocido como Ruta Caribe, que estaba a cargo de Autopistas del Caribe S.A.S. Como resultado, se eliminarán siete peajes: Pasacaballos, Turbaco, Gambote, Arroyo de Piedra, Sabanagrande, Galapa y Bayunca, una exigencia histórica de los habitantes y usuarios de la vía.

Esta decisión representa un alivio económico para transportadores, una mejora en la competitividad regional y un paso importante hacia una movilidad más justa para miles de familias del Caribe colombiano, que por años reclamaron el alto costo de los peajes en un corredor fundamental para el desarrollo social y productivo de la región.

EDITORIAL | MAGDALENA TELEVISIÓNGobernar para los poderosos, cobrarle al puebloEn Colombia, el problema no es solo el al...
06/01/2026

EDITORIAL | MAGDALENA TELEVISIÓN

Gobernar para los poderosos, cobrarle al pueblo

En Colombia, el problema no es solo el alto costo de los peajes ni el precio del transporte público. El problema es quién gobierna para quién.

Mientras millones de ciudadanos sobreviven con salarios mínimos que apenas alcanzan para comer, el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, ha optado por escuchar más a los oligarcas capitalinos que al pueblo trabajador. Su receta es simple y conocida: cargar el peso de la crisis sobre quienes menos tienen.

Galán justifica un pasaje de TransMilenio cada vez más caro, golpeando directamente a estudiantes, obreros, madres cabeza de hogar y adultos mayores, mientras señala y ataca al presidente de la República por el aumento del salario mínimo, como si dignificar el ingreso de los trabajadores fuera un pecado económico.

La contradicción es evidente:
📈 subir tarifas sí es “responsable”,
💰 subir salarios es “populismo”.

Este discurso no es nuevo. Es el mismo libreto de siempre: proteger la rentabilidad de operadores, bancos y grandes contratistas, y pedirle “sacrificios” al ciudadano de a pie. Un libreto que se repite tanto en los peajes como en el transporte masivo.

Bogotá no es una maqueta financiera; es una ciudad desigual. Y quien nunca conoció la pobreza difícilmente entiende lo que significa elegir entre pagar transporte o comer. Cuando se gobierna desde el privilegio, el sufrimiento cotidiano se vuelve una estadística fría.

El aumento del salario mínimo no es un capricho ideológico: es una respuesta mínima a una realidad brutal de inflación, arriendos imposibles y servicios públicos asfixiantes. Atacar ese aumento mientras se suben tarifas es, cuando menos, una incoherencia ética.

El mensaje que se envía es peligroso:
que la estabilidad económica importa más que la dignidad humana,
que el equilibrio fiscal vale más que la justicia social,
y que el pueblo siempre debe pagar primero.

Desde Magdalena Televisión lo decimos con claridad: no se puede gobernar una ciudad ignorando a quienes la mueven todos los días. Bogotá no necesita administradores del privilegio; necesita gobernantes que entiendan la calle, el rebusque, el salario corto y el bus lleno.

Porque cuando el poder se arrodilla ante los intereses económicos y le da la espalda a la gente, no es mala administración: es una elección política.

Y esas elecciones, tarde o temprano, las cobra la historia.



Editorial Magdalena Televisión
Periodismo crítico, memoria y verdad.

“Cuando no confían en el pueblo, buscan permiso afuera.”La carta enviada por Abelardo de la Espriella al expresidente es...
06/01/2026

“Cuando no confían en el pueblo, buscan permiso afuera.”

La carta enviada por Abelardo de la Espriella al expresidente estadounidense Donald Trump no es un hecho anecdótico ni una excentricidad política. Es la reaparición de una práctica histórica que durante décadas condicionó la democracia colombiana: buscar validación extranjera cuando el poder no se logra conquistar en las urnas.

No se trata de una denuncia sustentada ni de un ejercicio serio de control político. Es, más bien, un gesto cargado de simbolismo que revive uno de los capítulos más vergonzosos de nuestra historia republicana: aquel en el que los presidentes de Colombia no se decidían primero en el país, sino fuera de él.

Conviene recordarlo —aunque a las nuevas generaciones les produzca legítima indignación—: durante años, los candidatos presidenciales debían pasar por el filtro de Washington antes de hablarle al electorado. La pregunta era tan directa como humillante: ¿cómo iríamos con usted si llega a la Presidencia?
Después, el resto se “ajustaba” internamente. La Registraduría, los conteos, los pactos entre élites cumplían su papel. Primero se sabía en el norte quién gobernaría; luego se votaba en Colombia.

Ese esquema no era democracia: era tutelaje político.

Ese ciclo histórico se rompió con la elección democrática del primer presidente progresista en Colombia. Por primera vez, un proyecto político llegó al poder sin pedir permiso afuera, sin bendiciones extranjeras, sin intermediarios imperiales. Y ese quiebre explica, en buena medida, la ferocidad de la oposición desde entonces.

En ese contexto, la carta de De la Espriella no apunta a esclarecer hechos ni a fortalecer la institucionalidad. Apunta a reinstalar la sospecha internacional como herramienta política interna. Es el intento de volver al pasado cuando el presente no les favorece.

Lo verdaderamente grave no es la acusación sin sustento, sino el desprecio por la soberanía nacional que encierra el gesto. Porque Colombia tiene instituciones, justicia y organismos de control. Saltárselos para acudir a un líder extranjero no es valentía política: es desconfianza en el país y en su democracia.

La oposición es necesaria en cualquier sistema democrático. Pero una oposición que busca respaldo fuera, que llama al poder extranjero para deslegitimar decisiones populares, no fortalece la democracia: la erosiona. No interpela al poder: lo traslada.

Colombia ya pagó demasiado caro el precio de la subordinación política. Volver a ese esquema no es una opción ni un debate legítimo. Es un retroceso histórico que el país no está dispuesto a repetir.

Porque cuando no se confía en el pueblo, ni en las instituciones, ni en la historia, el problema no es el gobierno de turno.
El problema es la idea de país que se defiende.

✍️ Editorial | Magdalena Televisión Investiga

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