13/08/2026
Un abrazo en medio de la grieta
Hay días en que las palabras no alcanzan, o más bien, parecen demasiado pequeñas para el tamaño de la pena.
El pasado lunes la tierra tembló, y con ella se nos movió el alma a todos los colombianos. Desde entonces, el pecho se siente apretado. Cuando un desastre natural deja un impacto tan doloroso y trágico a nivel nacional, la ironía y el humor pierden completamente su lugar. El contraste entre la tragedia real de tantas personas y la comedia cotidiana, me resulta insensible y mi sensibilidad como creadora de contenido me ha pedido una pausa.
El luto colectivo y la empatía, también son parte de la voz de un creador. Cuando el dolor ajeno nos toca, la mente también necesita tiempo para procesarlo y forzar mi pluma en estos momentos, sencillamente no funciona.
Es imposible mirar las noticias, ver el dolor de tantas familias que lo perdieron todo de la noche a la mañana y no sentir que una parte de uno se quiebra con ellas.
A mí me duele mi país, pero hoy me duele con una fuerza especial por todas esas ciudades que fueron parte de mi vida tanto tiempo. Ver sus calles golpeadas, sus rincones reducidos a escombros y a su gente pasando por tanto dolor, produce una impotencia que quita el aliento. Aunque donde estoy hoy afortunadamente no pasó de un tremendo susto, el corazón se me quedó allá, entre la angustia de mis coterraneos.
Pero en medio de tanta sombra, también emerge la grandeza humana. Hoy quiero rendir un homenaje con el corazón en la mano a todas esas personas de las que pocas veces hablamos, pero que lo están dando todo: a los rescatistas y bomberos que arriesgan su propia vida entre los escombros para salvar la de otros; a los médicos, enfermeros y enfermeras que no han descansado un solo segundo devolviendo el alivio; y a los miles de voluntarios que, aún habiéndolo perdido todo, sacan fuerzas de donde no las hay para compartir lo poco que les queda. Su valentía es la que nos sostiene.
Y sin embargo, la vida sigue su curso de una manera que resulta absurda e incomprensible. En medio de tanto dolor, causa indignación ver que la guerra no da tregua, que los atentados continúan y que hay quienes aprovechan la incertidumbre en redes sociales para sembrar miedo con información falsa. Cuesta entender que existan personas sin conciencia intentando sacar ventaja de la tragedia ajena.
¿Cuándo será que los seres humanos dejaremos de apegarnos a lo material y pasajero para comprender, de una vez por todas, la profunda fragilidad de la vida? No somos nada. Lo que hoy tenemos, en un solo segundo puede desaparecer. En momentos así se hace evidente que lo único que realmente nos pertenece y perdura es el amor que entregamos y los momentos sinceros que vivimos desde el corazón.
En días así, solo queda la solidaridad, el respeto y esta necesidad profunda de decirles a quienes sufren esta tragedia que no están solos. Nos duele a todos. Estamos unidos en esta misma tristeza, pero también en la inmensa gratitud hacia quienes están allá afuera luchando por levantarlos. Les envío un abrazo apretado a la distancia, con el corazón arrugado, pero aferrada a la fe de que el amor es la única fuerza que mueve el mundo.
Espero que escribir sobre la impotencia y la tristeza de ver a mi país golpeado por semejante tragedia, no solo sea un acto de desahogo personal, sino también un abrazo colectivo para mis lectores.