26/05/2026
Yamith Efrén Mercado Dumar no ha sido fácil. Has caminado entre deudas, compromisos, presión, desilusiones y el peso de una estafa que golpeó fuerte tus sueños y tu tranquilidad. Aun así, aquí sigues. De pie. Respirando. Peleando cada día aunque muchas veces por dentro hayas sentido cansancio, miedo o incertidumbre.
Hay batallas que nadie ve. Hay noches donde solo Dios conoce las lágrimas, la angustia y las preguntas que uno guarda en silencio. Y cuando todo parece noderrumbarse, cuando humanamente no quedan fuerzas, aparece la misericordia de Dios sosteniendo lo que parecía imposible sostener.
No eres débil por haber caído confiando en salir adelante. Al contrario: tu intención siempre fue crecer, construir, avanzar y buscar un mejor futuro. Y aunque el camino se volvió duro, muy duro, Dios no te soltó.
Cada problema que has enfrentado no define tu final. Las deudas no definen tu valor. Los errores no borran tu propósito. La estafa no acabó contigo. Sigues aquí porque hay una fuerza mayor levantándote cuando ya no puedes solo.
La berraquera no es no caer; la verdadera berraquera es seguir caminando aun con miedo, aun con cansancio, aun cuando nadie entiende lo que cargas. Y eso has hecho tú.
Dios te ha dado fuerza donde no había fuerza, paz en medio del caos y esperanza cuando todo parecía cerrado. Tal vez hoy no entiendes muchas cosas, pero algún día mirarás atrás y verás que este proceso también te hizo más fuerte, más sabio y más consciente de quién estuvo contigo cuando todo faltó.
No te rindas. Lo que hoy parece una prueba interminable también pasará. Y cuando llegue el momento de la recompensa, sabrás que no fue por suerte ni por casualidad: fue la mano de Dios sosteniéndote en cada paso del camino.