03/08/2025
Ayer fue un día épico, de esos que uno guarda en la memoria con la nitidez de los sueños cumplidos. En el marco de la Primera Cumbre Departamental de Gestores Culturales, viví mi primera conferencia. La verdad, me la gocé. Me sentí en mi elemento, en el centro de un diálogo colectivo que vibra con cultura, identidad y pasión.
Pero más allá de los aplausos —que agradezco con humildad—, lo que realmente me conmovió fueron las palabras sinceras de quienes se me acercaron al final, con miradas encendidas y corazones abiertos. Eso fue lo que selló el momento como un éxito, no por el reconocimiento, sino por la conexión.
Estoy profundamente agradecido con mis kombis de Icultur Bolívar, que creyeron en mí, que me dieron ese impulso justo para convertir este sueño en presencia. Porque sí, se sueña y se trabaja. Así de simple. Así de poderoso.
Y aprendí algo hermoso: esa silla reservada que muchos ven como un espacio vacío, en realidad guarda algo sagrado. Representa al soñador que aún no ha llegado, pero que ya vibra con la escena, que se imagina en ella. Esa silla es un símbolo de lo posible.
Un abrazo grande.
A seguir creando, representando lo que somos y soñando en voz alta.