04/09/2026
Un candidato político no tiene que ser perfecto
Por Francisco Javier Baró Mercado, auxiliar en psicología
En mi opinión, no existe el candidato político perfecto. Toda persona que decide lanzarse a un puesto público debe tener claro que, desde el momento en que pone su nombre a consideración, estará expuesta a las críticas de la gente. Y eso es algo que debe entender antes de entrar en la política, porque ningún ser humano es perfecto.
Por ejemplo, cuando una persona se lanza a un puesto público y no está preparada, algunos dicen que no está preparada, que va a ser fácil de manipular por quienes la siguen o por quienes la rodean. Pero si esa misma persona está preparada, tiene estudios y demuestra que conoce de política, otros dicen que está muy preparada y que lo que va a hacer es robar. Entonces uno se pregunta: ¿qué quiere la gente? Porque, de una u otra manera, siempre van a buscar un punto crítico para cuestionar al candidato.
Otra característica es que, si el candidato no le habla a nadie, dicen que es orgulloso. Pero si le habla a todo el mundo, también pueden buscarle una crítica. Si es una persona seria, dicen que es antipática. Si es una persona que sonríe y conversa con todos, dicen que está buscando votos. Es decir, muchas veces la gente siempre va a encontrar una imperfección en el candidato, porque siempre habrá alguien dispuesto a criticarlo.
Y esto no es algo nuevo. La misma historia bíblica nos muestra que los hombres también son imperfectos. Dios colocó a David, a Salomón y a Saúl. David cayó en el adulterio, Salomón en la idolatría y Saúl en la prepotencia y la arrogancia. Si estos hombres, que fueron colocados por Dios, tuvieron debilidades y cometieron errores, ¿qué podemos esperar de nosotros, que somos unos simples mortales?
Esto no quiere decir que los errores deban justificarse. Cada persona debe responder por sus actos. Pero sí nos enseña que ningún ser humano está libre de equivocarse. Por eso, cuando una persona se lanza a un puesto público, no podemos exigirle que sea perfecta, porque la perfección no existe en el ser humano.
En la política, cuando un candidato pone su nombre en consideración, muchas veces le revisan la hoja de vida desde que nació. Le revisan toda su vida completa: qué hizo, qué dejó de hacer, con quién se relacionó, qué decisiones tomó y hasta qué errores cometió. Y cuando no pueden encontrar algo para criticarlo directamente, entonces comienzan a buscarle la caída por otro lado.
Por ejemplo, cuando no pueden con el candidato, la agarran con su familia. Empiezan a criticar a sus familiares, a buscarles defectos y a utilizar cualquier situación para tratar de hacerle daño a la imagen del candidato. Entonces, al final, no solamente se critica a la persona que aspira al cargo, sino también a quienes están a su alrededor.
Por eso, considero que todo aquel que se expone a tener un puesto público en la política debe saber que siempre va a ser criticado. Siempre habrá alguien que diga que no está preparado, que está demasiado preparado, que es orgulloso, que es malo, que es bueno, que habla mucho o que habla poco. Porque cuando una persona se expone públicamente, la gente comienza a buscarle imperfecciones.
Pero también hay que decir algo: una cosa es la crítica y otra cosa es la destrucción de la persona. La crítica puede ser necesaria cuando se hace con respeto, con argumentos y con la intención de que la ciudadanía conozca mejor al candidato. Pero cuando la crítica se convierte en ataques personales, en ofensas o en señalamientos contra la familia, ya no estamos hablando de una crítica constructiva, sino de una manera de hacer daño.
Por eso, un candidato debe tener carácter, preparación y humildad. Debe saber que no todos van a estar de acuerdo con él, que habrá personas que lo van a criticar y que nunca podrá satisfacer a todo el mundo. Pero también debe entender que, si quiere servir a la comunidad, tiene que estar dispuesto a escuchar, a corregir sus errores y a responder por sus decisiones.
Al final, un candidato no debe ser elegido porque parezca perfecto, sino porque tenga la capacidad, la honestidad y el compromiso de servir a la comunidad. La ciudadanía tiene derecho a exigirle resultados, transparencia y responsabilidad. Y el candidato, por su parte, debe tener la humildad de reconocer sus errores y la firmeza para defender sus buenas propuestas.
Porque la política no necesita seres humanos perfectos. Necesita personas conscientes de sus imperfecciones, dispuestas a aprender y comprometidas con el servicio público.
Esa es la realidad de la política: quien pone su nombre a consideración debe estar preparado para las críticas, porque nunca va a existir la perfección en un ser humano.