27/12/2025
Hay algo que no te contaron de la leyenda del Hombre Caimán.
LA MALDICIÓN DE SAÚL MONTENEGRO
Siempre nos han contado que Saúl Montenegro se volvió caimán y que por eso huyó río abajo, perseguido por el miedo de la gente. Eso está en la crónica, eso lo repiten los libros y los cuentos.
Pero hay otra parte de la historia que no quedó escrita.
Cuentan los viejos —y a mí me lo contó mi bisabuelo— que Saúl, aun después de huir, regresaba algunas noches. Su madre le dejaba pan, queso y ron en la orilla del río. Y nadie deja comida si no tiene la certeza de que alguien va a volver por ella.
Lo que no aparece en la crónica es que Saúl, cansado de la persecución y del rechazo, maldijo a su propio pueblo.
Dijo que así como lo obligaron a vivir errante en el agua, el pueblo sufriría sed del mismo río que lo rodea. Que el Magdalena tomaría una vida cada año, o cuando así lo decidiera. Y que, llegado el momento, el río también reclamaría al pueblo entero.
Durante muchos años se decía que cada año alguien se ahogaba en el río. Casi siempre jóvenes. Como si fuera una costumbre triste, como si el río cobrara algo que se le debía.
Luego vinieron las grandes crecientes.
El río no arrasó el pueblo, pero hundió los barrios más bajos de lo que en ese entonces era Plato Magdalena. Cuando el agua bajaba, dejaba las casas deterioradas, algunas destruidas por completo, y a la gente con la sensación de empezar de nuevo una y otra vez.
Y después, casi sin que nos diéramos cuenta, el río se fue retirando.
Hoy, donde antes hubo un puerto frente a la iglesia, queda un caño angosto, lleno de tarulla. Y el pueblo, a orillas del río más importante de Colombia, pasa sed.
Yo no digo que esto sea verdad.
Tampoco digo que sea mentira.
Solo digo que hay historias que no se escribieron, pero que siguen caminando con nosotros…
sobre todo cuando falta el agua.
En esta esquina no inventamos nada.
Solo contamos lo que siempre se ha dicho.
¿Tú qué versión conoces del Hombre Caimán?