20/01/2026
𝐄𝐋 𝐍𝐎𝐑𝐓𝐄 𝐃𝐄𝐋 𝐂𝐀𝐔𝐂𝐀; 𝐃𝐄𝐒𝐀𝐑𝐑𝐎𝐋𝐋𝐎 𝐒𝐈𝐍 𝐑𝐄𝐒𝐔𝐋𝐓𝐀𝐃𝐎𝐒 (Artículo)
Por: Jaime Soto Palma (periodista de Enlace Regional)
Hablar del norte del departamento del Cauca no es hablar de una región cualquiera. Es referirse a un territorio con cerca de 480 mil habitantes, diverso en lo étnico y cultural (57% mestizos, 23% afrodescendientes y 20% indígenas), y estratégico para la economía nacional. Su alto nivel de industrialización lo ubica entre las diez regiones más importantes del país, aportando aproximadamente el 1% al Producto Interno Bruto. Sin embargo, esa relevancia económica contrasta dramáticamente con la realidad social que hoy enfrenta.
El norte del Cauca está conformado por 13 municipios y, en los últimos 15 años, ha sido escenario de dos de los más ambiciosos ejercicios de planeación territorial promovidos por el Estado. El primero fue el llamado Contrato Plan, firmado en 2013 como un acuerdo de voluntades entre los gobiernos municipales, la Gobernación del Cauca y el Gobierno Nacional. Su propósito era claro: mejorar la calidad de vida de la población, fortalecer la producción local y cerrar brechas mediante la construcción de infraestructura básica como acueductos, vías, hospitales y centros educativos. Para ello se proyectó una inversión de 622 mil millones de pesos (cerca de un billón de pesos a precios actuales), con un plazo de ejecución de 3 años.
El segundo ejercicio fueron los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), creados en 2017 como parte de los compromisos del Acuerdo de Paz de La Habana. En el norte del Cauca se incluyeron ocho municipios: Buenos Aires, Caldono, Caloto, Corinto, Jambaló, Toribio Miranda y Santander de Quilichao. El objetivo era impulsar la transformación social y económica de territorios históricamente golpeados por el conflicto armado, con un horizonte de implementación inicialmente estimado en 10 años.
Ambos planes compartían una narrativa común y ambiciosa: reducir la pobreza y la desigualdad, mejorar la infraestructura básica, promover el desarrollo productivo, fortalecer la seguridad y la convivencia y, en última instancia, consolidar la paz en la región. El problema de estos dos planes, sin embargo, no fue la falta de recursos; el problema fue, y sigue siendo, la corrupción.
Basta recordar lo ocurrido con el Contrato Plan. Una parte significativa de los 622 mil millones de pesos, al parecer, se perdió entre coimas, sobrecostos, obras innecesarias o proyectos inconclusos. El hospital regional de Santander de Quilichao y la doble calzada de la calle Quinta son ejemplos emblemáticos de esa mala gestión. Pese a las múltiples denuncias, hasta hoy no existe un solo político o funcionario del orden nacional o departamental procesado por estos hechos. Y frente a los PDET, no es arriesgado afirmar que los resultados que se evaluarán en 2027cuando se cumplen los 10 años de su implementación difícilmente serán distintos a los del primero.
Por eso, cuando hablamos del norte del Cauca, también debemos decir que, a pesar de las millonarias inversiones y los grandes anuncios, algunos indicadores sociales y económicos siguen anclados a los niveles de 2005 y 2010, y en otros casos, incluso han empeorado.
Hablar del norte del Cauca es, en esencia, hablar también de una región que cada cuatro años, en su legítima búsqueda de soluciones, es utilizada, engañada y manipulada por políticos locales y foráneos los cuales siempre o casi siempre, terminan autoproclamándose hijos naturales y adoptivos de esta región.
Por ello, este 8 de marzo en el marco de las elecciones de Cámara y Senado, no nos dejemos engañar. Si lo permitimos el norte del Cauca seguirá siendo una región estratégica para el país, pero pobre y olvidada en sus resultados.