12/03/2026
¿Si usted estuviera enfermo y le dieran la oportunidad de escoger el médico que lo va a tratar, en qué se fijaría?
¿Escogería al médico porque le cae bien?
¿Por qué habla bonito?
¿Por qué es carismático?
¿Por qué es rico o porque viene de una familia humilde?
Probablemente no.
Cuando la salud está en juego, uno busca algo mucho más importante: competencia, conocimiento, experiencia y criterio. Uno quiere al médico que tenga la mejor capacidad para entender la enfermedad y aplicar el tratamiento correcto.
Ahora hagamos un ejercicio.
Imaginemos que Colombia es el paciente. Un paciente que lleva décadas con múltiples enfermedades: violencia, corrupción, desigualdad, narcotráfico, debilidad institucional, polarización política y problemas económicos.
Si Colombia es el paciente, entonces los candidatos presidenciales son los médicos tratantes que buscan dirigir el tratamiento.
En ese escenario, la pregunta para los ciudadanos cambia completamente.
Ya no se trata de preguntarnos:
¿Quién me cae mejor?
¿Quién habla más duro?
¿Quién representa mejor mis emociones?
La pregunta correcta sería: ¿Qué médico necesita hoy este paciente llamado Colombia?
¿Necesita un médico que entienda profundamente la economía?
¿Uno que priorice la seguridad?
¿Uno que busque transformaciones sociales profundas?
¿O un médico capaz de equilibrar distintas áreas del tratamiento?
Al mirar a los candidatos bajo esta analogía, lo razonable no es elegir por simpatía, sino por diagnóstico y tratamiento.
Cada candidato representa una visión distinta de cómo tratar al paciente.
Algunos creen que la raíz de la enfermedad está en la desigualdad social y proponen cambios profundos en el modelo económico y político.
Otros creen que el problema principal es la falta de orden, seguridad y autoridad del Estado.
Otros priorizan la estabilidad económica y la gestión técnica del país.
El votante, entonces, no debería comportarse como un fanático que elige a su favorito, sino como un paciente responsable que evalúa con cuidado quién tiene las mejores credenciales para tratar su enfermedad.
Porque al final, en política ocurre algo muy similar a lo que pasa en medicina:
una mala decisión puede empeorar la enfermedad del paciente.
Y en este caso, el paciente no es una persona.
Es un país entero.
́ncepeda