07/06/2026
Siempre quise muchísimo a mi abuela. Cuando era niño, era la persona que más me consentía. Me preparaba comida cuando llegaba de la escuela, me contaba historias extrañas de su juventud y siempre encontraba la forma de hacerme reír. Durante años fue una de las personas más importantes de mi vida.
Pero cuando crecí, las cosas cambiaron. Su carácter se volvió más difícil y yo también me volví más terco. Empezamos a discutir por cualquier cosa: por mis decisiones, por mis horarios, por cómo llevaba mi vida. Lo que antes eran conversaciones largas y cariñosas terminó convirtiéndose en peleas constantes.
La última etapa de su vida fue la más complicada. Había días en los que no podíamos estar en la misma habitación sin discutir. Una noche, después de una pelea especialmente fuerte, me miró con una mezcla de enojo y tristeza y me dijo:
—Ya verás. Cuando me muera, voy a venir a jalarte las patas mientras duermes.
En ese momento me reí. Pensé que solo era una amenaza absurda de una anciana enfadada. Pero pocos meses después falleció.
Desde entonces han pasado años. Y, siendo sincero, nadie me ha jalado las patas. Nunca me he despertado viendo una sombra al pie de la cama ni he sentido una mano fría agarrándome los tobillos.
Lo extraño es otra cosa.
Sueño con ella.
Una y otra vez.
En mis sueños estoy acostado en mi habitación, exactamente igual que en la vida real. La puerta se abre lentamente y aparece mi abuela en el marco. No dice nada. Solo me observa con esa sonrisa que no sé si es cariñosa o inquietante. Luego empieza a acercarse despacio hasta llegar al borde de la cama.
Y entonces siento que me toma de los tobillos.
A veces tira con fuerza. Otras veces solo los sostiene. Pero siempre me despierto justo en ese instante, con el corazón acelerado y la sensación tan real que tengo que revisar debajo de las sábanas.
Cada vez que ocurre me quedo mirando la oscuridad durante varios minutos, preguntándome lo mismo.
¿Son solo sueños provocados por la culpa de cómo terminamos?
¿O mi abuela sigue intentando cumplir aquella vieja promesa?