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¡Frente a ley del embudo, desobediencia popular!Una sentencia que convierte los efectos propios de la protesta en perjui...
11/09/2026

¡Frente a ley del embudo, desobediencia popular!

Una sentencia que convierte los efectos propios de la protesta en perjuicios indemnizables amenaza con desarmar uno de los principales mecanismos de presión de trabajadores y comunidades.

El Consejo de Estado, máximo tribunal de lo contencioso administrativo[1], emitió una sentencia que tiende a comprimir los estrechos límites de la protesta social en el país. En su acto, la Sala condena a la Corporación Comunitaria Juntas de Acción Comunal Área de Influencia Directa San Isidro de Chichimene (CJAID) y la señora Sandra Patricia Ruiz a pagar solidariamente los perjuicios por lucro cesante en favor de Ecopetrol SA, debido a las protestas realizadas en la estación Chichimene, en Acacias (Meta), entre el 31 de julio y el 15 de agosto de 2017. Se trata de un dictamen que deja en claro el desequilibrio estructural que caracteriza al Derecho en la actual sociedad y que por tanto amenaza en forma grave el ejercicio del derecho a huelga y protesta en el país.

De acuerdo a la información del fallo (pg 26[2]), la protesta se originó en la exigencia de mayores oportunidades laborales para las personas de la región, así como la exigencia de mayor inversión social por parte de la empresa petrolera. Tales motivaciones llevaron a que la Corporación de Juntas de Acción Comunal decidiera la realización de una huelga, tras haber entregado con antelación un pliego de peticiones a la petrolera. Se puede inferir –por cuanto el documento omite precisamente este aspecto fundamental- que la empresa no atendió oportuna y adecuadamente las peticiones de la comunidad y los trabajadores, razón por la cual se vieron empujados a iniciar una huelga de hambre y un bloqueo a la entrada de la citada estación.

En forma posterior, la empresa petrolera demandó a la Corporación de Juntas y a la representante legal por los supuestos daños causados durante la protesta. Entre ellos se numeran: “(i) la restricción en la movilidad del personal técnico hacia las locaciones de los pozos, (ii) la imposibilidad de ingreso de insumos críticos (como biocidas o químicos para inyección), (iii) la suspensión de contratos necesarios para la operación (como servicios de well service o mantenimiento), y (iv) la imposibilidad de atender fallas operativas en sitio” (pg 33). En consecuencia, la Sala de la Corte define que se presentó una “interrupción de las actividades operativas (…) real, continua y eficaz (la que) impidió la ejecución de labores indispensables para el funcionamiento pleno de los pozos y de la infraestructura asociada”.

En síntesis, lo que se describe es el desarrollo típico de un conflicto laboral donde se enfrentan los patronos (la empresa petrolera) y la comunidad trabajadora -representada por la Corporación de Juntas. La consecuencia obvia de los hechos de presión ejercidos por la comunidad y los trabajadores fue limitar el proceso productivo normal, que se traduce en una reducción de la cantidad de producción diaria (pg 22). Tal resultado es calificado por el Consejo de Estado en el sentido de que “existe un nexo causal claro y verificable entre los bloqueos y las distintas categorías de afectación identificadas”, que se traduce en una afección de los ingresos de la empresa, porque al afectarse la producción normal no pudieron vender a tiempo su producción[3].

Aquí reside lo peligroso de la sentencia de la Sala, por cuanto toda huelga, paro o movilización social, siempre se traducirá en una afectación de lo que se considera la producción normal de las empresas, y en consecuencia afectará los ingresos planeados por cada una de ellas, ya que lo que se busca es precisamente un mecanismo real de presión que aliente a los propietarios de las empresas a negociar las demandas de los trabajadores y las comunidades. Así las cosas, el escenario que a futuro deja la Corte para los trabajadores y comunidades es perverso, porque podría significar que:

Los trabajadores quedan enfrentados a pagar, solidariamente, con sus salarios los costos de las demandas que con toda seguridad impondrán –y ganarán las empresas- debido a las pérdidas de ingresos que necesariamente implicará el desarrollo de la huelga o protesta, aunque ella derive en un alza, que se diluirá en pagar demandas.
Los trabajadores que se lancen a una huelga deberán incluir entre sus exigencias un monto adicional de ingreso para cubrir los pagos solidarios que a futuro demande la empresa, debido a las pérdidas en sus ingresos durante los días de duración de la huelga.
O, en su defecto, el escenario social que pretenden instaurar los magistrados es que la protesta social se reduzca a un carnavalito ciudadano, amenizado con cartelitos, vuvuzelas y pititos, que se manifiesta “civilizadamente” por las aceras de las calles, sin molestar a nadie, en especial a las empresas capitalistas y sus actividades normales.
En resumen, la decisión de la Corte claramente se orienta a desarmar totalmente a los trabajadores y las comunidades, al quitarles el medio de presión que implica trastocar el normal funcionamiento de la producción y el mercado.

El desequilibrio y perversión con la cual legisla la Corte queda además evidenciado en que naturaliza y sanciona como legal la doble victimización que sufren los trabajadores que apenas acceden a contratos temporales durante el año. Esto porque se encuentran en el rango de la precarización laboral, al sólo acceder a contratos intermitentes durante el año; y porque junto a tal condición laboral, no pueden ejercer el derecho real a sindicalizarse en la práctica. Es así que tales desventajas son citadas –en forma descarada- por la Corte, al señalar que en la protesta de julio de 2017 no cabe alegar el derecho a huelga, por cuanto las manifestaciones no fueron ejercidas “de manera directa por trabajadores o de algún sindicado de Ecopetrol SA” (pg 36).

La Corte podrá decir que legisló en Derecho, y que su deber es asegurar el derecho de todos los ciudadanos. Sin embargo, tal certeza sólo vendría a desnudar el contenido real del Derecho en una sociedad capitalista, que se reduce a defender en forma totalmente asimétrica la capacidad de comando –de derecho- de los que más tienen. Por eso, en la Sentencia, de forma acomodada y resbaladiza, la Corte señala que defiende el derecho a la protesta siempre que sea pacífica, agregando que la jurisprudencia existente exige que no se abuse del derecho, esto es, que el ejercicio de la protesta se atenga al principio de “respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios” (Art 95 de la Constitución).

Y precisamente en ese argumento se revela toda la contradicción y unilateralidad que encierra el contenido del Derecho en una sociedad capitalista. Esto, porque el Derecho permitiría que personas totalmente desiguales sean tratados en carácter de igualdad, en tanto son reconocidos por el Estado en su carácter de ciudadanos. Sin embargo, tal homogenización o igualación legal permite esconder y naturalizar que la actual sociedad descansa en la polarizada desigualdad entre capitalista y proletarios asalariados.

Por eso, la defensa a por igual de los derechos de los ciudadanos se traduce en una defensa y reproducción de la desigualdad. En tanto la ley defiende la vida, honra y bienes que cada uno posee, genera el inevitable efecto que defiende más –o en mayor extensión- a quienes tienen más bienes –o propiedades-, y en consecuencia pueden ejercer más poder de mando –y derecho- sobre quienes nada o poco tienen. Es así que el derecho del capitalista se extiende por sobre sus empresas y negocios, mientras los derechos de las y los proletarios se limitan a la venta y uso de su fuerza de trabajo, desigualdad estructural que naturaliza el mismo Derecho.
Y para comprender y denunciar la naturalización y legitimación de tal desigualdad estructural en la actual sociedad no hay que hacer un doctorado en leyes, como se supondría lo hacen los “doctos” de las cortes, tal como da plena cuenta el vallenato de Hernando Marín titulado “La Ley del Embudo” (1977), que en sus versos dice:

“La ley del embudo, lo ancho p´a ellos, lo angosto p´a uno; la ley del más fuerte, como están armados se hacen los valientes; los platos que rompe el gobierno los paga mi pueblo trabajando al sol…”.

Por tanto, cuando en su argumentación la Corte acude al principio de que un derecho no roce con el otro, sólo ve el problema de un lado. Tan es así que en sus argumentaciones ha desconocido por completo los derechos –estructural e históricamente- negados a la población trabajadora que desarrolló la protesta; desequilibrio desde el cual proyecta su enmascarada pretensión: la de limitar y desarmar la única potencia que realmente subyace a la protesta social, ello con el fin de desarticularla. Y al ejercer una práctica tan abiertamente sesgada del Derecho, la Corte solo atenta en forma gravosa contra los cimientos contradictorios sobre los cuales se levanta la frágil unidad entre la propiedad privada de los capitalistas y los principios democráticos, desde la cual se desprende la pretensión de igualdad y democracia participativa.

Entonces, la decisión de la Corte alienta la conflictividad social y que ella tienda a desenvolverse por cauces alejados de la actual jurisprudencia y sus instituciones. Esto porque al pretender que la protesta social no afecte la normalidad de la producción, o no choque con los derechos de otros, bajo pena de pagar cuantiosas multas, lo que impone es una norma disciplinaria que intenta debilitar los mecanismos de lucha de los trabajadores y comunidades. Por eso mismo, lo único que queda en manos del pueblo para lograr una respuesta eficaz es el desarrollo de la desobediencia popular.

Al respecto, recuérdese que, con la Ley 1453 de 2011en el primer gobierno de Santos, o Ley de Seguridad Ciudadana, se penalizó la obstrucción de vías públicas en el desarrollo de las protestas, ofreciendo condenas de hasta 48 meses. Y sin embargo, los paros de 2019 y especialmente en 2021 ya no fueron de un día como en las décadas pasadas, sino que por el contrario el taponamiento de vías se alargó hasta por sesenta días. En la práctica el ejercicio legítimo de la desobediencia popular desactivó una Ley que pretendía impedir el derecho sustantivo e inalienable del pueblo a protestar.

En resumen, con su decisión alevosa y unilateral la Corte lo que alienta es el desarrollo de desobediencia popular. Desobediencia que en primera instancia se traduce en no temer a los supuestos sabios, a los supuestos “doctos” de la ley, en tanto abiertamente van en contra de los medios e intereses de los trabajadores y población. Desobediencia que necesariamente se ejerce para no aceptar los planes y designios de mandatarios cebados con el presupuesto público y amaestrados en atacar el bienestar del pueblo. Desobediencia que recorre las fábricas, los diversos sitios de trabajo en los que se quiere imponer que las y los proletarios agachen su cabeza para siempre. Desobediencia popular que en las últimas décadas no ha hecho más que crecer en las veredas y barriadas populares ante el incremento de la injusticia, la persecución y el agobio, las que sistemáticamente agotan la desmedida tolerancia del pueblo colombiano.

Referencias
[1] El Consejo de Estado es el máximo tribunal contencioso administrativo, o máximo juez de la administración pública entre ciudadanos y el Estado, o entre entidades estatales.

[2] *Consejo_Estado_Ecopetrol.pdf

[3] “…una afectación en la oportunidad de generación de ingresos que no se neutraliza por el solo hecho de que el recurso permanezca en el subsuelo, pues su explotación tardía podría generar diferencias económicas adversas asociadas al valor del dinero en el tiempo, a las condiciones del mercado o a la pérdida de oportunidades de comercialización” (pg 20).

Sugerir borrar la palabra campesino va más allá de un descache político Cambiar la palabra “campesinos” no es una decisi...
09/09/2026

Sugerir borrar la palabra campesino va más allá de un descache político

Cambiar la palabra “campesinos” no es una decisión de estilo: detrás de las palabras también se disputa el reconocimiento de una identidad, una historia de lucha y unos derechos conquistados.

Una comunicación informal circuló entre funcionarios del gobierno de Abelardo de la Espriella con una instrucción muy breve: evitar el uso recurrente de la palabra campesinos en las comunicaciones oficiales. El mensaje, revelado por La Silla Vacía, fue enviado por WhatsApp a contratistas de la Agencia Nacional de Tierras y recomendaba usar, en su lugar, expresiones como “productores rurales”. También planteaba evitar el término “reforma agraria” y reemplazarlo por fórmulas como “acceso a tierras” o “formalización”.

No llegó como decreto, ley o resolución firmada. Fue uno de esos mensajes que circulan dentro de la administración pública y que, por su carácter informal, rara vez dejan trazabilidad. Sin embargo, este tipo de orientaciones termina moldeando el lenguaje con el que el Estado nombra —o deja de nombrar— a millones de personas y entra en tensión con los avances alcanzados en el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, consagrado en el Acto Legislativo 01 de 2023.

Lo que podría parecer una simple decisión de estilo tiene implicaciones profundamente políticas: si desaparece el nombre, también puede debilitarse el reconocimiento de una historia, unas demandas colectivas y unos derechos específicos.

La instrucción ocurre, además, en un contexto de centralización de la comunicación gubernamental. Una Directiva Presidencial estableció que ministros, directores y otros altos funcionarios deben consultar y coordinar con la Secretaría de Comunicaciones y Prensa de Presidencia antes de dar entrevistas, declaraciones o participar en medios. El Gobierno presenta la medida como un mecanismo para mantener información coherente y verificada; en la práctica, sin embargo, concentra en Presidencia un mayor control sobre el relato institucional.

En ese escenario, dejar de nombrar al campesinado no es un detalle menor. El campesinado colombiano no es una categoría cualquiera ni una palabra que pueda intercambiarse sin consecuencias por “pequeños empresarios del campo” o “productores rurales”. Nombra a un sujeto social cuya historia está ligada a la tierra, la producción de alimentos, el trabajo familiar, las economías locales, la organización comunitaria y la defensa del territorio. Pero también a una población históricamente atravesada por el despojo, la concentración de la tierra, el abandono estatal y la violencia armada.

Aún así , en 2023 después de décadas de luchas de organizaciones agrarias y campesinas, el Congreso aprobó el Acto Legislativo 01, que modificó el artículo 64 de la Constitución y reconoció expresamente al campesinado como sujeto de derechos y de especial protección constitucional. No fue solamente un cambio de palabras en la Carta Política: significó reconocer una identidad colectiva y establecer responsabilidades específicas del Estado frente a una población históricamente marginada.

Algo similar ocurre con la pretensión de reemplazar la expresión “reforma agraria” por términos como “acceso a tierras” o “formalización”. Para organizaciones campesinas como el Coordinador Nacional Agrario (CNA), la reforma agraria no se reduce a entregar o titular predios. Su propuesta de Reforma Agraria Integral y Popular (RAIP) plantea transformaciones estructurales que pasan por democratizar la tierra y el territorio, reconocer al campesinado como sujeto de derechos, fortalecer los Territorios Campesinos Agroalimentarios, impulsar la soberanía alimentaria y la agroecología, garantizar bienes colectivos como salud, educación, vivienda y vías, y construir formas públicas, cooperativas y comunitarias para la producción y comercialización. Reducir esa discusión a “acceso” o “formalización” no solo modifica las palabras: también puede vaciar de contenido una reivindicación histórica que cuestiona la concentración de la tierra y propone transformar las relaciones económicas, sociales y políticas que determinan la vida en el campo colombiano.

Ahora, el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, defendió públicamente la decisión de sustituir la palabra “campesino” por “pequeños empresarios del campo”, al considerar que el primer término es despectivo y que la nueva denominación busca elevar su estatus. Pero la dignificación no pasa por borrar el nombre que el propio campesinado ha construido y defendido durante décadas como identidad social y política. Mucho menos por sustituirlo, desde las instituciones, por una categoría asociada principalmente a su función económica.

Porque un campesino no es solamente un productor. La palabra también habla de una relación con la tierra y el territorio, de formas de organización, de prácticas culturales, de comunidades y, sobre todo, de luchas históricas que consiguieron convertir ese nombre en una categoría reconocida por la propia Constitución.

En Arauca, Boyacá, Casanare, Cundinamarca, el Catatumbo y muchas otras regiones del país, las organizaciones campesinas continúan enfrentando la disputa armada, la precariedad económica, la concentración de la tierra y el abandono institucional. Reconocerlas exige mucho más que mencionarlas en un comunicado, pero comienza por no borrar el nombre con el que han construido sus luchas y conquistado derechos.

Silenciar la palabra campesino no hace desaparecer esa historia. Lo que sí puede hacer es despojar de contenido político una identidad que tardó décadas en ser reconocida por el Estado.

La paz no puede ser regodiarce en la muerte, el espectáculo no debería ser política de estado. La patria no se construye...
04/09/2026

La paz no puede ser regodiarce en la muerte, el espectáculo no debería ser política de estado. La patria no se construye sobre cadáveres.

02/09/2026

Acto Departamental de Posesión de los Presidentes de las ASOJUNTAS de Arauca | Periodo 2026–2030

En Arauca se llevó a cabo el Acto Departamental de Posesión de los presidentes de las ASOJUNTAS para el periodo 2026–2030, un espacio de reconocimiento al trabajo, la dedicación y el compromiso de quienes ejercen el liderazgo comunal en los diferentes territorios del departamento.

Las Juntas de Acción Comunal cumplen un papel fundamental en la construcción y transformación de las comunidades. Desde los barrios, veredas y centros poblados, sus líderes trabajan día a día por la defensa de los derechos, la gestión de proyectos, la solución de las necesidades colectivas y el fortalecimiento de la organización y la participación comunitaria.

La posesión de estos nuevos representantes representa también la renovación de un compromiso con sus comunidades para los próximos cuatro años: continuar gestionando, escuchando las necesidades de sus territorios y promoviendo escenarios de participación, diálogo y construcción colectiva que permitan avanzar hacia mejores condiciones de vida para las comunidades araucanas.

El acto contó con el acompañamiento del secretario de Gobierno, Santiago Díaz Riay; el asesor de Paz de la Gobernación, Ismael Jaimes; la Defensoría del Pueblo; la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA (MAPP-OEA).

A quienes hoy asumen esta responsabilidad, les corresponde el reto de seguir fortaleciendo el movimiento comunal y mantener viva la vocación de servicio que caracteriza a quienes trabajan por el bienestar y el futuro de sus comunidades.

El opaco panorama financiero del gobiernoEl Presupuesto de 2027 pone a prueba el discurso de austeridad del nuevo gobier...
31/08/2026

El opaco panorama financiero del gobierno

El Presupuesto de 2027 pone a prueba el discurso de austeridad del nuevo gobierno: más gasto, mayor endeudamiento y un servicio de la deuda que se lleva una cuarta parte de los recursos públicos, mientras la inversión social pierde terreno.

“Voy incrementar la austeridad fiscal, a respetar la regla fiscal, y no habrá reforma tributaria que eleve impuestos” son tres afirmaciones repetidas hasta la saciedad por De la Espriella a fin de nombrarse gobernante. Y todas ellas han sido puestas en tela de juicio por el peso de la realidad, dado que la nueva propuesta de Presupuesto Nacional para 2027 contiene un aumento de cerca de 60 billones de pesos respecto del que presentó el gobierno saliente, con una adición de 80 billones respecto del año anterior. Y lo más impresionante es que el faltante de 238,6 billones en el lado de los ingresos sólo puede ser cubierto mediante aumento de la deuda, toda una fiesta para los capitalistas banqueros, quienes recibirán su “chequecito” anual, pero esta vez incrementado.

El punto central de las contradicciones financieras, en que se mueven De la Espriella y su equipo de gobierno, estriba en el difícil reto que implica querer enviarles más dinero del Estado a los capitalistas y a la vez reducirles los impuestos, sobre la supuesta base de achicar el tamaño del Estado en hasta un 40%. El recorte del gasto anual es difícil porque su ordenamiento responde a normas constitucionales, leyes estatutarias y orgánicas que se traducen en una rigidez en la ejecución del gasto de hasta del 93%. De allí que desde el gobierno de C. Gaviria (1990) se haya fracasado sistemáticamente en ese propósito, por lo que el presupuesto nacional respecto del PIB pasó del 12% y llegó a cerca de un 28%.

Por eso, ante el peso de la realidad y a fin de aparentar que no se está desnudo frente a la realidad de las cuentas fiscales, resulta socorrido el “principio gebeliano” de mentir; mentir una y otra vez hasta que la mentira sea asimilada como la VERDAD, y para ello nada mejor que gobernar con el espejo retrovisor e inculpar al gobierno anterior, en el objetivo de ocultar que dificultades se vienen acumulando y desplazando desde hace bastante tiempo.

Cuadro No 1. Resumen de la propuesta de Presupuesto Nacional 2027
T. Ingresos 635 (1+2)
Ingresos 392.4 (1 = 3+4)
Impuestos 321.4 (3)
Rentas de propiedad 71 (4)
Nec. De financiamiento 242.6 (2 = 5 + 6))
Otros ingresos 62 (5)
Deuda nueva 180.6 (6)
T. Gastos 635 (7 + 8 + 9)
Funcionamiento 392.6 (7)
Inversión 87 (8)
Servicio de la deuda 155.4 (9 = 10 + 11)
Pago intereses 94 (10)
Amortizaciones 60 (11)
Cifras en billones de pesos


El cuadro uno reordena la información del total de ingresos y gastos a fin de destacar algunos elementos asociados al déficit y su financiamiento.

Los ingresos por impuestos apenas cubren la mitad del presupuesto anual, y aún con esto el gobierno pretende reducirles los impuestos a las grandes empresas. Hay que tener presente que la presión tributaria sobre el PIB en Colombia apenas es cercana al 20%, cuando en Argentina es del 28%, en Brasil del 34% y Francia de 43%. Por esa razón, la mayor parte del faltante se debe cubrir con deuda, y en ese contexto resulta muy rentable para el sector bancario la propaganda mediante la cual se vende como verdad absoluta que las empresas “ya no pueden con más impuestos”.

El peso del servicio de la deuda (intereses más amortizaciones) en el presupuesto anual ya era enorme en 2026, llegando a los 100 billones. Sin embargo, ese rubro, en la nueva propuesta para 2027 salta hasta los 155.4 billones; de los cuales 94 son sólo para el pago de intereses. Es decir, el 25% del gasto público se iría en manejo de la deuda. Con la mitad de ese pago se cubriría en forma sobrada las necesidades que dejó el terremoto del pasado diez de agosto. Y ante esa cifra las supuestas donaciones del sector bancario son una mera broma.

Pero, además, el faltante de recursos propios indica que se requerirá un endeudamiento nuevo de 180 billones, los que deberán contratarse en una circunstancia de altísimas tasas de interés, cuya nueva presión incluso podría mover aún más al alza. Téngase en cuenta que el Banco de la República ha empujado la tasa de interés de referencia del 9,25 al 12% en el último periodo; condición a la que se suma la desconfianza sobre la deuda del gobierno, creada por la nota baja que le han impuesto las “calificadoras” internacionales, razón por la cual debe pagar un sobrecosto (spread) que ronda el 3%. Así que, por lo bajo, se puede suponer un sobrecosto del 4% anual, que aplicado a la nueva deuda anual de 180 billones daría un sobregasto de 7,2 billones, de los cuales el 81% se queda en manos de los grandes bancos colombianos, implicando un incremento de 5,8 billones en el chequecito anual que les traslada el gobierno.

En consecuencia, el gasto de inversión queda por debajo de lo que se paga en intereses, resultado que limita el papel del Estado para cumplir con las crecientes necesidades de inversión social en salud, educación o vivienda, razón por la cual el monto del Gasto Social decrece en términos reales, pues el rubro monetario solo crece en 5,6%, esto es menos que la inflación esperada[1].

Es importante tener presente que, a nivel agregado, en una sociedad todo el valor nuevo –fruto de los trabajadores directos- se distribuye entre salarios, ganancias y rentas (financieras, de la tierra, espacio construido y demás). Sobre esa macro-distribución primaria –regida por la propiedad de los medios de producción- actúa la redistribución del Estado, tomando recursos de algunos sectores -por la vía de los impuestos-, y esa masa la traslada a otras partes -mediante su gasto-. El cruce entre pagos y subsidios debe permitir identificar el grado de progresividad del gasto público. Sin embargo, la presentación del Presupuesto Nacional y sus cuentas específicas se presentan en forma opaca, evitando transparentar qué sectores serán los grandes beneficiados.

De acuerdo con la Propuesta, los rubros que se incrementan muy por encima de la inflación serían: trabajo (17,8%), al incluir mayores recursos para pensiones; Justicia (14%); defensa nacional, que pasa de 46,2 a 53,7 billones (16,1%), cuyo gran receptor es Defensa, que recibe un fuerte incremento de 5 billones. A ellos se agregan dos rubros totalmente opacos: Hacienda (35,1%), e Inclusión Social y Reconciliación, que pasa de 12,7 a 25 billones, es decir se duplica. En particular el nuevo proyecto incluye mayores partidas para salud, que se materializará en más recursos para el capital privado anclado en las EPS. Mientras, enfrentarán recortes sectores como ambiente y agricultura, sector último que es de los que más pierde, pues no sólo se le quita al Ministerio de Agricultura, sino que además la Agencia Nacional de Tierras-ANT queda desfinanciada, al caer sus ingresos de un billón a sólo 0,3 billones, con lo cual se matan los precarios esfuerzos de Reforma Agraria.

Y, como si fuese poco, a la opacidad de las cifras se suma un ambiente especulativo y de show, que le viene imprimiendo el gobierno. Esto porque procede como el falso vendedor de ganga, que un día eleva el precio, para al siguiente bajarlo al nivel anterior, pero haciéndolo pasar falsamente como un gran descuento.

Fue así que, tras subir el total del Presupuesto en 80 billones, al finalizar la tarde del día siguiente de su publicación y en medio de la Convección de los banqueros (Asobancaria), el Ministro afirmó que recortarán en gasto de 2026 en 21,9 billones, sin dar más explicaciones, agregando que en el Consejo de Ministros del día sábado 29 se definiría el cómo. No obstante, no se conoce de resultados o medidas reales al finalizar el día 30 de agosto, con lo cual las medidas se toman a la espaldas de la mayoría, se mantiene la opacidad y en los medios sólo se replica el show propagandístico.

En medio del show, los llamados “centros de pensamiento”, las grandes empresas de noticias, y los partidos de la derecha, con plena normalidad saltaron de su anterior posición en la cual rabiosamente le exigían severos recortes al gobierno anterior, para por milagro pasar a defender el fuerte incremento del nuevo Presupuesto, giro que incluso fue duramente capoteado por los mismos grandes gremios empresariales, repitiendo el coro de que se trataría de un paso hacia la verdad.

Pero las cosas no pararon ahí, porque hasta se usó la contradictoria afirmación de que se trataba de incrementar el gasto, pero siendo austeros (¿?!!). Y para dar forma pública a esa idea, el Ministro de Hacienda, Miguel Gómez, habló de que las transferencias sufren un recorte de 12,9 billones, sin explicitar más. En la medida que las transferencias a departamentos y municipios están definidas por ley, la única posibilidad es que se recorten trasferencias secundarias, las que suplementan las obligaciones de municipios, gobernaciones. Así que habrá que ver esto a futuro, en la medida que el gobierno ha estado afirmando mayores compromisos con ellos, en especial por las demandas que crearon el terremoto y los incendios en Tolima.

Y en tanto que este gobierno de “los milagros” funciona como lo hace el “culebrero”, esto es, afirmando que sus pócimas mágicas lo curan todo, así mismo ha ofrecido la promulgación de una Ley de Financiamiento; iniciativa que se presentaría este mismo mes y que supuestamente no causaría más impuestos, sino sólo recortes de gastos hasta llevar el déficit primario a sólo 2,1% del PIB. Por lo tanto, aún queda por saberse qué sectores de gasto social sufrirán los drásticos recortes a partir de este año, y cuáles sectores capitalistas se beneficiarán de mayores traslados, tal cual lo ya hace el sector bancario.

Así que entre expectativa y show habrá que esperar a ver cómo es que obrarán “las pócimas mágicas de los milagros”.

[1] Cuadro 4.2.23. del documento de Propuesta oficial del Ministerio de Hacienda.

El pasado 28 de agosto se realizó en el municipio de Tame la asamblea del Tecam “Defensores de la Vida y la Agricultura ...
29/08/2026

El pasado 28 de agosto se realizó en el municipio de Tame la asamblea del Tecam “Defensores de la Vida y la Agricultura “🌱

📌El Tecam se rige por una Junta de Gobierno, la cual es elegida en una Asamblea Popular donde participan las y los pobladores de las 10 veredas que conforman el Tecam y sus respectivas Juntas de Acción Comunal, cuya tarea este año ya fue llevada a cabo.

En este periodo, la junta electa debe continuar con la implementación del Plan de Vida y el fortalecimiento de su tejido interno organizativo para su consolidación ✊

30.000 Hectáreas en ceniza: El Tolima arde y nadie lo pagaCon cerca de 30.000 hectáreas consumidas, miles de productores...
27/08/2026

30.000 Hectáreas en ceniza: El Tolima arde y nadie lo paga

Con cerca de 30.000 hectáreas consumidas, miles de productores afectados y graves daños a cultivos, ganado y fauna silvestre, la oleada de incendios en Tolima desborda la capacidad institucional y profundiza una crisis ambiental y humanitaria.

El departamento del Tolima está viviendo una angustiante emergencia ambiental debido a la peor oleada de incendios forestales y rurales, cuya magnitud y daños son sin precedentes en su historia. En lo corrido del mes de agosto, según el balance de gestión del riesgo presentado por la gobernadora Adriana Matiz se han registrado 304 focos de incendios en 30 de los 47 municipios del departamento, registrando hasta 31 incendios de forma simultánea distribuidos en 20 municipios. De los incendios registrados hasta el martes 25 de agosto, se mantienen activas 10 conflagraciones en 6 municipios. Los municipios mas afectados son Coello, San Luis, Guamo, Suarez, Venadillo y Armero Guayabal que presentan constantes nuevos focos y reactivación de incendios que ya se habían controlado.

Hasta el momento, las llamas han consumido cerca de 30.000 hectáreas de cobertura vegetal, en su mayoría áreas de cultivos destinadas a la producción de alimentos y pastos. Según cifras de la secretaria de Desarrollo Agropecuario del Tolima, presentadas en su reporte oficial unificado, el sector agropecuario Tolimense registra pérdidas por más 13.100 toneladas de productos agrícolas totalmente incinerados, alrededor de 8.000 ha de cultivos afectadas y 14.000 ha de pastos quemadas que mantienen sin alimento a 22.000 cabezas de ganado. El cultivo de limón es el mas afectado con 4.000 toneladas reducidas a cenizas, le sigue el maíz con 1.660 toneladas perdidas y 1.442 toneladas de plátano listas para el consumo totalmente calcinadas, además, toneladas de yuca y aguacate.

Los incendios que azotan al departamento no han dejado victimas humanas, pero si cuantiosos daños materiales a bienes y enseres de familias en su mayoría campesinas que impotentes vieron cómo años de trabajo y esfuerzo eran consumidos por el fuego. Lastimosamente, el alcalde del municipio de Ortega, Diego Matiz, confirmo que un ganadero decidió quitarse la vida después de perder cultivos de caña, animales y un trapiche, además, con la preocupación de responder con un crédito bancario. Día tras día el fuego arrasa con bosque seco tropical, con cultivos, con viviendas, con corrales, con animales y con el sustento de campesinos que hoy viven un terrible drama humano evacuando sus fincas y dejando atrás sus hogares.

La emergencia ambiental esta generando una crisis humanitaria, mas 1.100 productores agrícolas se enfrentan a la pérdida total o parcial de sus cosechas, otros 1.296 ganaderos no tienen como alimentar ni calmar la sed de sus animales. Esto representa que 2.400 familias perdieron la forma de sustentarse de la noche a la mañana, quedando con deudas ante los bancos y sin la garantía de un futuro.

La voracidad de los incendios también ha ocasionado la muerte y el desplazamiento masivo de centenares de animales de la fauna silvestre. Especies como armadillos, serpientes, zarigüeyas, venados, aves, zorros, osos hormigueros y puercoespines huyen de las llamas y las altas temperaturas en busca de refugio y agua, algunos gravemente heridos con quemaduras, problemas respiratorios y lesiones oculares. Estas son las victimas silenciosas que solo reciben ayuda de médicos veterinarios voluntarios que han llegado a las zonas por sus propios medios.

Esta emergencia comenzó el 1 de agosto en el municipio de San Luis. El departamento del Tolima lleva todo el mes de agosto con constantes y extensivos incendios, la mayoría de los focos se apagaron cuando las llamas no encontraron nada mas que consumir y se contuvieron al llegar a carreteras, ríos u causando otra conflagración.

La respuesta técnica del estado frente a esta oleada de incendios ha sido IMPROVISADA, INSUFICIENTE Y DESCUIDADA, la mayor responsabilidad la han asumido las administraciones municipales y sus departamentos de bomberos con escaso equipamiento y limitados recursos financieros, también por voluntarios en su mayoría jóvenes de los pueblos, estudiantes de la Universidad del Tolima y miembros de algunas organizaciones sociales defensoras de la vida y el ambiente.

La administración departamental ha tenido un respuesta superficial y mediática, en total sintonía con el gobierno nacional recién posesionado, limitándose a la relatoría de los estragos y amenazando a los posibles responsables con “todo el peso del estado y la ley” mientras los incendios consumen todo a su paso sin encontrar ningún obstáculo y los alcaldes claman por recursos, capacidad técnica y un mayor despliegue por parte de la gobernadora Adriana Matiz, quien ha reconocido que la emergencia ha superado las capacidades de los organismos de emergencia departamentales.

La matriz mediática, generada por el gobierno departamental y nacional, alrededor de los incendios gira en torno a los “manos criminales” asociadas a las disidencias de las FARC y las bandas criminales dedicadas a la minería ilegal que de forma deliberada provocan los incendios. Esta matriz desconoce el trasfondo de la crisis, el fenómeno del niño ha provocado una reducción del 90% de la precipitación en el departamento, ocasionando una fuerte sequía y altas temperaturas, que en combinación con los fuertes vientos se crea una alta probabilidad de incendios.

Por lo pronto, las llamas siguen consumiendo todo a su paso y la emergencia continúa agudizando la crisis humanitaria. Diferentes sectores de la sociedad civil y de la institucionalidad claman al gobierno nacional de asumir con toda la capacidad del estado, seriedad y compromiso la respuesta a esta oleada de incendios en el departamento del Tolima, que según expertos académicos es solo el preludio de lo que va a afrontar el país en los próximos meses.

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