09/01/2026
⚡ Nació como David Robert Jones el 8 de enero de 1947 en Brixton, Londres. Desde joven quedó fascinado por el teatro, el cine, la ciencia ficción y el rock. Y mientras otros buscaban encajar… Bowie decidió desaparecer y reinventarse.
En los 70 creó una de las figuras más influyentes de la historia de la música:
Ziggy Stardust, el mensajero extraterrestre del glam rock. Con él llegaron canciones como Starman, Moonage Daydream y Rock ’n’ Roll Su***de. Bowie convirtió el escenario en un planeta nuevo… y el público, simplemente, lo siguió.
Luego vino Young Americans, el soul blanco… y después, su etapa más oscura: la era de Los Ángeles, excesos, adicción y declaraciones polémicas que años después lamentaría. Bowie tocó fondo… y renació.
Ese renacimiento ocurrió en Berlín, junto a Brian Eno e Iggy Pop. Nacieron álbumes como Low, “Heroes” y Lodger: una trilogía experimental que cambió el rock para siempre. Bowie ya no era Ziggy, ni el Duque Blanco… era un artista que escapaba de cualquier etiqueta.
En los 80 conquistó el mundo masivo con Let’s Dance, China Girl y Modern Love. Además de músico, fue actor en cine y teatro, un ícono de la moda, de la androginia y de la estética futurista. Bowie no seguía tendencias… las creaba.
Sus logros son abrumadores: más de 140 millones de discos vendidos, decenas de discos de platino, influencia directa en el rock, el pop, el punk, el synth, el new wave… y en generaciones enteras de artistas.
Pero Bowie también vivió controversias: Durante los 70 fue criticado por sus declaraciones políticas ambiguas, por su vida sexual públicamente ambigua y por su relación con el consumo extremo de dr**as. Años después reconoció aquellos excesos, se distanció de esa etapa… y siguió adelante.
David Bowie fue muchas personas… y al mismo tiempo, ninguna.
Su despedida fue tan artística como su vida. En 2016, dos días después de su cumpleaños y del lanzamiento de Blackstar, falleció por cáncer en silencio… dejando su último álbum como mensaje final: una obra testamento.