25/02/2026
No se trata de ser rico… se trata de ser sabio.
Porque la verdadera riqueza no está en lo que posees, sino en lo que entiendes, en cómo decides y en a quién honras. La Escritura es clara:
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10).
El dinero puede proteger, pero la sabiduría preserva la vida:
“Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores” (Eclesiastés 7:12).
Por eso la Palabra insiste:
“Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Proverbios 4:7).
¿Te falta sabiduría? No corras detrás del oro, corre a Dios:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche” (Santiago 1:5).
Porque en Cristo está la verdadera fuente:
“…hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento… en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:2–3).
La felicidad no está en acumular, sino en comprender:
“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría… porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino” (Proverbios 3:13–14).
“Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; y adquirir inteligencia vale más que la plata” (Proverbios 16:16).
Y hay una señal clara de quien camina en sabiduría:
“El fruto del justo es árbol de vida; y el que gana almas es sabio” (Proverbios 11:30).
No se trata de cuánto tienes.
Se trata de cuánto temes a Dios.
Se trata de cuánto conoces a Cristo.
Se trata de cuántas almas estás alcanzando.
La verdadera riqueza es la sabiduría que viene del cielo.