25/05/2026
Nuestras montañas y nuestros campesinos trabajan arduamente cada día para que nunca falte un plato de comida en la mesa de los hogares.
Por eso, el campesinado debe ser priorizado en este tipo de obras. Una placa huella no solo conecta caminos; también dignifica la vida rural, fortalece la producción y honra un trabajo que muchas veces permanece invisible.
Los campesinos son:
Productores de alimento, quienes sostienen la seguridad alimentaria de nuestros territorios.
Guardianes de la biodiversidad, protectores silenciosos de la riqueza natural que aún conservamos.
Custodios del agua, porque desde las montañas velan por la conservación y preservación del recurso hídrico, haciendo posible algo tan cotidiano como abrir un grifo en casa.
La responsabilidad no recae únicamente en las comunidades rurales. También corresponde a la administración local, al departamento, a la nación y a las autoridades ambientales asumir un papel activo para cerrar las brechas de desigualdad que históricamente han afectado el campo.
Cuando consumamos un vaso de agua o llevemos alimento a nuestra mesa, alcemos la mirada hacia las montañas. Allí, probablemente, un campesino o campesina —de manera silenciosa y desinteresada— está realizando una labor asociada a la protección del agua y de la vida.
Con respeto, pero también con profunda preocupación, angustia e impotencia frente a los riesgos que enfrentan nuestros territorios, abramos la conciencia colectiva y proyectemos acciones reales ante un riesgo inminente que no podemos seguir ignorando