23/04/2026
𝐍𝐨 𝐬𝐞 𝐜𝐮𝐞𝐬𝐭𝐢𝐨𝐧𝐚, 𝐥𝐨 𝐚𝐩𝐥𝐚𝐮𝐝𝐞𝐧 𝐲 𝐥𝐨 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐧. 𝐉𝐮𝐥𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐆𝐮𝐞𝐫𝐫𝐞𝐫𝐨, 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫.
Lo que está pasando en Valledupar da asco.
Y no por exageración, sino por costumbre, lo que en cualquier sociedad con principios sería motivo de rechazo, aquí se aplaude.
No es liderazgo. Es otra cosa, poder sin rumbo, cómodo en la corrupción.
Juliana Guerrero aparece, según múltiples versiones como una figura de influencia en las sombras del gobierno de Gustavo Petro.
Sin cargo, pero con poder. Moviendo fichas. Acercando aliados. Apartando incómodos.
Las declaraciones de Angie Rodríguez no sorprendieron. Solo confirmaron lo que ya todos sabían.
Es ahí donde está el problema. No es el escándalo, es que ya no escandaliza.
Un gobierno que prometió cambio terminó haciendo lo mismo, intrigas, ambiciones y discursos bonitos que explican poco. Inmerso en escándalo tras escándalo.
Y la pregunta es simple ¿por qué siguen arriba en las encuestas?
Porque esto ya no es político. Es cultural y “Del mismo cuero salen las correas”. El Cesar lo está viendo de cerca. Ape Cuello y Didier Lobo hoy aparecen cerca, casi que con orgullo, juliana es la prueba que el progresismo de Petro se convirtió en eso mismo que criticaba.
La presencia de Juliana Guerrero en el Consejo Superior en La Jagua de Ibirico no fue casual.
Fue poder en acción. Una sesión donde se aprobó una nueva sede de la Universidad Popular del Cesar, pero donde también quedó claro quién está moviendo las decisiones.
Lo que sigue es más delicado, control, influencia y un rector de bolsillo, mientras todo eso pasa, lo más grave no es lo que hacen. Es que ya nadie se sorprende.
Ahí es donde se pierde todo.
Porque cuando un país deja de indignarse, el poder deja de esconders, porque ya no lo necesita