23/05/2026
Editorial: Cuando el portón del colegio se convierte en campo de batalla
Liberia, Guanacaste.
La imagen lo dice todo: una madre señalando con el dedo, una directora con las manos abiertas pidiendo calma, y un estudiante con un corte de cabello que viola el reglamento del colegio, parado en la puerta como si el portón fuera el límite entre su casa y la ley.
Esa escena que circula en redes no es solo un altercado aislado. Es el retrato de un problema que se repite en todo el país: confundimos el amor de madre con la impunidad, y la disciplina con el abuso.
El colegio no es la casa
En casa, los padres deciden si un hijo se corta el pelo en forma de rayos, en mohicano o rapado. En el colegio, la decisión la toma el reglamento que todos firmaron al matricular.
Si usted no está de acuerdo con esa norma, tiene todo el derecho de buscar otro centro educativo. Lo que no tiene derecho es a exigir que el colegio cambie sus reglas porque “yo autoricé”. Eso no es defender a su hijo, es enseñarle que las normas se rompen si grita lo suficiente.
La disciplina no es estética, es formación
Podemos discutir si un corte de pelo afecta el aprendizaje. Pero no podemos negar que la disciplina forma hábitos. El estudiante que aprende a respetar un código de vestimenta, mañana va a respetar un código de trabajo. El que aprende que puede saltarse la norma con el respaldo de sus papás, mañana va a pensar que puede saltarse la ley.
No se trata del pelo. Se trata del mensaje: aquí las reglas se respetan o no hay convivencia.
La autoridad no se negocia en la acera
Discutir con una directora en la entrada, frente a otros estudiantes, es destruir la autoridad que sostiene el orden escolar. Si una madre entra gritando y logra que el hijo entre igual, ¿qué aprenden los otros 40 estudiantes que sí cumplieron el reglamento?
Aprenden que el que grita más, gana. Y así no se forma un ciudadano, se forma un ventajista.
Hay un límite para todo
Esto no significa que los colegios tengan carta blanca para imponer normas absurdas. Si el reglamento prohíbe un corte por higiene, seguridad o identificación, es válido. Si lo prohíbe “porque siempre se ha hecho así”, entonces la norma debe revisarse.
Pero esa revisión se hace en una reunión, con argumentos, no con un escándalo en la puerta.
Conclusión:
El derecho a la educación no significa el derecho a entrar como quiera. Significa el derecho a estudiar en un ambiente ordenado donde todos respeten las mismas reglas.
Esa madre cree que está defendiendo a su hijo. En realidad le está enseñando que él está por encima del colectivo. Y ese es el peor peinado que le puede dejar para la vida.
La disciplina duele, incomoda, y a veces parece injusta. Pero sin ella, no hay escuela. Solo hay desorden con uniforme.
Cortesía Multizonas Televisión