26/04/2026
José María Figueres Olsen no es un personaje menor en la historia reciente de Costa Rica. Su trayectoria política, marcada por decisiones estratégicas y una visión clara de modernización, lo posiciona como una de las figuras más influyentes —y también más debatidas— del país.
Desde sus primeros pasos en la función pública, bajo la administración de Óscar Arias Sánchez, Figueres asumió retos complejos. Como interventor del Instituto Costarricense de Ferrocarriles, enfrentó el deterioro de un sistema ferroviario que ya mostraba signos de abandono estructural. Más adelante, desde el comercio exterior y el sector agropecuario, impulsó una visión de apertura económica y modernización productiva que rompía con esquemas tradicionales.
Pero fue en la Presidencia de la República (1994-1998) donde su huella se volvió más profunda. Su gobierno apostó por un modelo de desarrollo que hoy sigue definiendo al país: sostenibilidad ambiental, atracción de inversión extranjera y una economía basada en el conocimiento. En ese periodo, Costa Rica comenzó a consolidarse como un destino atractivo para empresas tecnológicas y como un referente global en políticas ambientales.
Sin embargo, sería ingenuo presentar su legado sin matices. La figura de Figueres Olsen también ha estado rodeada de cuestionamientos y controversias que han marcado la percepción pública. Esto no solo ha polarizado opiniones, sino que ha abierto un debate necesario sobre la transparencia, la ética y la rendición de cuentas en el ejercicio del poder.
Hoy, más que nunca, Costa Rica necesita analizar su historia reciente con objetividad. Reconocer los aportes de líderes como Figueres no implica ignorar sus sombras; por el contrario, exige una ciudadanía crítica, informada y capaz de entender que el desarrollo de una nación no es obra de figuras perfectas, sino de procesos complejos, decisiones difíciles y, muchas veces, contradicciones.
El verdadero desafío no es idealizar ni condenar, sino aprender. Porque solo a partir de ese ejercicio honesto se puede construir un futuro más sólido, donde el liderazgo político esté a la altura de las exigencias de un país que no deja de evolucionar.